Martes, 05 de julio de 2011

ZENIT? publica el discurso que dirigi? Benedicto XVI?el lunes 13 de Junio de 2011? en la Bas?lica de San Juan de Letr?n al inaugurar el congreso eclesial que concluye el a?o pastoral de la di?cesis de Roma con el tema: ?Se conmovieron profundamente? (Hechos 2, 37).

Queridos hermanos y hermanas:

Con esp?ritu agradecido al Se?or nos volvemos a reunir en esta bas?lica de San Juan de Letr?n con motivo de la inauguraci?n del congreso diocesano anual. Damos gracias a Dios que nos permite en esta tarde revivir la experiencia de la primera comunidad cristiana, que ?ten?a un solo coraz?n y una sola alma? (Hechos 4, 32). Doy las gracias al cardenal vicario por las gentiles palabras que me ha dirigido en nombre de todos y presento a cada quien mi saludo m?s cordial, asegurando mi oraci?n por vosotros y por aquellos que no pueden estar aqu? compartiendo esta importante etapa de la vida de nuestra di?cesis, en particular por quienes viven momentos de sufrimiento f?sico o espiritual.

Me ha complacido saber que en este a?o pastoral hab?is comenzado a aplicar las indicaciones surgidas en el congreso del a?o pasado, y conf?o que tambi?n en el futuro cada comunidad, sobre todo parroquial, siga comprometi?ndose para atender cada vez mejor, con la ayuda ofrecida por la di?cesis, la celebraci?n de la Eucarist?a, particularmente la dominical, preparando adecuadamente a los agentes pastorales y dedic?ndose para que el misterio del altar sea vivido cada vez m?s como un manantial del que se puede sacar la fuerza para ofrecer un testimonio m?s incisivo de la caridad, que renueve el tejido social de nuestra ciudad.

El tema de esta nueva etapa de evaluaci?n pastoral, ?La alegr?a de engendrar en la fe de la Iglesia de Roma ? La iniciaci?n cristiana?, est? relacionado con el camino ya recorrido. De hecho, desde hace ya muchos a?os nuestra di?cesis est? comprometida en la reflexi?n sobre la transmisi?n de la fe. Recuerdo que, precisamente en esta bas?lica, en una intervenci?n durante el S?nodo Romano, cit? unas palabras que me hab?a escrito Hans Urs von Balthasar:?La fe no debe ser presupuesta sino propuesta?. As? es. De por s?, la fe no se conserva en el mundo, no se transmite autom?ticamente al coraz?n del hombre, sino que debe ser siempre anunciada. El anuncio de la fe, a su vez, para que sea eficaz debe comenzar por un coraz?n que cree, que espera, que ama, un coraz?n que adora a Cristo y cree en la fuerza del Esp?ritu Santo. As? sucedi? desde el inicio, como nos recuerda el episodio b?blico escogido para iluminar esta evaluaci?n pastoral. Est? tomado del segundo cap?tulo de los Hechos de los Ap?stoles, en el que san Lucas, nada m?s haber narrado el acontecimiento de la venida del Esp?ritu Santo en Pentecost?s, refiere el primer discurso que san Pedro dirigi? a todos. La profesi?n de fe al final del discurso --?Ese Jes?s que vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Se?or y Mes?as? (Hechos 2, 36)-- es el gozoso anuncio que la Iglesia no deja de repetir desde hace siglos a cada hombre.

Ante aquel anuncio todos ?se conmovieron profundamente?. Esta reacci?n fue causada ciertamente por la gracia de Dios: todos comprendieron que esa proclamaci?n realizaba las promesas y provocaba en cada uno el deseo de la conversi?n y del perd?n de los propios pecados. Las palabras de Pedro no se limitaban al anuncio de hechos, sino que mostraban su significado, poniendo en relaci?n la vicisitud de Jes?s con las promesas de Dios, con las expectativas de Israel y, por tanto, con las de cada hombre. La gente de Jerusal?n comprendi? que la resurrecci?n de Jes?s era capaz de iluminar la existencia humana. De hecho, de este acontecimiento naci? una nueva comprensi?n de la dignidad del hombre y de su destino eterno, de la relaci?n entre el hombre y la mujer, del significado ?ltimo del dolor, del compromiso en la construcci?n de la sociedad. La respuesta de la fe nace cuando el hombre descubre, por gracia de Dios, que creer significa encontrar la verdadera vida, la ?vida en plenitud?. Uno de los grandes padres de la Iglesia, san Hilario de Poitiers, escribi? que se convirti? en creyente cuando comprendi?, al escuchar en el Evangelio, que para alcanzar una vida verdaderamente feliz eran insuficientes tanto las posesiones, como el tranquilo disfrute de los bienes y que hab?a algo m?s importante y precioso: el conocimiento de la verdad y la plenitud del amor entregados por Cristo (Cf. De Trinitate 1,2).

