Lunes, 04 de julio de 2011

ZENIT? nos ofrece la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci? el domingo 12 de Junio de 2011, Solemnidad de Pentecost?s, durante la celebraci?n en la Bas?lica de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

Celebramos hoy la gran solemnidad de Pentecost?s. Si, en un cierto sentido, todas las solemnidades lit?rgicas de la Iglesia son grandes, esta de Pentecost?s lo es de una forma singular, porque marca, llegado al quincuag?simo d?a, el cumplimiento del acontecimiento de la Pascua, de la muerte y resurrecci?n del Se?or Jes?s a trav?s del don del Esp?ritu del Resucitado. La Iglesia nos ha preparado en los d?as pasados para Pentecost?s con su oraci?n, con la invocaci?n repetida e intensa a Dios para obtener una renovada efusi?n del Esp?ritu Santo sobre nosotros. La Iglesia ha revivido as? lo que sucedi? en sus or?genes, cuando los Ap?stoles, reunidos en el Cen?culo de Jerusal?n, ??ntimamente unidos, se dedicaban a la oraci?n, en compa??a de algunas mujeres, de Mar?a, la madre de Jes?s, y de sus hermanos? (Hch 1,14). Estaban reunidos en humilde y confiada espera de que se cumpliese la promesa del Padre comunicada a ellos por Jes?s: ?Ser?is bautizados en el Esp?ritu Santo, dentro de pocos d?as... recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo que descender? sobre vosotros?. (Hch 1,5.8).

En la liturgia de Pentecost?s, en la narraci?n de los Hechos de los Ap?stoles sobre el nacimiento de la Iglesia (cfr Hch 2,1-11), corresponde el salmo 103 que hemos escuchado: una alabanza de toda la creaci?n, que exalta al Esp?ritu Creador que hizo todo con sabidur?a: ??Qu? variadas son tus obras, Se?or! ?Todo lo hiciste con sabidur?a, la tierra est? llena de tus criaturas! ? ?Gloria al Se?or para siempre, al?grese el Se?or por sus obras!? (Sal?103,24.31). Lo que quiere decirnos la Iglesia es esto: el Esp?ritu creador de todas las cosas, y el Esp?ritu Santo que Cristo hizo descender desde el Padre sobre la comunidad de los disc?pulos, son uno y el mismo: creaci?n y redenci?n se pertenecen mutuamente y constituyen, en el fondo, un ?nico misterio de amor y de salvaci?n. El Esp?ritu Santo es ante todo Esp?ritu Creador y por tanto Pentecost?s es la fiesta de la creaci?n. Para nosotros los cristianos, el mundo es fruto de un acto de amor de Dios, que hizo todas las cosas y del que ?l se alegra por que es ?algo bueno?, ?algo muy bueno?, como nos recuerda el relato de la Creaci?n (cfr Gen 1,1-31). Por ello Dios no es el absolutamente Otro, innombrable y oscuro. Dios se revela y tiene un rostro. Dios es raz?n, Dios es voluntad, Dios es amor, Dios es belleza. La fe en el Esp?ritu Creador y la fe en el Esp?ritu que Cristo Resucitado dio a los Ap?stoles y nos da a cada uno de nosotros, est?n entonces inseparablemente unidas.

La segunda Lectura y el Evangelio de hoy nos muestran esta conexi?n. El Esp?ritu Santo es Aquel que nos hace reconocer en Cristo al Se?or, y nos hace pronunciar la profesi?n de fe de la Iglesia: "Jes?s es el Se?or" (cfr 1 Cor 12,3b). Se?or es el t?tulo atribuido a Dios en el Antiguo Testamento, t?tulo que en la lectura b?blica tomaba el lugar de su nombre impronunciable. El Credo de la Iglesia no es otra cosa que el desarrollo de lo que se dice con esta simple afirmaci?n: ?Jes?s es Se?or?. De esta profesi?n de fe, san Pablo nos dice que se trata precisamente de la palabra y de la obra del Esp?ritu Santo. Si queremos estar en el Esp?ritu, debemos adherirnos a este Credo. Haci?ndolo nuestro, acept?ndolo como nuestra palabra, accedemos a la obra del Esp?ritu Santo. La expresi?n ?Jes?s es Se?or? se puede leer en los dos sentidos: Jes?s es Dios, y, al mismo tiempo, Dios es Jes?s. El Esp?ritu Santo ilumina esta reciprocidad: Jes?s tiene dignidad divina, y Dios tiene el rostro humano de Jes?s. Dios se muestra en Jes?s, y con ello nos da la verdad de nosotros mismos. Dejarse iluminar profundamente por esta palabra es el acontecimiento de Pentecost?s: del desorden de Babel, de esas voces que resuenan una contra otra, tiene lugar una transformaci?n radical: la multiplicidad se hace unidad multiforme, del poder unificador de la Verdad crece la comprensi?n. En el Credo que nos une desde todos los extremos de la tierra, que, mediante el Esp?ritu Santo, hace de forma que nos comprendamos a?n en la diversidad de las lenguas, a trav?s de la fe, la esperanza y el amor, se forma la nueva comunidad de la Iglesia de Dios.

