S?bado, 09 de julio de 2011

ZENIT? nos ofrece la homil?a que Benedicto XVI pronunci? al presidir la celebraci?n eucar?stica en el estadio ol?mpico de Serravalle, durante la visita que?realiz? el domingo 19 de Junio de 2011? a San Marino.

Queridos hermanos y hermanas:

Es grande mi alegr?a poder partir con ustedes el pan de la palabra y el pan de la Eucarist?a y poder dirigirles, queridos Sanmarineses, mi m?s cordial saludo. Dirijo un pensamiento especial a los Capitanes Regentes y a las autoridades pol?ticas y civiles, presentes en esta celebraci?n eucar?stica; saludo con afecto a su Obispo, Mons. Luigi Negri, al que le agradezco por las corteses palabras que me ha dirigido, y con ?l a todos los sacerdotes y fieles de la di?cesis de San Marino-Montefeltro; saludo a cada uno de ustedes y les expreso el m?s vivo reconocimiento por la cordialidad y el afecto con el que me recibieron. He venido para compartir con ustedes las alegr?as y esperanzas, fatigas y empe?os, ideales y aspiraciones de esta comunidad diocesana. Se que tambi?n aqu? no faltan dificultades y preocupaciones. a todos quiero asegurar mi cercan?a y mi recuerdo en la oraci?n, a la que uno mi aliento a que perseveren en el testimonio de los valores cristianos, tan profundamente radicados en la fe y en la historia de este territorio y de la poblaci?n.

Celebramos hoy la fiesta de la Sant?sima Trinidad: Dios Padre y el Hijo y el Esp?ritu Santo. Cuando se piensa en la Trinidad generalmente viene a la mente el aspecto del misterio: son Tres y son Uno, un solo Dios en tres Personas. En cambio, la liturgia de hoy llama nuestra atenci?n sobre la realidad de amor contenida en este primer y supremo misterio de nuestra fe. El Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo son uno, porque Dios es amor: el padre da todo al Hijo; el Hijo recibe todo del Padre con reconocimiento; y el Esp?ritu Santo es como el fruto de este amor rec?proco del Padre y del Hijo. Los textos de la Santa Misa de hoy hablan propiamente del amor. No se detienen tanto sobre las tres personas divinas -solo una frase en la segunda lectura las menciona- sino sobre el amor que constituye la sustancia. La Unidad y la Trinidad al mismo tiempo.

El primer fragmento que hemos escuchado, extractado del Libro del ?xodo y sobre el cual me detuve en una reciente catequesis del mi?rcoles, es sorprendente, porque la revelaci?n del amor de Dios sucede despu?s de un grav?simo pecado del pueblo. Apenas se ha concluido el pacto de alianza en el monte Sina?, el pueblo ya falta a la fidelidad a Dios. La ausencia de Mois?s se prolonga y el pueblo pide a Aar?n que haga un Dios que sea visible, accesible, maniobrable, a la medida del hombre. Aaron consiente, y prepara el becerro de oro. Descendiendo del Sina?, Mois?s ve lo que ha sucedido y rompe las tablas de la alianza, dos piedras sobre las que estaban escritas las "Diez Palabras", el contenido concreto del pacto con Dios. Todo parece perdido, la amistad rota. Sin embargo, no obstante este grav?simo pecado del pueblo, Dios, por la intercesi?n de Mois?s, decide perdonar e invita a Mois?s a volver a subir al monte par recibir de nuevo su ley, los diez Mandamientos. Mois?s pide ahora a Dios que se revele, que le haga ver su rostro. Pero Dios no muestra el rostro, revela mas bien estar lleno de bondad con estas palabras: "El Se?or, Dios misericordioso y piadoso, lento a la c?lera y rico en amor y fidelidad" (Ex 34,8). Esta auto definici?n de Dios manifiesta su amor misericordioso: un amor que vence el pecado, lo cubre, lo elimina. No puede hacernos revelaci?n mas clara. Nosotros tenemos un Dios que renuncia a destruir al pecador y que quiere manifestar su amor todav?a de manera m?s profunda y sorprendente propiamente frente al pecador para ofrecer siempre la posibilidad de la conversi?n y del perd?n.

El Evangelio completa esta revelaci?n, porque indica hasta qu? punto Dios ha mostrado su misericordia. El evangelista Juan refiere esta expresi?n de Jes?s: Dios am? tanto al mundo hasta darle a su propio Hijo unig?nito, para que aquel que cree en ?l no se pierda, sino que tenga la vida eterna" (3,16). En el mundo hay mal, ego?smo, maldad y Dios podr?a venir para juzgar al mundo, para destruir el mal, para castigar a aquellos que obran en las tinieblas. En cambio ?l muestra que ama al mundo, que ama al hombre, no obstante su pecado, y env?a lo m?s precioso que tiene: su Hijo unig?nito. Y no s?lo Lo env?a, sino que lo dona al mundo. Jes?s es el Hijo de Dios que ha nacido para nosotros, que ha vivido para nosotros, que ha curado a los enfermos, perdonado los pecados, recibido a todos. Respondiendo al amor que viene del Padre, el Hijo ha dado su misma vida por nosotros: sobre la cruz el amor misericordioso de Dios alcanza el culmen. Y es sobre la cruz que el Hijo de Dios nos obtiene la participaci?n la vida eterna, que nos viene comunicada con el don del Esp?ritu Santo. As? en el misterio de la cruz est?n presentes las tres Personas divinas: el Padre, que dona a su Hijo unig?nito para la salvaci?n del mundo; el Hijo, que cumple hasta el fondo el designio del Padre; el Esp?ritu Santo -infundido por Jes?s en el momento de la muerte- que viene a hacernos participes de la vida divina, a transformar nuestra existencia, para que sea animada por el amor divino.

