S?bado, 09 de julio de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que Benedicto XVI pronunci?en la?tarde del domingo 19 de Junio de 2011 en el Palacio P?blico de San Marino, durante el encuentro que mantuvo con los miembros del Gobierno, del Congreso y del cuerpo diplom?tico acreditado ante la Rep?blica de San Marino.

?Seren?simos Capitanes Regentes, ilustres Se?ores y Se?oras!

Os agradezco con emoci?n el recibimiento; de manera particular expreso mi reconocimiento a los Capitanes Regentes, tambi?n por las amables palabras que me han dirigido. Saludo a los Miembros del Gobierno y del Congreso, as? como al Cuerpo diplom?tico y a todas las dem?s Autoridades aqu? reunidas. Al dirigirme a vosotros, abrazo idealmente al pueblo entero de San Marino. Desde su nacimiento, esta Rep?blica ha mantenido cordiales relaciones con la Sede Apost?lica, y en los ?ltimos tiempos ellas se han ido intensificando y consolidando; mi presencia aqu?, en el coraz?n de esta antigua Rep?blica, expresa y confirma esta amistad.

Hace mas de diecisiete siglos, conquistados al Evangelio por las predicaciones del di?cono Marino y por su testimonio de santidad, un grupo de fieles se congreg? en torno a ?l para dar vida a una nueva comunidad. Recogiendo esta preciosa herencia, los Sanmarinenses hab?is permanecido siempre fieles a los valores de la fe cristiana, anclando s?lidamente a ellos la propia convivencia pacifica, seg?n criterios de democracia y de solidaridad. A trav?s de los siglos, vuestros padres, conscientes de estas ra?ces cristianas, han sabido hacer fructificar el gran patrimonio moral y cultural que a su vez hab?an recibido, dando vida a un pueblo laborioso y libre, que, a pesar de lo exiguo del territorio, no ha dejado de ofrecer a las confinantes poblaciones de la Pen?nsula italiana y al mundo entero una especifica contribuci?n de civilizaci?n, caracterizada por la convivencia pacifica y el mutuo respeto.

Dirigi?ndome hoy a vosotros, me alegro por el apego a este patrimonio de valores, y os exhorto a conservarlo y a valorarlo, porque se encuentra en la base de vuestra identidad mas profunda, una identidad que pide a la gente y a las instituciones sanmarinenses ser asumida en plenitud. Gracias a ella, se puede construir una sociedad atenta al verdadero bien de la persona humana, a su dignidad y libertad, y capaz de salvaguardar el derecho de todo pueblo a vivir en paz. Son estos los cimientos de la sana laicidad, en el interior de la cual deben actuar las instituciones civiles, en su constante compromiso en defensa del bien com?n. La Iglesia, respetuosa de la leg?tima autonom?a de la que el poder civil debe gozar, colabora con ?l, al servicio del hombre, en la defensa de sus derechos fundamentales, de aquellas instancias ?ticas que est?n inscritas en su misma naturaleza. Por eso la Iglesia se compromete para que las legislaciones civiles promuevan y tutelen siempre la vida humana, desde la concepci?n hasta su fin natural. Adem?s, pide para la familia el debido reconocimiento y un apoyo efectivo. De hecho, sabemos bien, que en el contexto actual la institucional familiar se pone en tela de juicio, casi en un intento de ignorar su irrenunciable valor. Los que sufren las consecuencias son los grupos sociales mas d?biles, especialmente las j?venes generaciones, mas vulnerables y por eso mas f?cilmente expuestas a la desorientaci?n, a situaciones de automarginaci?n y a la esclavitud de las dependencias. A veces las realidades educativas se afanan en dar a los j?venes respuestas adecuadas y, disminuyendo el apoyo familiar, a menudo estos se ven con obst?culos para una normal inserci?n en el tejido social. Tambi?n por eso es importante reconocer que la familia, tal como Dios la ha constituido, es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso y hacer madurar personas libres y responsables, formadas en valores profundos y perennes.

