Viernes, 08 de julio de 2011

ZENIT? nos?ofrece el discurso que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido a los obispos de la Conferencia Episcopal de la India (IV grupo), con ocasi?n de la Visita ad Limina Apostolorum.

Queridos hermanos obispos,

estoy contento de daros la bienvenida en ocasi?n de vuestra visita ad Limina Apostolorum, un tiempo privilegiado en el que se profundizan los lazos de fraternidad y de comuni?n entre la Sede de Pedro y las Iglesias particulares que ustedes conducen. Deseo agradecer a monse?or Malayappan Chinnappa por los cordiales sentimientos que ha expresado en vuestro nombre y en el nombre de aquellos a los que pastore?is. Un c?lido saludo a los sacerdotes, hombres y mujeres religiosos, y a todos los fieles laicos que est?n confiados a vuestro cuidado pastoral. Por favor aseguradles mi atenci?n y mis oraciones.

Continuando estas reflexiones sobre la vida de la Iglesia en la India, me gustar?a dirigir una palabra a vosotros, queridos hermanos obispos, sobre vuestras responsabilidades hacia el clero y los religiosos y religiosas del pa?s. Por la imposici?n de las manos y la invocaci?n del Esp?ritu Santo, se les nombra Pastores del pueblo de Dios, y est?is llamados a ense?ar, santificar y gobernar las Iglesias locales. Hac?is esto a trav?s de la ense?anza del Evangelio, la celebraci?n de los Sacramento, y vuestra supervisi?n de la santidad y la acci?n pastoral efectiva del clero. A trav?s de ellos, sois m?s capaces de llegar de forma m?s eficiente a los religiosos y a los laicos a vuestro cuidado. Tambi?n est?is llamados a gobernar con caridad a trav?s de una vigilancia prudente con vuestras capacidades legislativas, ejecutivas y judiciales (cf.?C?digo de Ley Can?nica, cc. 384-394). En este delicado y exigente papel, el obispo, como pastor y padre, debe unir y moldear a su reba?o en una familia, donde todos, conscientes de sus deberes, quieran vivir y actuar como si fueran uno en la caridad (cf.?Christus Dominus, 16). Promoviendo este carisma de unidad, que es un testimonio poderoso de la unicidad de Dios y un signo de que la Iglesia es una. Cat?lica y apost?lica, es una de las responsabilidades m?s importantes del obispo. En las muchas tareas que requieren su atenci?n orante, queridos obispo, reconoc?is la presencia del Esp?ritu del Se?or que est? activo en la Iglesia. El Esp?ritu, prometido a todos en el Bautismo, se derrama sobre el pueblo de Dios para guiarlos y santificarlos en la Confirmaci?n, anhela unir a todos los cristianos con los lazos de la fe, esperanza y caridad. Por vuestro ministerio est?is llamados a fortalecer a las personas que Dios ha elegido para s?, para servirlas y construirlas como un templo unificado, digna morada para el Esp?ritu Santo, sean j?venes o viejos, hombres o mujeres, ricos o pobres. El Se?or, por el derramamiento de su sangre, ha rescatado a las personas de toda raza, lengua, pueblo y naci?n (cf.?Ap?5:9). Por tanto os animo a seguir en el servicio de unidad y, dirigiendo a su pueblo con el ejemplo, para conducir a la gente a la que lider?is a una profunda comuni?n, fraternidad y paz.

