Jueves, 21 de julio de 2011

Homil?a de monse?or Jos? Mar?a Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, en la solemnidad del Corpus Christi (25 de junio de 2011). (AICA)

EUCARIST?A, CAMINO Y VIDA DE LA FAMILIA??????????????

Queridos Hermanos:

Nos hemos reunido para celebrar con gozo y gratitud el ?sacramento de nuestra fe?, que es Jesucristo presente en la Eucarist?a. No nos convoca una idea, nos convoca la presencia viva de Jesucristo como Pan de Vida, centro de nuestra comuni?n y fuerza misionera de la Iglesia. Ella es pan que nos alimenta en nuestro camino y v?nculo de comuni?n eclesial. Es presencia que nos fortalece y es anticipo que nos hace gustar la plenitud de nuestra esperanza. En la Eucarist?a nuestro tiempo es tiempo de Dios. Ella no nos saca del mundo, nos consagra en la verdad (cfr. Jn. 17, 15) y mantiene viva nuestra vocaci?n en el mundo.

Qu? triste cuando la celebraci?n de la Eucarist?a dominical se privatiza en un acto de piedad individual, y no nos hace part?cipes en la vida y misi?n de la Iglesia. No venimos a Misa s?lo a cumplir con un precepto, venimos a participar y testimoniar nuestra condici?n de miembros de Cristo en la vida de la Iglesia. No es coherente la imagen de una vida de fe que se alimenta de la Eucarist?a, y la realidad de comunidades apost?licamente d?biles. Desde la participaci?n en la Eucarist?a deber?amos revisar el nivel de nuestra presencia en la vida de nuestras comunidades. Qu? esta celebraci?n, Se?or, al tiempo que fortalece nuestra alabanza a Dios, renueve nuestro compromiso con un Evangelio asumido y vivido.

La vivencia eucar?stica que da sentido a la vida cristiana, adquiere una fuerza particular cuando hablamos de la Familia. Eucarist?a y Familia, aunque las podamos distinguir, pertenecen al proyecto de Dios. As? como la Eucarist?a tiene su fuente? en el amor del Padre que: ?tanto am? al mundo, que le entreg? a su Hijo ?nico? (Jn. 3, 16); as? tambi?n la Familia pertenece a ese mismo designio creador y redentor de Dios. Hay una unidad en el plan de Dios que nos permite comprender la din?mica salv?fica de su proyecto. Todo ha sido creado por Cristo y todo ha sido redimido por ?l. A ese ?todo? creador pertenece la Familia. Por ello, es necesario contemplarla desde esa mirada ?nica y providencial de Dios, que se ha hecho Evangelio de Vida en Jesucristo.

Esto significa no s?lo que la fuente de la Familia est? en el proyecto de Dios sino que la Eucarist?a es, en ese mismo plan y para ella, presencia viva de Jesucristo. As?, la Eucarist?a, sostiene su verdad y realizaci?n en el tiempo. La Eucarist?a no es un lujo, es una necesidad. Este contemplar a la Familia desde Dios que ama y no abandona a sus hijos, debe llevar a los esposos a descubrir la Eucarist?a como un don para ellos. Cu?nta riqueza se percibe en la catequesis familiar cuando los padres descubren en ella, esa presencia viva del Se?or que cada domingo se renueva para alabanza de Dios y nuestro alimento en la Santa Misa. La Eucarist?a los hace testigos de ?Vida Nueva para sus hijos.

La Familia es ?Santuario de la vida?, pero no la due?a de la vida. En el misterio de la vida naciente los esposos participan del amor creador de Dios. Este nuevo ser est? llamado a un encuentro personal con Jesucristo y tiene, desde su concepci?n, un destino trascendente. El contemplar la vida humana desde su origen y destino, nos hace comprender tanto su verdad como nuestra responsabilidad. Cada ser concebido es un ser ?nico para quien ha sido enviado Jesucristo. Vivimos, lamentablemente, una cultura que va vaciando de sentido la relaci?n y el compromiso de los esposos, en su misi?n insustituible de trasmitir y cuidar la vida. Ellos son el ?mbito providencial para acompa?ar la vida. Debilitar la Familia es empobrecer el crecimiento integral de nuestros ni?os y comprometer el futuro de la sociedad. Su defensa y promoci?n es un acto de valoraci?n y respeto por los esposos, de justicia con la vida y de responsabilidad pol?tica en la construcci?n de la sociedad.

En este contexto de gratitud a Dios por el don de la Eucarist?a no puedo dejar de referirme, y de lamentarme, por el tema del aborto y la ofensa a la vida. Con cu?nta ligereza se trata la vida del ser concebido, como su ulterior desarrollo. Cuando se pierde respeto por la vida naciente, se debilita la conciencia de gravedad moral y la capacidad de respuesta frente a otros ataques que esa misma vida sufre. El tema del aborto compromete el nivel de una cultura. No se trata de un tema privado ajeno a las leyes de la sociedad. Por el contrario, la vida es un hecho p?blico que exige la tutela jur?dica por parte del Estado. La coherencia de la fe no admite dudas, donde hay vida existe un nuevo ser que reclama su primer derecho. Ante posibles dificultades habr? que buscar soluciones, pero nunca el aborto ser? una soluci?n justa y humana.

Pienso, tambi?n, en el desarrollo de esta vida en la que muchos chicos no llegan a participar de los bienes de la sociedad. Entre estos males vemos la pobreza, que en mundo urbano y globalizado, es antesala de marginalidad con sus tristes consecuencias. No podemos negar los esfuerzos que se hacen y valorarlos, pero estamos ante un acto de equidad que compromete a la sociedad. Pienso, adem?s, en el tema de la droga que avanza y destruye la vida, ante un silencio c?mplice y la impotencia de la autoridad. En la violencia y la inseguridad que son expresiones de una sociedad que no ha prestado atenci?n a la cultura del trabajo y al mundo de los valores, descuidando los ?mbitos donde ellos se viven y trasmiten, especialmente la familia y la escuela. Veo el crecimiento desmedido del juego que es ganancia de pocos, con peque?as d?divas que tranquilizan la conciencia p?blica. Parecer?a que pretendemos construir un futuro sin referencias o contenidos que lo orienten, entreteni?ndonos en un presente sin horizontes, creando, as?, un estado de vac?o y orfandad cultural que compromete el crecimiento, especialmente de quienes menos recursos y defensas tienen. ?

Queridos hermanos, hemos venido a testimoniar nuestra fe en la presencia real de Jesucristo. El ha querido quedarse con nosotros como Pan de Vida que sostiene nuestro caminar. Nos hemos detenido a considerar desde la Eucarist?a, y en el marco del plan de Dios, el don de la Vida y la verdad de la Familia. Al caer la tarde queremos decirte, Se?or, como los disc?pulos de Ema?s: ?Qu?date con nosotros, porque te necesitamos? (cfr. Lc. 24, 28); pero tambi?n decirte que queremos ser parte de una Iglesia viva y comprometida que sea para el hombre de hoy: ?un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando? (P. E. Vb). La Iglesia espera de nuestra generosa participaci?n. Sabemos que nos has dicho: ?No tengan miedo, yo estar? siempre con ustedes? (Mt. 28, 20). Esta certeza que se apoya en tu Palabra, es la que renueva hoy nuestra esperanza. Que Mar?a Sant?sima, Nuestra Madre de Guadalupe, nos acompa?e y nos ense?e a ser d?ciles al camino de su Hijo, Nuestro Se?or Jesucristo. Am?n.??

Mons. Jos? Mar?a Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz?


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Homil?as
 | Enviar