S?bado, 25 de junio de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? ayer lunes a un grupo de obispos procedentes de la India, a quienes recibi? con motivo de su visita ad Limina Apostolorum.

Queridos hermanos obispos,

os ofrezco una c?lida bienvenida en la ocasi?n de vuestra visita ad Limina Apostolorum, un momento particular de gracia y un signo de la comuni?n que existe entre la Iglesia en India y la Sede de Pedro. Deseo agradecer al arzobispo Maria Callist Soosa Pakiam, por los devotos sentimientos y la promesa de oraciones que ha realizado en vuestro nombre y en el de todos aquellos a los que serv?s. Por favor, llevad mi afectuosos saludos a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y a los laicos que se conf?an a vuestro pastoral cuidado.

El Concilio Vaticano II nos recuerda que, entre las responsabilidades m?s importantes de los obispos, la proclamaci?n del Evangelio prevalece (cf. Lumen Gentium, 25). Para la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, proclamar la palabra de Dios que act?a en el coraz?n de los creyentes (cf. 1Tes 2,13), y crece constantemente con la escucha, la celebraci?n y el estudio de esta palabra (cf. Verbum Domini, 3). Es una fuente de satisfacci?n que la proclamaci?n de la Palabra de Dios produzca un rico fruto espiritual en vuestras Iglesias locales, especialmente en la diseminaci?n de peque?as comunidades cristianas en los que los fieles se re?nen para rezar, meditar las Escrituras y apoyarse fraternalmente. Os animo, a trav?s de vuestros sacerdotes y con la ayuda de l?deres laicos cualificados, a segurar que la plenitud de la Palabra de Dios que nos llega a trav?s de las Sagradas Escrituras y la tradici?n apost?lica de la Iglesia, se ponga en disposici?n de aquellos que buscan profundizar su conocimiento y amor al Se?or y la obediencia a su voluntad. Cada esfuerzo debe hacer hincapi? en que cada individuo o grupo de oraci?n, por su misma naturaleza, nace y vuelve a la fuente de la gracia que se encuentra en los sacramentos de la Iglesia y en su vida lit?rgica entera. Ni se puede olvidar que la Palabra de Dios, no s?lo consuela sino que tambi?n cambia a los creyentes, individualmente y en comunidad, para avanzar en la justicia, reconciliaci?n y la paz entre ellos mismos y la totalidad de la sociedad. A trav?s de vuestro personal est?mulo y supervisi?n, que las semillas de la Palabra de Dios que se siembran actualmente en vuestras iglesias locales den fruto abundante para la salvaci?n de las almas y el crecimiento del Reino de Dios.

En la fidelidad al nuevo mandamiento de amar al pr?jimo como el Se?or nos am? a nosotros (cf. Jn 13,34), los cristianos de todas las ?pocas y lugares, se han esforzado en servir a sus semejantes y desinteresadamente amarlos con todo su coraz?n. Despu?s de todo, el amor es el don de Dios para la humanidad, es su promesa y nuestra esperanza (cf. Caritas en Veritate, 2). Este amor desinteresado encuentra su expresi?n pr?ctica en el servicio a,los dem?s y a la comunidad en general. En esta perspectiva, estoy encantado de destacar los impresionantes signos de la caridad de la Iglesia en muchos ?mbitos o actividades sociales, un servicio que est? a cargo de sus sacerdotes y religiosos. A trav?s de su testimonio de caridad cristiana, las escuelas de la Iglesia preparan a la gente joven de todas las confesiones y de ninguna, para construir una sociedad m?s justa y pac?fica.

Las agencias de la Iglesia han sido el medio para la promoci?n de microcr?ditos, ayudando a los pobres a ayudarse a s? mismos. Adem?s, promueven la misi?n de la Iglesia en el ?mbito de la salud y la misi?n caritativa, a trav?s de cl?nicas, orfanatos, hospitales e innumerables proyectos cuyo objetivo es la promoci?n de la dignidad humana y del bienestar, asistiendo a los m?s pobres y a los m?s d?biles, a los marginados y a los mayores, los abandonados y los sufrientes, ayud?ndolos a todos, porque la dignidad es inherente al ser humanos, y no por un motivo distinto al del amor de Cristo que nos empuja (cf. 2Cor. 5,14). Os animo a perseverar en este testimonio positivo y pr?ctico, fieles al mandamiento del Se?or y por el bien de nuestros hermanos y hermanas m?s peque?os. Que los fieles a Cristo de India sigan asistiendo a aquellos que est?n en necesidad de las comunidades que los rodean, sin distinci?n de raza, etnia, religi?n o status social, y con la convicci?n de que hemos sido creados a la imagen de Dios y que todos merecemos el mismo respeto.

Como don del ?amor incondicional? de Dios que da un sentido m?s profundo a nuestras vidas (cf. Spe Salvi, 26), la caridad es el primero que experimentamos en la familia. El S?nodo reciente sobre la Palabra de Dios, nos recuerda que la Iglesia, por su proclamaci?n del Evangelio, revela a las familias cristianas su verdadera identidad de acuerdo con el plan de Dios (cf. Verbum Domini, 85). Familias en vuestras di?cesis, que son ?iglesias dom?sticas?, son ejemplos del amor mutuo, respeto y apoyo que debe animar las relaciones humanas en todos sus niveles. En la medida en que estos no descuiden la oraci?n, mediten las Escrituras, y participen plenamente en la vida sacramental de la Iglesia, ayudar?n a alimentar este ?amor incondicional? entre ellos y en la vida de sus parroquias, y ser?n fuente de una gran bien para la comunidad en general. Muchos de vosotros de los que hab?is hablado hab?is mencionado los grandes retos que amenazan con minar la unidad, la armon?a y la santidad de la familia, y el trabajo que debe hacerse para construir una cultura de respeto al matrimonio y a la vida familiar. Una catequesis profunda que invite, especialmente a aquellos que se preparan para el matrimonio, alimentar? en gran medida la fe de las familias cristianas y los asistir? para que puedan dar un testimonio vivo y vibrante de la sabidur?a ancestral de la Iglesia con respecto al matrimonio, la familia y el uso responsable del don de Dios que es la sexualidad.

Con estos pensamientos, queridos hermanos obispos, os encomiendo a todos a la intercesi?n de Mar?a, Madre de la Iglesia, y de los Santos Ap?stoles Pedro y Pablo. Asegur?ndoos mis cont?nuas oraciones por vosotros y por los que se os han confiado en vuestro cuidado pastoral, os imparto mi Bendici?n Apost?lica como prenda de gracia y de paz en el Se?or Resucitado.

[Traducci?n del original en ingl?s por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 0:46  | Habla el Papa
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