Una de las maneras en la que la comuni?n de la Iglesia se manifiesta claramente es en la relaci?n particularmente importante que existe entre vosotros y vuestros sacerdotes, sean diocesanos o religiosos, que comparten y ejercitan con vosotros el ?nico sacerdocio de Cristo. Juntos en vuestras di?cesis, form?is un cuerpo sacerdotal y una familia, de la que sois el padre (cf.?Christus Dominus, 29). Por tanto deb?is ser apoyo para vuestros sacerdotes, vuestros colaboradores cercanos, estando atentos a sus necesidades y aspiraciones, siendo sol?citos con su bienestar espiritual, intelectual y material. Ellos, como hijos y colaboradores, est?n llamados a respetar vuestra autoridad, trabajando con alegr?a humildad y dedicaci?n completa para el bien de la Iglesia, pero siempre bajo vuestra direcci?n. Los lazos de amor fraternal y de preocupaci?n mutua que deb?is fomentar entre vuestros sacerdotes constituir?n la base para superar las tensiones que puedan surgir y promover las condiciones m?s adecuadas para servir al pueblo de Dios, edific?ndoles espiritualmente, ayud?ndoles a conocer su valor y as? asumir la dignidad que les corresponde como hijos de Dios. Por otra parte el testimonio del amor rec?proco y de servicio entre vosotros y vuestros sacerdotes -sin tener en cuenta la casta o etnia sino centrados en el amor de Dios, la difusi?n del Evangelio y la santificaci?n de la Iglesia- es necesario para la gente a la que serv?s. Ellos buscan en vosotros y en vuestros sacerdotes un modelo de santidad, amistad y armon?a que habla a sus corazones y les ense?a con el ejemplo, como vivir el nuevo mandamiento del amor.

Los religiosos y religiosas tambi?n os buscan como gu?as y apoyo. El testimonio de vuestro profundo amor por Jesucristo y su Iglesia servir? para inspirarlos en su dedicaci?n a la pobreza, castidad y obediencia de la vida a la que han sido llamados. Se sentir?n confirmados en su vocaci?n por vuestra fe, ejemplo y confianza en Dios. En este sentido, en uni?n con ellos, dar?is gran testimonio ante los hombres y las mujeres de nuestro tiempo del hecho de que, mientras que este mundo pasa r?pidamente (cf.?1 Cor?7:31), quien hace la voluntad de Dios permanece (cf.?1 Jn?2:17).

El testimonio radiante de la vida consagrada es, por supuesto, un tesoro para los que han sido agraciados con esta vocaci?n, pero tambi?n lo es para el resto de la Iglesia. A trav?s de una cooperaci?n cercana con los superiores religiosos, continuad supervisando que los miembros de los institutos religiosos de vuestras di?cesis vivan sus particulares carismas en plenitud y en armon?a con los sacerdotes y fieles laicos. Adem?s de garantizar que reciban una s?lida base humana, espiritual y teol?gica, aseguraos de que reciban una formaci?n completa que les ayude a madurar en todos los aspectos de su vida consagrada. Debido a la singular contribuci?n realizada por todos los religiosos, hombres y mujeres, contemplativos y activos, a la misi?n de la Iglesia, y por su papel como protagonistas de la evangelizaci?n a trav?s de la oraci?n y la s?plica, educaci?n, atenci?n sanitaria, caridad y otros apostolados, sus carismas continuar?n reforzando la comunidad eclesial en su conjunto y enriqueciendo en gran manera a la sociedad. De modo particular, deseo expresar el aprecio de la Iglesia por las muchas mujeres religiosas de la Iglesia en la India. Dan un gran testimonio de su santidad, vitalidad y esperanza. Ofrecen innumerables oraciones y realizan infinidad de buenas obras, que a menudo no se ven, pero que son de gran valor para la edificaci?n del Reino de Dios. Os pido que las anim?is en su vocaci?n, y que invit?is a las j?venes a considerar este tipo de vida que se realiza en el amor de Dios y en el servicio a los dem?s.

Con estos pensamientos, queridos hermanos obispos, expreso mi afecto fraternal y estima. Invocando sobre vosotros la maternal intercesi?n de Mar?a, Madre de la Iglesia, y asegur?ndoos mis oraciones por vosotros y por los que se conf?an a vuestro cuidado pastoral, con alegr?a os imparto mi Bendici?n Apost?lica como prenda de la gracia y de la paz en el Se?or.

Traducci?n del original ingl?s por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Habla el Papa
 | Enviar