Queridos hermanos y hermanas! La fe en el Dios trinitario ha caracterizado tambi?n esta Iglesia de San Marino Montefeltro, en el curso de su historia antigua y gloriosa. La evangelizaci?n de esa tierra es atribuida a los santos Marino y Le?n, los cuales en la mitad del siglo II despu?s de Cristo habr?an desembarcado en Rimini desde la Dalmacia. Por su santidad de vida fueron consagrados uno sacerdote y el otro di?cono por el obispo Gaudencio y por ?l enviados tierra adentro, uno sobre el monte F?retro, que despu?s toma el nombre de San Leo, y el otro sobre el monte Titano, que despu?s toma el nombre de San Marino. Mas all? de las cuestiones hist?ricas -que no es nuestra tarea profundizar en este momento- interesa afirmar como Marino y Le?n trajeron en el contexto de esta realidad local, con la fe en el Dios revelado en Jesucristo, prospectivas y valores nuevos, determinando el nacimiento de una cultura y de una civilizaci?n centradas en la persona humana, imagen de Dios y por esto portador de derechos precedentes a toda jurisdicci?n humana. La variedad de las diversas etnias -romanos, (GOTI) y pueblos longobardos - que entran en contacto entre ellos, algunas veces tambi?n de modo conflictivo, encontraron en la com?n referencia a la fe un factor potente de edificaci?n ?tica, cultural, social y, de alg?n modo, pol?tica. Era evidente a sus ojos que no pod?a realizase un proyecto de civilizaci?n hasta que todos los componentes del pueblo no llegaran a ser una comunidad cristina viviente bien estructurada. Con raz?n, pues, se puede decir que la riqueza de este pueblo, la riqueza de ustedes, queridos Sanmarinenses, fue y es la fe, y que esta fe ha creado una civilizaci?n verdaderamente ?nica. Junto a la fe es necesario despu?s recordar la absoluta fidelidad al obispo de Roma, al cual esta Iglesia siempre ha mirado con devoci?n afecto; como tambi?n la atenci?n demostrada hacia la gran tradici?n de la Iglesia oriental y la profunda devoci?n a la Virgen Mar?a.

Ustedes est?n justamente orgullosos y reconocen cuanto el Esp?ritu Santo obr? a trav?s de los siglos en su Iglesia. Pero ustedes saben tambi?n que el mejor modo de apreciar una herencia es cultivarla y de enriquecerla. En realidad ustedes est?n llamados a desarrollar este precioso dep?sito en uno de los momentos m?s decisivos de la historia. Hoy, esta misi?n tiene que enfrentarse con profundas y r?pidas transformaciones culturales, sociales y pol?ticas, que han determinado nuevas orientaciones y han modificado la mentalidad, costumbres y la sensibilidad. Tambi?n aqu? de hecho, como en otros lugares, no faltan dificultades y obst?culos, debido sobre todo a modelos hedon?sticos que ofuscan la mente y amenazan con anular toda moralidad. Se ha insinuado la tentaci?n de considerar que la riqueza del hombre no es la fe, sino su poder personal y social, su inteligencia, su cultura y su capacidad de manipulaci?n cient?fica, tecnol?gica y social de la realidad. As?, tambi?n en esta tierra, se ha empezado a sustituir la fe y los valores cristianos por presuntas riquezas, que se revelan, al final, inconsistentes e incapaces de sostener la gran promesa de lo verdadero, del bien, de lo bello y justo que por siglos sus mayores han identificado con la experiencia de la fe. No van olvidadas las crisis de no pocas familias, agravada por la difusa fragilidad psicol?gica y espiritual de los c?nyuges, como tambi?n la fatiga experimentada por muchos educadores en el obtener continuidad formativa en los j?venes, condicionados por m?ltiples precariedades, la primera entre todas aquella del rol social y de la posibilidad de trabajo.

?Queridos amigos! Conozco bien el empe?o de cada componente de esta Iglesia particular para promover la vida cristiana en sus diversos aspectos. Exhorto a todos los fieles a ser como fermento en el mundo, mostr?ndose, sea en Montefeltro como en San Marino, como cristianos presentes, decididos y coherentes. Los Sacerdotes, los Religiosos y las Religiosas vivan siempre en la m?s cordial y efectiva comuni?n eclesial, ayudando y escuchando al Pastor diocesano. Tambi?n entre ustedes se advierte la urgencia de una recuperaci?n de las vocaciones sacerdotales y de especial consagraci?n: hago este llamado a las familias y a los j?venes, para que abran el ?nimo a una pronta respuesta a la llamada del Se?or. ?No nos arrepentimos jam?s de ser generosos con Dios! A ustedes laicos les recomiendo empe?arse activamente en la Comunidad, de modo que, junto a sus peculiares obligaciones c?vicas, pol?ticas, sociales y culturales, puedan encontrar tiempo y disponibilidad para la vida pastoral. ?Queridos Sanmarinenses! Permanezcan firmemente fieles al patrimonio construido en los siglos sobre el impulso de sus grandes Patronos, Marino y Le?n. Invoco la bendici?n de Dios sobre su camino de hoy y de ma?ana y a todos los encomiendo "a la gracia del Se?or Jesucristo, al amor de Dios y a la comuni?n del Esp?ritu Santo" (2Cor 13,11). ?Am?n!

[Traducci?n del original italiano por Guillermo Ortiz, SJ - Radio Vaticano
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Habla el Papa
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