El pasaje evang?lico nos ofrece despu?s una imagen maravillosa para aclarar la conexi?n entre Jes?s, el Esp?ritu Santo y el Padre: el Esp?ritu Santo es representado como el soplo de Jes?s resucitado (cfr Jn 20,22). El evangelista Juan retoma aqu? una imagen del relato de la creaci?n, all? donde se dice que Dios sopl? en la nariz del hombre un aliento de vida (cfr Gen 2,7). El soplo de Dios es vida. Ahora, el Se?or sopla en nuestra alma un nuevo aliento de vida, el Esp?ritu Santo, su m?s ?ntima esencia, y de este modo nos acoge en la familia de Dios. Con el Bautismo y la Confirmaci?n se nos hace este don de modo espec?fico, y con los sacramentos de la Eucarist?a y de la Penitencia se repite continuamente: el Se?or sopla en nuestra alma un aliento de vida. Todos los Sacramentos, cada uno a su propia manera, comunican al hombre la vida divina, gracias al Esp?ritu Santo que opera en ellos.

En la liturgia de hoy captamos a?n una conexi?n ulterior. El Esp?ritu Santo es Creador, es la mismo tiempo Esp?ritu de Jesucristo, pero de modo que el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo son un solo y ?nico Dios. Y a la luz de la primera Lectura podemos a?adir. El Esp?ritu Santo anima a la Iglesia. ?sta no procede de la voluntad humana, de la reflexi?n, de la habilidad del hombre y de su capacidad organizativa, ya que si fuese as? ya se habr?a extinguido desde hac?a tiempo, como sucede con todo lo humano, Esta en cambio es el Cuerpo de Cristo, animado por el Esp?ritu Santo. Las im?genes del viento y del fuego, usadas por san Lucas para representar la venida del Esp?ritu Santo (cfr Hch 2,2-3), recuerdan el Sina?, donde Dios se hab?a revelado al pueblo de Israel y le hab?a concedido su alianza; "la monta?a del Sina? estaba cubierta de humo ? se lee en el libro del ?xodo ?, porque el Se?or hab?a bajado a ella en el fuego" (19,18). De hecho Israel festej? el quincuag?simo d?a despu?s de la Pascua, despu?s de la conmemoraci?n de la fuga de Egipto, como la fiesta del Sina?, la fiesta del Pacto. Cuando san Lucas habla de lenguas de fuego para representar al Esp?ritu Santo, se recuerda ese antiguo Pacto, establecido sobre la base de la Ley recibida por Israel en el Sina?. As? el acontecimiento de Pentecost?s es representado como un nuevo Sina?, como el don de un nuevo Pacto en el que la alianza con Israel se extiende a todos los pueblos de la tierra, en el que caen todos los muros de la vieja Ley y aparece su coraz?n m?s santo e inmutable, es decir, el amor, que el Esp?ritu Santo comunica y difunde, el amor que lo abraza todo. Al mismo tiempo la Ley se dilata, se abre, a?n haci?ndose m?s sencilla: es el nuevo Pacto, que el Esp?ritu ?escribe? en los corazones de cuantos creen en Cristo. La extensi?n del Pacto a todos los pueblos de la tierra la representa san Lucas a trav?s de un conjunto de poblaciones considerable para aquella ?poca: (Hch 2,9-11). Con esto se nos dice una cosa muy importante: que la Iglesia es cat?lica desde el primer momento, que su universalidad no es fruto de la inclusi?n sucesiva de comunidades diversas. Desde el primer instante, de hecho, el Esp?ritu Santo la cre? como Iglesia de todos los pueblos; ?sta abraza al mundo entero, supera todas las fronteras de raza, clase, naci?n; abate todas las barreras y une a los hombres en la profesi?n del Dios uno y trino. Desde el principio la Iglesia es una, cat?lica y apost?lica: esta es su verdadera naturaleza y como tal debe ser reconocida. Es santa no gracias a la capacidad de sus miembros, sino porque Dios mismo, con su Esp?ritu, la crea, la purifica y la santifica siempre.

Finalmente, el Evangelio de hoy nos entrega esta bell?sima expresi?n: ?Los disc?pulos se llenaron de alegr?a cuando vieron al Se?or? (Jn 20,20). Estas palabras son profundamente humanas. El Amigo perdido est? presente de nuevo, y quien antes estaba turbado se alegra. Pero dicen mucho m?s. Porque el Amigo perdido no viene de un lugar cualquiera, sino de la noche de la muerte; ?y la ha atravesado! No es uno cualquiera, sino que es el Amigo y al mismo tiempo Aquel que es la Verdad y que hace vivir a los hombres; y lo que da no es una alegr?a cualquiera, sino la propia alegr?a, don del Esp?ritu Santo. S?, es hermoso vivir porque soy amado, y es la Verdad la que me ama. Se alegraron los disc?pulos, viendo al Se?or. Hoy, en Pentecost?s, esta expresi?n est? destinada tambi?n a nosotros, porque en la fe podemos verle; en la fe ?l viene entre nosotros, y tambi?n a nosotros nos ense?a las manos y el costado, y nosotros nos alegramos. Por ello queremos rezar: ?Se?or, mu?strate! Haznos el don de tu presencia y tendremos el don m?s bello, tu alegr?a. Am?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Habla el Papa
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