Martes, 19 de julio de 2011

ZENIT? nos ofrece la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci?el jueves 23?de Junio de 2011?durante la Misa celebrada en San Juan de Letr?n, en la solemnidad del?Corpus Christi?o?Corpus Domini, antes de la procesi?n que recorri? la V?a Merulana hasta Santa Mar?a la Mayor.

?Queridos hermanos y hermanas!

La fiesta del Corpus Domini es inseparable a la del Jueves Santo, de la Misa de Caena Domini, en la que celebramos solemnemente la instituci?n de la Eucarist?a. Mientras que en la noche del Jueves Santo se revive el misterio de Cristo que se ofrece a nosotros en el pan partido o en el vino derramado, hoy, en la celebraci?n del Corpus Domini, este misterio se ofrece a la adoraci?n y a la meditaci?n del Pueblo de Dios, y el Sant?simo Sacramento es llevado en procesi?n por las calles de las ciudades y de los pueblos, para manifestar que Cristo resucitado camina en medio de nosotros y nos gu?a hacia el Reino de los Cielos.

Lo que Jes?s nos ha dado en la intimidad del Cen?culo, hoy lo manifestamos abiertamente, porque el amor de Cristo no est? reservado a algunos pocos, sino que est? destinado a todos. En la Misa en Caena Domini del pasado Jueves Santo destaqu? que en la Eucarist?a sucede la transformaci?n de los dones de esta tierra -el pan y el vino- con el fin de transformar nuestra vida e inaugurar as? la transformaci?n del mundo. Esta tarde quisiera retomar este perspectiva.

Todo parte, se podr?a decir, del coraz?n de Cristo, que en la ?ltima Cena, en la vigilia de su pasi?n, agradeci? y alab? a Dios y, de esta manera, con la potencia de su amor, transform? el sentido de la muerte a la que iba a enfrentarse. El hecho de que el Sacramento del altar haya asumido el nombre de ?Eucarist?a? -?acci?n de gracias?- expresa exactamente esto: que la transformaci?n de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, es fruto del don que Cristo ha hecho de s? mismo, don de un Amor m?s fuerte que la muerte, Amor Divino que lo ha hecho resucitar de entre los muertos. Esta es la raz?n por la que la Eucarist?a es alimento de vida eterna, Pan de la vida. Del coraz?n de Cristo, desde su ?oraci?n eucar?stica? hasta la vigilia de la pasi?n, viene este dinamismo que transforma la realidad en sus dimensiones c?smicas, humanas e hist?ricas. Todo procede de Dios, de la omnipotencia de su Amor Uno y Trino, encarnado en Jes?s. En este Amor est? inmerso el coraz?n de Cristo; por esto sabe agradecer y alabar a Dios incluso frente a la traici?n y a la violencia, y en este modo cambia las cosas, las personas y el mundo.

Esta transformaci?n es posible gracias a una comuni?n m?s fuerte que la divisi?n, la comuni?n de Dios mismo. La palabra ?comuni?n?, que nosotros usamos para designar la Eucarist?a, reasume en s? mismo la dimensi?n vertical y la horizontal del don de Cristo. Es muy bella y elocuente la expresi?n ?recibir la comuni?n? referida al hecho de comer el Pan eucar?stico. En efecto, cuando realizamos este acto, entramos en comuni?n con la vida misma de Jes?s, en el dinamismo de esta vida que se da a nosotros y por nosotros. Desde Dios, a trav?s de Jes?s, hasta llegar a nosotros: una ?nica comuni?n se transmite en la Santa Eucarist?a. Lo hemos escuchado hace poco, en la Segunda Lectura, de las palabras del ap?stol Pablo dirigidas a los cristianos de Corinto: ??La copa de bendici?n que bendecimos, ?no es acaso comuni?n con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ?no es comuni?n con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese ?nico pan.(1 Cor 10,16-17).

