Viernes, 01 de julio de 2011

(ZENIT.org) ?Se est? celebrando el ?a?o Europeo del voluntariado? y este es un fen?meno que interpela a la praxis de la fe cristiana. De hecho surgen muchos interrogantes tales como: ?Qu? hay de inspiraci?n cristiana en esta ?cultura del voluntariado?? ?Es suficiente para cumplir el mandato del Jes?s de predicar el Evangelio con la simple participaci?n en el voluntariado social? ?Es lo mismo solidaridad y caridad cristiana?

El voluntariado, como expresi?n concreta de la solidaridad, es una de las actitudes mejor valoradas en la sociedad actual. Sus objetivos se pueden concretar en el altruismo, la ayuda mutua, la participaci?n civil. Sin embargo, con frecuencia no quedan bien definidos ni el t?rmino, ni el concepto; es m?s, ni siquiera la libertad y gratuidad que le son inherentes. A veces se confunden las motivaciones y las convicciones, se mezclan prestaci?n de servicios con entrega personal, ejercicio del altruismo con responsabilidad social. Los sectores a los que el voluntariado se extiende son muy variados y amplios, como pueden ser: el asistencial, sanitario, cultural y educativo, la promoci?n y capacitaci?n laboral, la integraci?n social y acogida a emigrantes, la ayuda al Tercer Mundo y otros. El Beato Juan Pablo II se refiri? en diversas ocasiones al tema, en una de ellas dec?a: ?me parece que el siglo que comienza deber? ser el de la solidaridad. Hoy lo sabemos mejor que ayer: no estaremos felices y en paz los unos sin los otros, y a?n menos, los unos contra los otros. La operaciones humanitarias con ocasiones de conflictos o de cat?strofes naturales recientes han suscitado loables iniciativas de voluntariado que revelan un fuerte sentido de altruismo, especialmente en las j?venes generaciones? (10.1.2000).

Ahora bien, quienes han estudiado m?s de cerca toda esta problem?tica del voluntariado en la actualidad,? creen detectar un cierto paracaidismo social que se manifiesta en un quedarse solamente en un asistencialismo paternalista, en una especie de lavado r?pido de la propia conciencia o incluso de frustraciones personales, en un discurso acerca de la cultura solidaria, que tendr?a m?s de ideol?gica que de solidaria. Asimismo se habr?a cedido a la tentaci?n de anestesiar mediante alguna contribuci?n voluntarista la responsabilidad moral que brota de la injusticia. Nunca se deber?a? olvidar que las relaciones entre los seres humanos deben estar regidas por la justicia. La solidaridad nunca sustituye a la justicia.

En el caso del voluntariado cristiano es importante la delimitaci?n de su propia identidad, sin minusvalorar otras formas o motivaciones para el voluntariado social. El voluntario cristiano ha de tener muy claro que su compromiso nace del acto? mismo de fe en Dios revelado en Cristo, por el cual el hermano se convierte en el ?rostro? del mismo Jes?s. Por esta raz?n, el voluntariado cristiano tiene una fundamentaci?n distinta y diversa al voluntariado simplemente humanista. La m?stica que impulsa a la acci?n en favor del necesitado dimana de la vida y mensaje de Jesucristo, servidor de los enfermos y los pobres. Y as?, esta acci?n ha de ser concebida como un verdadero ministerio de caridad fraterna, que lo aleja de cualquier inter?s o b?squeda de gratificaciones indirectas, personales o profesionales. Para el cat?lico, participar como voluntario en una acci?n social? supone? dar respuesta a una llamada que brota del mismo Evangelio.

?Por tanto, para un cristiano resulta impensable separar la solidaridad del mensaje de las Bienaventuranzas. Si nos sentimos unidos a los dem?s (es decir, si somos solidarios) no es s?lo por una simple raz?n de pertenencia a la comunidad humana, sino por el imperativo del mandamiento del amor mediante el cual se distingue a los disc?pulos de Cristo: ?amaos los unos a los otros, como yo os he amado. Nadie tiene amor m?s grande que quien da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hac?is lo que yo os mando? (Jn 15,12-13). No hay un Dios m?s solidario que Aquel que se encarn?, muri? y resucit? por la humanidad y por cada uno de nosotros. El perfil de esa entrega total y solidaria se llama caridad: que es ?alma de la Iglesia?, como tambi?n ?principio y fin del ser y obrar de? todo? cristiano.

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*Monse?or Juan del R?o Mart?n es el arzobispo castrense de Espa?a


Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Hablan los obispos
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