Domingo, 10 de julio de 2011

(ZENIT) Con ocasi?n de la solemnidad del Corpus Christi, algunas Iglesias del orbe cat?lico, como es el caso de Espa?a, celebran el D?a de la caridad, poniendo de manifiesto la dimensi?n social de la Eucarist?a que conjuga perfectamente el mandato del Se?or: ?Haced esto en memoria m?a? con el imperativo ?Dadles vosotros de comer?. Esto es, proyectarnos hacia la pr?ctica de un amor activo y concreto con cada ser humano, como? consecuencia del sacramento recibido. La caridad es la virtud m?s excelente, por la que somos reconocidos como disc?pulos de Jes?s. ?Muchas cosas ser?n necesarias para el caminar hist?rico de la Iglesia en este nuevo milenio, pero si faltara la caridad (?gape) todo ser?a in?til (cf. Juan Pablo II, NMI nn? 49-50).

En la actualidad,? sucede? que mientras las instituciones y organizaciones de caridad y asistencia a los pobres de la Iglesia cat?lica son muy reconocidas por la opini?n p?blica, el termino caridad parece devaluado en una sociedad que vive de espalda a la concepci?n cristiana del Dios Amor (cf.? Benedicto XVI, Deus Caritas est? nn? 31-32).

As? pues, nos encontramos? con los viejos t?picos de identificar caridad con paternalismo y actitudes similares, otros ven la caridad como contraposici?n a la justicia, ignorando que el amor que nace de la gracia divina supera las fronteras de la mera justicia distributiva. Por ?ltimo, est?n los laicistas m?s radicales, los cuales manifiestan que la visi?n cristiana del amor al pr?jimo es un menosprecio de la dignidad humana en cuanto entienden que queda reducida a? mero instrumento para demostrar el amor a Dios.

Estos desenfoques son productos, por una parte, la secularizaci?n de la vida cristiana que se da en algunos sectores de la Iglesia. Por otra, de la innegable animadversi?n cultural hacia la propuesta cristiana. De ah?, que estemos en tiempos de crecer en interioridad y dejar a un lado los complejos y temores frente a una modernidad atea; apostando valientemente por aquello que es esencial en el cristianismo: la caridad.

La fe en el ?Dios que es Amor, predica Amor, y env?a Amor?, ?crea en nosotros el amor con que amamos a Dios y al pr?jimo. Como dice San Juan: ??l nos am? primero? (1Jn 4,10). Este amor? ?no nace de la carne o de la sangre?, ni es fruto de nuestros actos, sino que es un don de Dios. Ello, no nos aparta de la amistad con los hombres, sino que, por el contrario, nos lleva necesariamente a ella, generando nuevas y primordiales exigencias. Por eso mismo,? amamos a nuestros semejantes no por lo que tienen o por su grupo de pertenencia o por sus carencias, del tipo que sean; les amamos porque son imagen y presencia privilegiada de Dios en lo que constituye su ser personal.

En la conocida par?bola del Buen samaritano (Cf. Lc 10, 25-37), el Divino? Maestro deja claro? que el pr?jimo -?el pr?ximo!- no es solamente el compatriota, sino todo hombre, sin l?mite de raza ni religi?n. No es quien m?s lo merece, sino quien m?s necesita de nosotros. No son las personas que escogemos, sino las que el Se?or pone cada momento en nuestras vidas. No son s?lo los seres queridos, a los que de hecho nos hallamos cercanos, es todo hombre con el que nos crucemos. Es a este ser humano concreto, al que? debemos? acoger y? socorrer como hermano.

Esta es la caridad que debe empapar las actuaciones de cualquier bautizado, cu?nto m?s? la? de los sacerdotes, consagrados y la de todo colaborador social cristiano. Porque se presenta como el ?nico modo de amar al otro por lo que realmente es y le constituye esencialmente en su verdad m?s profunda.

Adem?s, no se deber?a olvidar que desde Jesucristo el amor a nuestros semejantes tiene un ?plus? de humanidad porque la caridad cristiana alcanza hasta? amar incluso a nuestros enemigos: ?porque, si am?is a los que os aman, ?Qu? recompensa merec?is? ?No hacen tambi?n eso los publicanos?? (Mt 5,46). ??Hay un amor m?s noble y sublime que aquel que nos ha tra?do Cristo, Caridad del Padre?

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*Monse?or Juan del R?o Mart?n es el arzobispo castrense de Espa?a


Publicado por verdenaranja @ 20:26  | Hablan los obispos
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