San Agust?n nos ayuda a comprender la din?mica de la comuni?n eucar?stica cuando hace referencia a una especie de visi?n que tuvo, en la que Jes?s le dice: ?Yo soy el alimento de los fuertes. Crece y me tendr?s. T? no me transformar?s en ti, como el alimento del cuerpo, sino que ser? t? el transformado en m? (Conf. VII, 10, 18). Mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucarist?a se trata de un Pan diferente: no somos nosotros los que lo asimilamos, sino que nos asimila a s?, as? nos convertimos conforme a Jesucristo, miembros de su cuerpo, una sola cosa con ?l. Esta fase es decisiva. De hecho, exactamente porque es Cristo el que, en la comuni?n eucar?stica, nos transforma a s?, nuestra individualidad , en este encuentro, se abre, liberada de su egocentrismo y inscrita en la Persona de Jes?s, que a su vez est? inmerso en la comuni?n trinitaria. As? la eucarist?a, mientras que nos une a Cristo, nos abre a los dem?s, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somo una sola cosa en ?l. La comuni?n eucar?stica me une a la persona que tengo al lado, y con la que, quiz?s, ni siquiera tengo una buena relaci?n, y tambi?n nos une a los hermanos que est?n lejos, en todas las partes del mundo. De aqu?, de la Eucarist?a, deriva, por tanto, el sentido profundo de la presencia social de la Iglesia, como testifican los grandes Santos sociales, que fueron siempre grandes almas eucar?sticas. Quien reconoce a Jes?s en la Hostia Santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es forastero, desnudo, enfermo, encarcelado; y est? atento a todas las personas, se compromete, de modo concreto, por todos los que tienen necesidad. Del don del amor de Cristo proviene, por tanto, nuestra especial responsabilidad de cristianos en la construcci?n de una sociedad solidaria, justa y fraterna. Especialmente en nuestra ?poca, en la que la globalizaci?n nos hace, cada vez m?s, dependientes los unos de los otros, el Cristianismo puede y debe hacer que esta unidad no se construya sin Dios, es decir, si en el Verdadero Amor, lo que dar?a lugar a la confusi?n, al individualismo, y la opresi?n de todos contra todos. El Evangelio mira desde siempre a la unidad de la familia humana, una unidad no impuesta por las alturas, ni por intereses ideol?gico o econ?micos, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros, porque nos reconocemos miembros de un mismo cuerpo, del cuerpo de Cristo, porque hemos aprendido y aprendemos constantemente por el Sacramento del Altar que la comuni?n, el amor es la v?a de la verdadera justicia.

Volvemos ahora al acto de Jes?s en la ?ltima Cena. ?Qu? sucedi? en ese momento? Cuando ?l dijo: Este es mi cuerpo que he dado por vosotros, esta es mi sangre derramada por vosotros y por todos los hombres, ?Qu? sucede? Jes?s en este gesto anticipa el suceso del Calvario. ?l acepta por amor toda la pasi?n, con su sufrimiento y su violencia, hasta la muerte de cruz; acept?ndola de este modo, la transforma en una acto de donaci?n. Esta es la transformaci?n que el mundo necesita, porque lo redime desde el interior, lo abre a las dimensiones del Reino de los cielos.. Pero esta renovaci?n del mundo, Dios quiere realizarla siempre a trav?s de la misma v?a seguida por Cristo, este camino, que es ?l mismo. No hay nada de m?gico en el Cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a trav?s de la l?gica humilde y paciente de la semilla de grano que se parte para dar la vida, la l?gica de la fe que mueve las monta?as con el suave poder de Dios. Por esto quiere continuar renovando la humanidad, la historia y el cosmos, a trav?s de esta cadena de transformaciones, de la que la Eucarist?a es el sacramento. Mediante el pan y el vino consagrados, en los que est?n realmente presentes su Cuerpo y su Sangre, Cristo nos transforma, asimil?ndonos a ?l: nos implica en su obra de redenci?n, haci?ndonos capaces, por la gracia del Esp?ritu Santo, de vivir seg?n su misma l?gica de donaci?n, como semillas de grano unidos a ?l y en ?l. As? se siembran y van madurando en los surcos de la historia, la unidad y la paz, que son el fin al que tendemos, seg?n el dise?o de Dios.

Sin ilusiones, sin utop?as ideol?gicas, nosotros caminamos por los caminos del mundo, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Se?or, como la Virgen Mar?a en el misterio de la Visitaci?n. Con la humildad de sabernos simples semillas de grano, custodiamos la firme certeza de que el amor de Dios, encarnado en Cristo, es m?s fuerte que el mal, que la violencia y que la muerte. Sabemos que Dios prepara para todos los hombres, cielos nuevos y tierra nueva, en la que reinan la paz y la justicia, y en la fe entrevemos el mundo nuevo, que es nuestra verdadera patria. Tambi?n esta tarde, mientras se pone el sol sobre nuestra amada ciudad de Roma, nosotros nos ponemos en camino: con nosotros est? Jes?s Eucarist?a, el Resucitado, que dijo ?yo estar? siempre con vosotros hasta el fin del mundo? (Mt 28, 20). ?Gracias, Se?or Jes?s! Gracias por tu fidelidad, que sostiene nuestra esperanza. Qu?date con nosotros, porque se hace de noche. ?Buen Pastor, verdadero Pan, ?Oh Jes?s! ?Piedad de nosotros; alim?ntanos, defi?ndenos, ll?vanos a los bienes eternos, en la tierra de los vivos! Am?n.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:07  | Habla el Papa
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