Queridos amigos: la Iglesia, cada uno de nosotros, tiene que llevar al mundo esta gozosa noticia: Jes?s es el Se?or, Aquel en el que se han hecho carne la cercan?a y el amor de Dios por cada hombre y mujer y por toda la humanidad. Este anuncio tiene que resonar de nuevo en las regiones de antigua y tradici?n cristiana.El beato Juan Pablo II habl? de la necesidad de una nueva evangelizaci?n dirigida a quienes, a pesar de que ya han escuchado hablar de la fe, han dejado de apreciar la belleza del cristianismo, es m?s, en ocasiones lo consideran incluso como un obst?culo para alcanzar la felicidad. Por este motivo, deseo repetir lo que les dije a los j?venes en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia: ?La felicidad que busc?is, la felicidad que ten?is el derecho de experimentar tiene un nombre, un rostro: el de Jes?s de Nazaret, escondido en la Eucarist?a?.

Los hombres se olvidan de Dios tambi?n porque con frecuencia se reduce la persona de Jes?s a un hombre sabio y se debilita o incluso se niega la divinidad. Esta manera de pensar impide comprender la novedad radical del cristianismo, pues si Jes?s no es el Hijo ?nico del Padre, entonces tampoco Dios ha venido a visitar la historia del hombre. Por el contrario, ?la encarnaci?n forma parte del coraz?n mismo del Evangelio! Que crezca, por tanto, el compromiso por una renovada estaci?n de evangelizaci?n, que no es s?lo tarea de algunos, sino de todos los miembros de la Iglesia. En esta hora de la historia, ?no es quiz? ?sta la misi?n que el Se?or nos encomienda: anunciar la novedad del Evangelio, como Pedro y Pablo, cuando llegaron a nuestra ciudad? Hay muchas personas que todav?a no han encontrado al Se?or: hay que ofrecerles una atenci?n pastoral especial. Junto a los ni?os y los muchachos de familias cristianas que piden recorrer los itinerarios de iniciaci?n cristiana, hay adultos que no han recibido el Bautismo, o que se han alejado de la fe de la Iglesia. Es una atenci?n hoy m?s urgente que nunca, que pide comprometernos con confianza, apoyados por la certeza de que la gracia de Dios siempre act?a en el coraz?n del hombre. Yo mismo he tenido la alegr?a de bautizar cada a?o, durante la Vigilia Pascual, a algunos j?venes y adultos.

Pero, ?qui?n es el mensajero de este alegre anuncio? Seguramente cada bautizado. Sobre todo los padres, quienes tienen la tarea de pedir el Bautismo para sus propios hijos. ?Qu? grande es este don que la liturgia llama ?puerta de nuestra salvaci?n, inicio de la vida en Cristo, fuente de la nueva humanidad? (Prefacio del Bautismo). Todos los pap?s y mam?s est?n llamados a cooperar con Dios en la transmisi?n del don inestimable de la vida, pero tambi?n a dar a conocer a Aquel que es la Vida. Queridos padres, la Iglesia como madre cari?osa trata de apoyaros en esta tarea fundamental. Desde que son peque?os, los ni?os tienen necesidad de Dios y tienen la capacidad de percibir su grandeza; saben apreciar el valor de la oraci?n y de los ritos, as? como intuir la diferencia entre el bien y el mal. Acompa?adles, por tanto, en la fe, desde la edad m?s tierna.

