Mi?rcoles, 06 de julio de 2011

?(ZENIT.org).- ??Qu? hac?is ah? plantados mirando al cielo?? (Hch 1,11) les corrigen dos ?ngeles a los disc?pulos el d?a de la Ascensi?n de Jes?s. La misi?n de ellos estar? ahora en la tierra, entre los hombres, comunicando la Buena Noticia por todos los rincones del mundo. Cuando estaban ?juntos y orando? (Hch 1,14) en Jerusal?n, recibieron la fuerza del Esp?ritu del Resucitado que les ilumin? la mente y coraz?n. Las puertas del cen?culo se abrieron y con la primera predicaci?n de Pedro se inici? la marcha de la Iglesia (cf. Hch 2,12ss). Desde entonces hasta ahora, la comunidad de los seguidores de Jes?s de Nazaret est? llamada a ser ?sacramento de salvaci?n? en medio de los pueblos y naciones.

En la actualidad, lo espec?fico y urgente es anunciar a Jesucristo con obras y palabras en medio de esta ?apostas?a silenciosa? de nuestra cultura; para ello se necesitan evangelizadores cre?bles. ?Qui?nes son ?stos? Puede ser todo cristiano que, siendo fiel a la fe recibida, con coherencia de vida y humildad en sus actuaciones, se ha tomado en serio el mandato del Se?or: ?id por todo el mundo y haced disc?pulos m?os? (Mt 28,19). Sin embargo, en algunas partes de la Iglesia, no s?lo hay una carencia de vocaciones sacerdotales y religiosas, sino tambi?n una falta de celo apost?lico en muchos pastores y un d?ficit de presencia de los cat?licos seglares en la vida p?blica y en los nuevos are?pagos.

La acci?n misionera y apost?lica de extender el Reino de Cristo a todos los hombres no puede ser suplida por la mera acci?n social. Nuestras parroquias e instituciones no se deben convertir o reducir a meras ONGs, por muy dignas y actuales que sean esas formas de implicaci?n social. ?Es m?s, todo compromiso ?tico y social de un cristiano o de una instituci?n de Iglesia ha de nacer como consecuencia del amor a Dios y al pr?jimo, eje central de la fe cristiana (cf.1 Cor 13,3). Como dice Benedicto XVI: ?La fe en Dios es un acto positivo de amor y confianza, de conversi?n, de renovaci?n de la vida?.

Ahora bien, creer en un Dios crucificado y abandonado como respuesta ?ltima de salvaci?n para el hombre, sigue siendo un ?esc?ndalo y blasfemia? como en tiempo del ap?stol Pablo. La cultura nihilista y relativista que domina el pensamiento actual no soporta la propuesta cristiana de un Dios personal, salvador y redentor de la humanidad. Su reacci?n es: animadversi?n hacia la religi?n, ridiculizaci?n de lo cristiano e intentos de aniquilar la estructura visible de la Iglesia Cat?lica. Frente a este escenario, nada agradable, surge la tentaci?n en muchos bautizados de refugiarse en los ?cuarteles de inviernos? o en los ?c?lidos cen?culos?, olvidando que la Iglesia no est? para s? misma, sino para la misi?n. Cuando se cae en esa incitaci?n, corremos el riesgo de que nuestras iglesias se conviertan en museos espirituales que al final no saben enfrentarse al mundo que le rodea. En cambio si se supera ese peligro, nuestros templos recobran autenticidad de vida y son verdaderos cen?culos de puertas abiertas, como el de Jerusal?n, que oraba y evangelizaba.

Pero el activo misionero no s?lo se caracteriza por su pertenencia a un determinado carisma, grupo o espiritualidad, sino sobre todo por los frutos de santidad. Los planes, proyectos y objetivos pastorales sirven como m?todos en tanto y en cuanto suscitan ap?stoles cre?bles. Como dir?a San Gregorio Magno: ?nosotros tenemos las antorchas encendidas en nuestras manos cuando, con las buenas obras, damos a nuestros pr?jimos buenos ejemplos? (Catena Aurea, vol VI, p. 101). Estos, con la ayuda de la gracia, s? que vencen al mundo de la increencia e indiferencia religiosa.

Pentecost?s nos invita a confiar en la fuerza del Esp?ritu que supera todas las dificultades y resistencia ante el anuncio del Evangelio de la esperanza. De ah?, que tengamos que recordar aquel grito del Beato Juan Pablo II: ??No teng?is miedo!? Nuestras reuniones y celebraciones han de suscitar en los participantes un gran anhelo por el apostolado gozoso de estar ?en el mundo, sin ser del mundo? (Jn 17,16), con el ?nico objetivo de ganar ?almas para Dios? ?Esto no ha pasado de moda! ?Es la exigencia b?sica de toda vocaci?n bautismal, sacerdotal y religiosa!

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*Monse?or Juan del R?o Mart?n es el arzobispo castrense de Espa?a


Publicado por verdenaranja @ 22:22  | Hablan los obispos
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