Domingo, 10 de julio de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los j?venes de San Marino-Montefeltro, a quienes encontr? en la plaza de la catedral de Pennabilli (R?mini) en la tarde del domingo 19 de Junio de 2011.

?Queridos j?venes!

Estoy muy contento de estar hoy entre vosotros y con vosotros. Siendo toda vuestra alegr?a y el entusiasmo que caracterizan vuestra edad. Saludo y doy las gracias a vuestro obispo, monse?or Luigi Negri, por las cordiales palabras de acogida, y a vuestro amigo que se ha hecho int?rprete de los pensamientos y los sentimientos de todos, y que ha formulado algunas preguntas muy serias e importantes. Espero que en el transcurso de esta exposici?n m?a se hallen tambi?n los elementos para encontrar las respuestas a estas preguntas. Saludo con afecto a los sacerdotes, a las religiosas, a los animadores que comparten con vosotros el camino de la fe y de la amistad; y naturalmente tambi?n a vuestros padres, que gozan al veros crecer fuertes en el bien.

Nuestro encuentro aqu? en Pennabilli, ante esta catedral, coraz?n de la di?cesis, y en esta Plaza, nos remite con el pensamiento a los numerosos y diversos encuentros de Jes?s que nos narran los evangelios. Hoy quisiera recordar el c?lebre episodio en el que el Se?or estaba en camino y uno ? un joven ? corri? a su encuentro y, arrodill?ndose, le plante? esta pregunta: ?Maestro bueno, ?qu? debo hacer para heredar la Vida eterna?" (Mc 10,17). Nosotros hoy quiz?s no lo dir?amos as?, pero el sentido de la pregunta es precisamente: qu? tengo que hacer, c?mo debo vivir para vivir realmente, para encontrar la vida. Por tanto, dentro de este interrogante podemos ver contenida la amplia y variada experiencia humana que se abre en busca del significado, del sentido profundo de la vida: c?mo vivir, para qu? vivir. La ?vida eterna?, de hecho, a la que hace referencia ese joven del Evangelio no indica solamente la vida despu?s de la muerte, no quiere s?lo saber c?mo llegar al cielo. Quiere saber: c?mo debo vivir ahora para tener ya la vida que despu?s podr? ser eterna. Por tanto en esta pregunta este joven manifiesta la exigencia de que la existencia cotidiana encuentre sentido, encuentre plenitud, encuentre verdad. El hombre no puede vivir sin esta b?squeda de la verdad sobre s? mismo ? qu? soy, para qu? debo vivir ? verdad que empuje a abrir el horizonte y a ir m?s all? de lo material, no para huir de la realidad, sino para vivirla de modo a?n m?s verdadero, m?s rico de sentido y de esperanza, y no s?lo en la superficialidad. Y creo que ?sta ? y lo he visto y o?do en las palabras de vuestro amigo ? es tambi?n vuestra experiencia. Los grandes interrogantes que llevamos dentro de nosotros permanecen siempre, renacen siempre: ?quienes somos?, ?de d?nde venimos? ?para qu? vivimos? Y estas preguntas son el signo m?s alto de la trascendencia del ser humano y de la capacidad que tenemos de no quedarnos en la superficie de las cosas. Y es precisamente mir?ndonos a nosotros mismos con verdad, con sinceridad y con valor como intuimos la belleza, pero tambi?n la precariedad de la vida, y sentimos una insatisfacci?n, una inquietud que nada concreto consigue llenar. Al final, todas las promesas se muestran a menudo insuficientes.

Queridos amigos, os invito a tomas conciencia de esta sana y positiva inquietud, a no tener miedo de plantearos las preguntas fundamentales sobre el sentido y el valor de la vida. No os qued?is en las respuestas parciales, inmediatas, ciertamente m?s f?ciles en el momento y m?s c?modas, que pueden dar alg?n momento de felicidad, de exaltaci?n, de ebriedad, pero que no dan la verdadera alegr?a de vivir, la que nace de quien construye ? como dice Jes?s ? no sobre la arena sino sobre la s?lida roca. Aprended entonces a reflexionar, a leer de modo no superficial, sino en profundidad vuestra experiencia humana: ?descubrir?is, con sorpresa y con alegr?a, que vuestro coraz?n es una ventana abierta al infinito! Esta es la grandeza del hombre y tambi?n su dificultad. Una de las ilusiones producidas en el curso de la historia es la de pensar que el progreso t?cnico-cient?fico, de modo absoluto, habr?a podido dar respuestas y soluciones a todos los problemas de la humanidad. Y vemos que no es as?. En realidad, aunque eso hubiese sido posible, nada ni nadie habr?a podido borrar las preguntas m?s profundas sobre el significado de la vida y de la muerte, sobre el significado del sufrimiento, de todo, porque estas preguntas est?n inscritas en el alma humana, en nuestro coraz?n, y sobrepasan la esfera de las necesidades. El hombre, tambi?n en la era del progreso cient?fico y tecnol?gico ? que nos ha dado tanto ? sigue siendo un ser que desea m?s, m?s que la comodidad y el bienestar, sigue siendo un ser abierto a la verdad entera de la existencia, que no puede detenerse en las cosas materiales, sino que se abre a un horizonte mucho m?s amplio. Todo esto vosotros lo experiment?is continuamente cada vez que os pregunt?is: ?pero por qu?? Cuando contempl?is un ocaso, o una m?sica mueve en vosotros el coraz?n y la mente; cuando experiment?is qu? significa amar de verdad; cuando sent?s fuertemente el sentido de la justicia y de la verdad, y cuando sent?s tambi?n la falta de justicia, de verdad y de felicidad.

