Jueves, 07 de julio de 2011

ZENIT nos ofrece la intervenci?n pronunciada el?viernes 10 de junio de 2011 por Jane Adolphe, profesora asociada de Derecho de la Ave Maria School of Law y miembro de la Delegaci?n de la Santa Sede en la ONU, en el ?ltimo d?a de la reuni?n de alto nivel sobre HIV/Sida. Adolphe habl? en nombre de monse?or Francis Chullikatt, observador permanente de la Santa Sede en la ONU.

Se?or Presidente,

Al reunirnos aqu? hoy en este encuentro de alto nivel de dignatarios de todo el mundo, lo hacemos reconociendo que estamos al lado, como una familia, con quienes viven con el HIV y el Sida, y recordamos en nuestros pensamientos y oraciones a todos aquellos a quienes esta enfermedad se ha llevado de este mundo. Las pol?ticas, los programas y las declaraciones pol?ticas no tienen sentido si no reconocemos la dimensi?n humana de esta enfermedad en los hombres, mujeres y ni?os que viven con el HIV/Sida. Por supuesto, toda pol?tica, programa o declaraci?n pol?tica de esta noble organizaci?n tiene poco sentido si no son implementadas por las acciones virtuosas que ayuden a todos esos necesitados.

Tras treinta a?os de la enfermedad HIV/Sida, la comunidad internacional sigue buscando respuestas y soluciones para detener la propagaci?n del HIV y para proporcionar tratamiento, cuidado y apoyo a las cerca de 33 millones de personas que viven con el HIV/Sida. Desde el principio, organizaciones cat?licas, congregaciones religiosas y asociaciones laicales han estado en primera l?nea en proporcionar prevenci?n, cuidado y apoyo a millones en todo el mundo, y al mismo tiempo, en promover la necesidad de una respuesta, basada en los valores, a esta enfermedad. A trav?s de sus aproximadamente 117.000 centros de salud de todo el mundo, la Iglesia cat?lica, por s? sola, proporciona alrededor del 25% de todas las atenciones a quienes viven con el HIV/Sida, especialmente a ni?os. Estas instituciones afiliadas con la Iglesia est?n en primera l?nea en proporcionar una respuesta que vea a las personas no como estad?sticas, sino m?s bien en su dignidad y valor como hermanos, hermanas y vecinos de la misma familia humana.

Mi delegaci?n sigue estando comprometida en lograr el objetivo de detener y minorar la extensi?n del HIV promoviendo el ?nico medio universalmente efectivo, seguro y asequible para detener la propagaci?n de este mal: abstinencia antes del matrimonio y fidelidad mutua durante el matrimonio, evitando correr riesgos y conductas irresponsables y promoviendo el acceso universal a los medicamentos que previenen el contagio del HIV de madre a hijo. De hecho, hay un reconocimiento cada vez mayor de que los programas basados en la abstinencia y la fidelidad en lugares de ?frica han tenido ?xito en reducir ?l contagio del HIV, en los que la transmisi?n hab?a tenido lugar durante mucho tiempo entre la poblaci?n general. Con todo, a pesar de este reconocimiento, algunos siguen negando estos resultados y en cambio est?n mayormente guiados por la ideolog?a y el propio inter?s econ?mico que ha crecido como resultado de la enfermedad del HIV.

Combatir la expansi?n del HIV no requiere medicamentos y productos caros, que buscan disminuir las consecuencias de una conducta peligrosa e irresponsable, sino que requiere m?s bien una respuesta basada en valores que reconozca la necesidad de promover la dignidad inherente de la persona humana, y por tanto, una conducta sexual responsable y el reconocimiento de la responsabilidad de cada uno y de la propia comunidad. Prevenir el contagio del HIV requiere no s?lo identificar a esas personas que corren el riesgo de infectarse, sino tambi?n identificar las formas y los medios para ayudar a las personas en evitar toda actividad que les ponga en riesgo de contraer la infecci?n. La mejor cura es la prevenci?n que despierta la conciencia de las personas que podr?an ser arrastradas a pr?cticas peligrosas que les amenazan a ellos y a quienes viven con ellos o con quienes se encuentran.

Se?or Presidente.

Nuevos estudios han demostrado que el acceso a medicamentos anti-retrovirales proporcionan no s?lo un medio para tratar la enfermedad, sino tambi?n para reducir los riesgos de contagio. Sin embargo, el acceso a la terapia anti-retroviral sigue estando fuera del alcance de muchos de los m?s pobres y vulnerables. En pa?ses de ingresos bajos o medios, aproximadamente 15 millones de personas viven con el HIV, pero s?lo 5,2 millones tienen acceso al tratamiento para salvar su vida que necesitan. Adem?s, a estas mismas poblaciones sigue faltando el acceso a tecnolog?as de diagn?stico y equipos de test que les permitan medios m?s efectivos y seguros de atender a quienes padecen HIV/Sida.

