Mi?rcoles, 20 de julio de 2011

Homil?a del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la solemnidad del Corpus Christi (25 de junio de 2011). (AICA)

SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI??????????

Ne dissolvamini, manducate vinculum vestrum; ne vobis viles videamini, bibite pretium vestrum.?(San Agustin, Sermo 228 B. In Sollemnitate Sanctissimi Corporis et Sanguinis Christi, ad Officium lectionis).?

Dice el Se?or en el Evangelio que acabamos de escuchar: ?Les aseguro que si no comen mi carne y no beben mi sangre no tienen vida en ustedes?. Y, en el Oficio de Lecturas del Corpus, hay una ant?fona muy hermosa que nos puede ayudar a meditar esta frase del Se?or. Es de San Agust?n y dice as?: ?Coman el v?nculo que los mantiene unidos, no sea que se disgreguen; beban el precio de su redenci?n, no sea que se desvaloricen? (Serm?n 228 B).

F?jense lo que dice Agust?n: el Cuerpo de Cristo es el v?nculo que nos mantiene unidos, la Sangre de Cristo, el precio que pag? para salvarnos, es el signo de lo valioso que somos. Por eso: comamos el Pan de Vida que nos mantiene unidos como hermanos, como Iglesia, como pueblo fiel de Dios. Bebamos la Sangre con la que el Se?or nos mostr? cu?nto nos quiere. Y as? manteng?monos en comuni?n con Jesucristo, no sea que nos disgreguemos, no sea que nos desvaloricemos, que nos despreciemos.

Esta invitaci?n tambi?n se?ala un hecho real de nuestros corazones porque cuando una persona o una sociedad sufren la disgregaci?n y la desvalorizaci?n, seguro que en el fondo de su coraz?n les falta paz y alegr?a, m?s bien anida la tristeza. La desuni?n y el menosprecio son hijos de la tristeza.

La tristeza, es un mal propio del? esp?ritu del mundo, y el remedio es la alegr?a. Esa alegr?a que s?lo el Esp?ritu de Jes?s da y que da de manera tal que nada ni nadie nos la puede quitar.

Jes?s alegra el coraz?n de las personas: ?se fue el anuncio de los ?ngeles a los pastores: ?No teman, porque les anuncio una gran alegr?a, que lo ser? para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Se?or; y esto les servir? de se?al: encontrar?n un ni?o envuelto en pa?ales y acostado en un pesebre? (Lc 2, 10-12).

La salvaci?n que trae Jes?s consiste en el perd?n de los pecados, pero no es un perd?n acotado hasta ah? nom?s; va m?s all?: se trata de la alegr?a del perd?n, porque ?habr? m?s alegr?a en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversi?n? (Lc 15, 7). El perd?n no termina en el olvido ni en la reparaci?n sino en el derroche de amor de la fiesta que el Padre Misericordioso hace para recibir a su hijo que regresa.

Y las relaciones sociales que brotan de esta alegr?a son relaciones de justicia y de paz; no de una justicia vengativa del ojo por ojo que aplaca el odio pero deja el alma vac?a y muerta e impide seguir caminando por la vida. La justicia del Reino brota de un coraz?n que ha sabido ?recibir al Se?or con alegr?a? como Zaqueo y desde esa plenitud decide devolver lo robado y compensar a todo aqu?l con el que ha sido injusto.

La presencia de Jes?s siempre contagia alegr?a. Si miramos la alegr?a que se apodera de los disc?pulos al ver al Se?or Resucitado vemos que es tan grande que ?les imped?a creer? y entonces el Se?or les pide algo de comer (Lc 24, 41): centra esa alegr?a en la comuni?n de la mesa, en el compartir. El Papa tiene una reflexi?n muy linda y dice que Lucas utiliza una palabra especial para hablar de c?mo Jes?s resucitado congrega a los suyos: los junta ?comiendo con ellos la sal?. En el Antiguo Testamento juntarse a comer en com?n pan y sal, o tambi?n s?lo sal, sirve para sellar s?lidas alianzas (Nm 18, 19). La sal es garant?a de durabilidad. El comer la sal de Jes?s Resucitado es signo de la Vida incorruptible que nos trae. Esa sal de la Vida, esa sal que es pan consagrado compartido en la Eucarist?a es s?mbolo de la alegr?a de la Resurrecci?n. Los cristianos compartimos la ?Sal de la Vida? del Resucitado y esa sal impide que nos corrompamos, impide que nos disgreguemos y que nos desvaloricemos. Pero si la sal pierde su sabor ?con qu? se la volver? a salar?

?La alegr?a del Evangelio, la alegr?a del perd?n, la alegr?a de la justicia, la alegr?a de ser comensales del Resucitado! Cuando dejamos que el Esp?ritu nos re?na junto a la mesa del altar, su alegr?a cala hondo en nuestro coraz?n y los frutos de la unidad y del aprecio entre hermanos brotan espont?neamente y de mil maneras creativas.

?Comamos el Pan de Vida: es nuestro v?nculo de uni?n, com?moslo, no sea que nos disolvamos, que nos desvinculemos?

Bebamos la Sangre de Cristo que es nuestro precio, no sea que nos desvaloricemos, nos depreciemos!

?Qu? hermosa manera de sentir y gustar la Eucarist?a! La sangre de Cristo, la que derram? por nosotros, nos hace ver cu?nto valemos. Como porte?os, a veces nos valoramos mal, primero nos creemos los mejores del mundo y luego pasamos a despreciarnos, a sentir que en este pa?s no se puede, y as? vamos de un lado a otro. La sangre de Cristo nos da la verdadera autoestima, la autoestima en la fe: valemos mucho a los ojos de Jesucristo. No porque seamos m?s o menos que otros pueblos, sino que valemos porque hemos sido y somos muy amados.

Tambi?n es una tentaci?n muy nuestra la de desunirnos, la de hacer internas de todo tipo, la de cortarnos solos? Pero a la vez late fuerte en nuestro coraz?n un anhelo muy grande de uni?n, el deseo de ser un solo pueblo, abierto a todas las razas y a todos los hombres de buena voluntad. La unidad se enraiza ?en nuestro coraz?n y cuando la cultivamos con el di?logo, con la justicia y la solidaridad, es fuente de mucha alegr?a. La Eucarist?a es fuente de unidad. Comamos este Pan, no sea que nos disgreguemos, que nos anarquicemos, que vivamos enfrentados en mil grupitos distintos.

Le pedimos a Mar?a que nos guarde de las plagas de la dispersi?n y del ?desprecio: son frutos agrios de corazones tristes. Le pedimos a nuestra Madre, Causa de nuestra alegr?a, como dice una de sus Letan?as m?s lindas, que nos haga saborear el Pan de la Alianza, el Cuerpo de su Hijo, para que nos mantenga unidos en la fe, cohesionados en la fidelidad, unificados en una misma esperanza. Le pedimos a nuestra Madre que le recuerde a Jes?s las veces que ?no tenemos vino?, para que la alegr?a de Can? inunde los corazones de nuestra ciudad haci?ndonos sentir cu?nto valemos, cu?n preciosos somos a los ojos de Dios que no dud? en pagar el precio alt?simo de su Sangre derramada para salvarnos de todas las tristezas, de todos los males y ser as?, para los que lo amamos, fuente de perenne alegr?a.?

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 25 de junio de 2011?


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Hablan los obispos
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