Queridos j?venes, la experiencia humana es una realidad que nos une a todos, pero a ?sta se pueden dar diversos niveles de significado. Y es aqu? donde se decide de qu? forma orientar la propia vida y se elige a qui?n confiarla, a qui?n confiarse. El riesgo es siempre el de permanecer prisioneros en el mundo de las cosas, de lo inmediato, de lo relativo, de lo ?til, perdiendo la sensibilidad por lo que se refiere a nuestra dimensi?n espiritual. No se trata en absoluto de despreciar el uso de la raz?n o de rechazar el progreso cient?fico, al contrario; se trata m?s bien de comprender que cada uno de nosotros no est? hecho s?lo de una dimensi?n "horizontal", sino que comprende tambi?n la "vertical". Los datos cient?ficos y los instrumentos tecnol?gicos no pueden sustituir al mundo de la vida, a los horizontes del significado y de la libertad, a la riqueza de las relaciones de amistad y de amor.

Queridos j?venes, es precisamente en la apertura a la verdad entera de nosotros, de nosotros mismos y del mundo donde advertimos la iniciativa de Dios hacia nosotros. ?l sale al encuentro de cada hombre y le hace conocer el misterio de su amor. En el Se?or Jes?s, que muri? por nosotros y nos ha dado el Esp?ritu Santo, hemos sido hechos incluso part?cipes de la vida misma de Dios, pertenecemos a la familia de Dios. En ?l, en Cristo, pod?is encontrar las respuestas a las preguntas que acompa?an vuestro camino, no de modo superficial, f?cil, sino caminando con Jes?s, viviendo con Jes?s. El encuentro con Cristo no se resuelve en la adhesi?n a una doctrina, a una filosof?a, sino que lo que ?l os propone es compartir su misma vida, y as? aprender a vivir, aprender qu? es el hombre, qu? soy yo. A ese joven, que le hab?a preguntado qu? hacer para entrar en la vida eterna, es decir, para vivir de verdad, Jes?s le responde, invit?ndolo a separarse de sus bienes y a?ade: "?Ven! ?S?gueme!" (Mc 10,21). La palabra de Cristo muestra que vuestra vida encuentra significado en el misterio de Dios, que es Amor: un Amor exigente, profundo, que va m?s all? de la superficialidad. ?Qu? ser?a de vuestra vida sin ese amor? Dios cuida del hombre desde la creaci?n hasta el final de los tiempos, cuando llevar? a cumplimiento su proyecto de salvaci?n. En el Se?or Resucitado tenemos la certeza de nuestra esperanza. Cristo mismo, que descendi? a las profundidades de la muerte y est? resucitado, es la esperanza en persona, es la Palabra definitiva pronunciada sobre nuestra historia, es una palabra positiva.

No tem?is afrontar las situaciones dif?ciles, los momentos de crisis, las pruebas de la vida, porque el Se?or os acompa?a, est? con vosotros. Os animo a crecer en la amistad con ?l a trav?s de la lectura frecuente del Evangelio y de toda la Sagrada Escritura, la participaci?n fiel en la Eucarist?a como encuentro personal con Cristo, el compromiso dentro de la comunidad eclesial, el camino con un gu?a espiritual v?lido. Transformados por el Esp?ritu Santo podr?is experimentar la aut?ntica libertad, que es tal cuando est? orientada al bien. De este modo vuestra vida, animada por una continua b?squeda del rostro del Se?or y por la voluntad sincera de donaros a vosotros mismos, ser? para muchos coet?neos vuestros un signo, una llamada elocuente a hacer que el deseo de plenitud que est? en todos nosotros se realice finalmente en el encuentro con el Se?or Jes?s. ?Dejad que el misterio de Cristo ilumine toda vuestra persona! Entonces podr?is llevar en los diversos ambientes esa novedad que puede cambiar las relaciones, las instituciones, las estructuras para construir un mundo m?s justo y solidario, animado por la b?squeda del bien com?n. ?No ced?is a l?gicas individualistas y ego?stas! Que os conforte el testimonio de tantos j?venes que han llegado a la meta de la santidad: pensad en santa Teresa del Ni?o Jes?s, santo Domingo Savio, santa Maria Goretti, el beato Pier Giorgio Frassati, el beato Alberto Marvelli ? que es de esta tierra ? y tantos otros, desconocidos para nosotros, pero que vivieron su tiempo en la luz y en la fuerza del Evangelio y que encontraron la respuesta: c?mo vivir, qu? tengo que hacer para vivir.

Como conclusi?n de este encuentro, quiero confiar a cada uno de vosotros a la Virgen Mar?a, Madre de la Iglesia. Que como ella, pod?is pronunciar y renovar vuestro ?s? y proclamar siempre la grandeza del Se?or con vuestra vida, porque ?l os da palabras de vida eterna. ?nimo entonces, queridos y queridas, en vuestro camino de fe y de vida cristiana tambi?n yo estoy siempre cerca de vosotros y os acompa?o con mi Bendici?n. ?Gracias por vuestra atenci?n!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:20  | Habla el Papa
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