En el trance de dificultades econ?micas en el que se encuentra tambi?n la Comunidad Sanmarinense, en el contexto italiano e internacional, la m?a quiere ser una palabra de aliento. Sabemos que los a?os sucesivos al segundo conflicto mundial han sido un tiempo de estrechez econ?mica, que ha obligado a miles de vuestros conciudadanos a emigrar. Ha venido despu?s un periodo de prosperidad, sobre las huellas del desarrollo del comercio y del turismo, especialmente el estival favorecido por la cercan?a de la costa adri?tica.

En estas fases de relativa abundancia a menudo se verifica una cierta p?rdida del sentido cristiano de la vida y de los valores fundamentales. Sin embargo, la sociedad Sanmarinense manifiesta todav?a una buena vitalidad y conserva sus mejores energ?as; lo prueban m?ltiples iniciativas caritativas y de voluntariado a las que se dedican numerosos conciudadanos vuestros. Quisiera tambi?n recordar a los numerosos misioneros sanmarinenses, laicos y religiosos, que en las ?ltimas d?cadas han dejado esta tierra para llevar el Evangelio de Cristo a varias partes del mundo. No faltan por tanto las fuerzas positivas que permitir?n a vuestra Comunidad enfrentar y superar la actual situaci?n de dificultad. Con tal prop?sito, auspicio que la cuesti?n de los trabajadores fronterizos, que ven en peligro la propia ocupaci?n, se pueda resolver teniendo en cuenta el derecho al trabajo y la tutela de las familias.

Tambi?n en la Rep?blica de San Marino, la situaci?n actual de crisis impulsa a volver a proyectar el camino y se vuelve ocasi?n de discernimiento (cfr Enc Caritas in veritate, 21); en efecto, pone a todo el tejido social ante la impelente exigencia de afrontar los problemas con valent?a y sentido de responsabilidad, con generosidad y dedicaci?n, haciendo referencia a aquel amor a la libertad que distingue a vuestro pueblo.

En este contexto, quisiera repetiros las palabras que dirigi? el Beato Juan XXIII a los Regentes de la Rep?blica de San Marino, durante una visita oficial que ellos realizaron a la Santa Sede:?

?El amor a la libertad ? dec?a mi Predecesor ? tiene entre vosotros exquisitamente ra?ces cristianas y vuestros padres, percibiendo su verdadero significado, os ense?aron a no separar nunca su nombre del de Dios, que es su fundamento insustituible??(Discurso, Mensajes, Coloquios del Santo Padre Juan XXIII, I, 341-343: AAS 60 (1959), 423-424).?

Esta advertencia conserva a?n hoy su valor imperecedero: la libertad que las instituciones est?n llamadas a promover y a defender en el ?mbito social, manifiesta una m?s grande y profunda, aquella libertad animada por el Esp?ritu de Dios, cuya presencia vivificante en el coraz?n del hombre da a la voluntad la capacidad de orientarse y de decidirse por el bien. Como afirma el ap?stol Pablo: ?Pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece? (Fil 2,13). Y san Agust?n, comentando este pasaje subraya: ?Es cierto que somos nosotros los que queremos, cuando queremos; pero el que hace que queramos el bien es ?l?, es Dios, y a?ade: ?Por el Se?or ser?n dirigidos los pasos del hombre y el hombre querr? seguir su camino? (De gratia et libero arbitrio, 16, 32).

A vosotros, por tanto, Se?ores y Se?oras, os corresponde la tarea de construir la ciudad terrenal en la debida autonom?a y en el respeto de aquellos principios humanos y espirituales a los que cada ciudadano est? llamado a adherirse con toda la responsabilidad de su propia conciencia personal; y, al mismo tiempo, el deber de seguir obrando activamente para construir una comunidad fundada en valores compartidos.

Seren?simos Capitanes Regentes e ilustres autoridades de la Rep?blica de San Marino, expreso de coraz?n el anhelo de que toda su Comunidad, en la comuni?n de los valores civiles y con sus espec?ficas peculiaridades culturales y religiosas, pueda escribir una nueva y noble p?gina de historia y sea cada vez m?s una tierra en la que prosperen la solidaridad y la paz. Con estos sentimientos encomiendo a este amado pueblo a la maternal intercesi?n de la Virgen de las Gracias y de coraz?n invoco sobre todos y cada uno la Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original italiano por Patricia Navas
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:59  | Habla el Papa
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