Con estimaciones que muestran que los fondos para combatir del HIV/Sida descendieron en 2010 ? por primera vez en la historia del combate contra la enfermedad ? debemos recordar que las declaraciones pol?ticas y la buena voluntad necesitan ser acompa?adas de acciones concretas sobre el terreno y a nivel internacional. El primer paso para llevar a cabo esta acci?n es asegurar que a los 10 millones de personas que no tienen acceso a medicamentos para salvar la vida se les proporciona el tratamiento, cuidado y apoyo seguro y asequible que necesitan. Los aproximadamente 7.000 millones de d?lares que se necesitar?an para proporcionar este tratamiento es una suma considerable,pero palidece en comparaci?n con el dinero y los recursos invertidos por los pa?ses en buscar la guerra, y otras actividades destructivas, como el negocio global que rodea el comercio de armas de drogas.Adem?s de cerrar el frente de la financiaci?n, los pa?ses y el sector privado deben seguir reevaluando los derechos de propiedad intelectual farmac?utica para asegurar que estas protecciones sirven como medio para una mayor investigaci?n y progreso, en lugar de convertirse en otro obst?culo para acceder a los medicamentos y el equipo m?dico necesarios.

A la vez que una mayor financiaci?n y acceso a medicamentos necesarios es un requisito para afrontar la falta de acceso al tratamiento, el cuidado y el apoyo, tambi?n debe darse mayor importancia a asegurar que estos recursos sean usados de una forma que sea efectiva y responsable. Adem?s, deber?a asegurarse que el acceso a la financiaci?n no est? restringida a nociones ideol?gicamente preconcebidas, sino que se base m?s bien en la capacidad de las organizaciones de proveer cuidado seguro, asequible y efectivo a los necesitados.

El acceso a quienes viven con el HIV/Sida no termina en proporcionar acceso a medicamentos, sino que requiere apoyar a las familias afectadas. Los aproximadamente 16 millones de ni?os en todo el mundo que han quedado hu?rfanos por el Sida requieren un cuidado compasivo y un ambiente estructurado para que puedan recibir el apoyo psico-social adecuado y lleguen a ser miembros activos de la comunidad. Igualmente, las familias que est?n cuidando de miembros que viven con el HIV/Sida deben recibir el apoyo econ?mico, social, m?dico y espiritual necesario. Esto tambi?n requiere adoptar pol?ticas que eliminen las discriminaciones contra quienes viven con el HIV/Sida y los miembros de su familia.

Se?or presidente,

El HIV/Sida ha sido y sigue siendo una de las mayores tragedias de nuestro tiempo. No s?lo es un problema sanitario de enorme magnitud, sino tambi?n una preocupaci?n social, econ?mica y pol?tica. Es tambi?n una cuesti?n moral, pues las causas de la enfermedad reflejan claramente una seria crisis de valores. La prevenci?n, primero y sobre todo, debe dirigirse hacia la formaci?n y la educaci?n en una conducta humana responsable o, en otras palabras, una dignidad humana adquirida. Esta es la clave para evitar la infecci?n. El punto de partida debe ser el reconocimiento de que la persona humana puede y debe cambiar las conductas peligrosas e irresponsables, m?s que sencillamente la aceptaci?n de esta conducta como si fuese inmutable. M?s a?n, en el campo de la formaci?n y la educaci?n, especialmente en lo que concierne a los ni?os, sus padres tienen el derecho, responsabilidad y deber primordiales, y sus contribuciones son muy ?tiles y eficaces.

La lucha para eliminar la extensi?n del HIV y el trabajo de proveer un acceso universal al tratamiento, el cuidado y el apoyo, requiere tambi?n un desarrollo social y personal m?s amplio. En ?reas con falta de acceso a agua potable limpia, instalaciones sanitarias, nutrici?n suficiente, vivienda adecuada y cuidado sanitario b?sico, la capacidad de individuos y organizaciones de proporcionar tratamientos a quienes viven con el HIV/Sida y y prevenir las infecciones seguir? siendo dif?cil de alcanzar. Igualmente, el desarrollo personal requiere que las personas reciban la educaci?n, el asesoramiento y el apoyo espiritual necesario para tomar decisiones responsables y para lograr su m?ximo potencial.

La Santa Sede y las diversas organizaciones de la Iglesia cat?lica siguen estando comprometidas de vivir y trabajar en solidaridad con quienes viven con el HIV/Sida y continuar? defendiendo con firmeza las exigencias del bien com?n, y proveyendo apoyo y cuidados a los m?s necesitados.

Gracias, se?or presidente.
[Traducci?n del ingl?s por Inma ?lvarez]


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