Y, ?c?mo es posible cultivar despu?s la semilla de la vida eterna seg?n el ni?o va creciendo? San Cipriano nos recuerda: ?Nadie puede tener a Dios por Padre, sino tiene a la Iglesia por Madre?. Desde siempre la comunidad cristiana ha acompa?ado la formaci?n de los ni?os y de los muchachos, ayud?ndoles no s?lo a comprender con la inteligencia las verdades de la fe, sino tambi?n viviendo experiencias de oraci?n, de caridad y de fraternidad. La palabra de la fe corre el riesgo de quedarse muda, si no encuentra una comunidad que la lleva a la pr?ctica, haci?ndola viva y atrayente. Todav?a hoy las parroquias, los campamentos de verano, las peque?as y grandes experiencias de servicio son una preciosa ayuda para los adolescentes que recorren el camino de la iniciaci?n cristiana para madurar un compromiso de vida coherente. Aliento por tanto a recorrer este camino que permite descubrir el Evangelio como la plenitud de la existencia y no como una teor?a. Todo esto debe proponerse en particular a quienes se preparan a recibir el sacramento de la Confirmaci?n para que el don del Esp?ritu Santo confirme la alegr?a de haber sido engendrados hijos de Dios. Os invito por tanto a dedicaros con pasi?n al redescubrimiento de este sacramento para que quien ya est? bautizado pueda recibir como don de Dios el sello de la fe y se convierta plenamente en testigo de Cristo.

Para que todo esto sea eficaz y d? fruto es necesario que el conocimiento de Jes?s crezca y se prolongue m?s all? de la celebraci?n de los sacramentos. Esta es la tarea de la catequesis, como recordaba el beato Juan Pablo II: ?La peculiaridad de la catequesis, distinta del anuncio primero del Evangelio que ha suscitado la conversi?n, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero disc?pulo por medio de un conocimiento m?s profundo y sistem?tico de la persona y del mensaje de Nuestro Se?or Jesucristo(exhortaci?n apost?lica Catechesi tradendae, 19). La catequesis es acci?n eclesial y por tanto es necesario que los catequistas ense?en y den testimonio de la fe de la Iglesia y no su interpretaci?n. Precisamente por este motivo fue redactado el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, que esta tarde vuelvo a entregar espiritualmente a todos vosotros para que la Iglesia de Roma pueda comprometerse con renovada alegr?a en la educaci?n de la fe. La estructura del Catecismo deriva de la experiencia del catecumenado de la Iglesia de los primeros siglos y retoma los elementos fundamentales que hacen de una persona un cristiano: la fe, los sacramentos, los mandamientos, el Padrenuestro.

Para ello es necesario educar en el silencio y la interioridad. Conf?o que en las parroquias de Roma los itinerarios de iniciaci?n cristiana eduquen en la oraci?n para que penetre en la vida y ayude a encontrar la Verdad que habita nuestro coraz?n. La fidelidad a la fe de la Iglesia, adem?s, debe conjugarse con una ?creatividad catequ?stica? que tenga en cuenta el contexto, la cultura y la edad de los destinatarios. El patrimonio de historia y de arte que custodia Roma es un camino ulterior para acercar a las personas a la fe. Invito a todos a recurrir a las riquezas de este ?camino de la belleza?, que lleva a Aquel que es, seg?n san Agust?n, la Belleza tan antigua y siempre nueva.

Queridos hermanos y hermanas: deseo daros las gracias por vuestro generoso y precioso servicio en esta fascinante obra de evangelizaci?n y de catequesis. ?No teng?is miedo de comprometeros por el Evangelio! A pesar de las dificultades que encontr?is para conciliar las exigencias familiares y laborales con las de las comunidades en las que desempe??is vuestra misi?n, confiad siempre en la ayuda de la Virgen Mar?a, Estrella de la Evangelizaci?n. El beato Juan Pablo II, que hasta el final se entreg? para anunciar el Evangelio en nuestra ciudad y am? con particular afecto a los j?venes, intercede tambi?n por nosotros ante el Padre. Asegur?ndoos mi constante oraci?n, imparto a todos la Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:59  | Habla el Papa
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