Viernes, 22 de julio de 2011

ZENIT? nos? presenta la declaraci?n publicada el lunes 27 de Junio de 2011 con motivo del ?Proyecto de ley reguladora de los derechos de la persona ante el proceso final de la vida?, aprobada por la CCXX Comisi?n Permanente de la Conferencia Episcopal Espa?ola, el 22 de junio de 2011.

1?????????????? En Espa?a, como en otros lugares del mundo occidental, se discute y se legisla des?de hace a?os acerca del mejor modo de afrontar la muerte como corresponde a ese momento tan delicado y fundamental de la vida humana. La actualidad de la cuesti?n viene dada por di?versos motivos. Es posible que el m?s determinante de ellos se halle en los avances de la me?dicina, que si, por una parte, han permitido alargar el tiempo de la vida, por otra, ocasionan con frecuencia situaciones complejas en los momentos finales, en las que se ha hecho m?s dif?cil distinguir entre lo natural y lo artificial, entre el dolor inevitable y el sufrimiento debido a determinadas intervenciones de las nuevas t?cnicas m?dicas. Adem?s, la mayor frecuencia con la que las personas llegan a edades avanzadas, en situaciones de debilidad, ha replantea?do tambi?n la cuesti?n del sentido de la vida humana en esas condiciones.

2?????????????? En diversas ocasiones que demandaban una palabra de clarificaci?n a este respec?to, a la luz del Evangelio de la vida y de los derechos fundamentales de la persona, la Confe?rencia Episcopal ha hecho o?r su voz a trav?s de sus diferentes organismos (1). Los principios b?sicos de la doctrina cat?lica sobre ?el Evangelio de la vida humana?, en todos sus aspectos y, por tanto, tambi?n en los referentes al ?respeto y cuidado de la vida humana doliente y terminal? se hallan luminosamente sintetizados en el tercer cap?tulo de la Instrucci?n Pastoral de la Asamblea Plenaria titulada La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (2).

3?????????????? El Gobierno de la Naci?n ha aprobado el pasado d?a 17 de junio un ?Proyecto de Ley Reguladora de los Derechos de la Persona ante el Proceso Final de la Vida? que aborda por primera vez esta cuesti?n en una posible norma para toda Espa?a (3). Deseamos hacer p?blica nuestra valoraci?n del mismo para contribuir al necesario y pausado debate p?blico sobre una cuesti?n de tanta relevancia y para ayudar a los cat?licos y a todos los que deseen escuchar?nos a formarse un juicio ponderado y acorde con el Evangelio y con los derechos fundamenta?les del ser humano.

4?????????????? Con este prop?sito, recordamos primero sucintamente los principios b?sicos del Evangelio de la vida y ofrecemos luego nuestra valoraci?n del Proyecto a la luz de tales princi?pios.

PARTE PRIMERA El Evangelio de la vida: la vida de cada persona es sagrada, tambi?n cuando es d?bil, sufriente o se encuentra al final de su tiempo en la tierra; las leyes han de proteger siempre su dignidad y garantizar su cuidado (4)

La dignidad de la vida humana y su car?cter sagrado

5?????????????? Cuando hablamos de dignidad humana, nos referimos al valor incomparable de ca?da ser humano concreto. Cada vida humana aparece ante nosotros como algo ?nico, irrepeti?ble e insustituible; su valor no se puede medir en relaci?n con ning?n objeto, ni siquiera por comparaci?n con ninguna otra persona; cada ser humano es, en este sentido, un valor absolu?to.

6?????????????? La revelaci?n de Dios en Jesucristo nos desvela la ?ltima raz?n de ser de la sublime dignidad que posee cada ser humano, pues nos manifiesta que el origen y el destino de cada hombre est? en el Amor que Dios mismo es. (...) Los seres humanos no somos Dios, no somos dioses, somos criaturas finitas. Pero Dios nos quiere con ?l. Por eso nos crea: sin motivo algu?no de mera raz?n, sino, por pura generosidad y gratuidad, desea hacernos part?cipes libres de su vida divina, es decir, de su Amor eterno. La vida humana es, por eso, sagrada.

Dignificaci?n del sufrimiento y de la muerte, frente a falsos criterios de ?calidad de vi?da? y de ?autonom?a? del paciente

7?????????????? Cuando la existencia se rige por los criterios de una ?calidad de vida? definida princi?palmente por el bienestar subjetivo medido s?lo en t?rminos materiales y utilitarios, las pala?bras ?enfermedad?, ?dolor? y ?muerte? no pueden tener sentido humano alguno. Si a esto a?a?dimos una concepci?n de la libertad como mera capacidad de realizar los propios deseos, [sin referencia al bien objetivo], entonces no es extra?o que, en esas circunstancias, se pretenda justificar e incluso exaltar el suicidio como si fuera un acto humano responsable y hasta heroi?co. La vuelta a la legitimaci?n social de la eutanasia, fen?meno bastante com?n en las culturas paganas precristianas, se presenta hoy, con llamativo individualismo antisocial, como un acto m?s de la elecci?n del individuo sobre lo suyo: en este caso, sobre la propia vida carente ya de ?calidad?.

8?????????????? El Evangelio de la vida fortalece a la raz?n humana para entender la verdadera dig?nidad de las personas y respetarla. Unidos al misterio pascual de Cristo, el sufrimiento y la muerte aparecen iluminados por la luz de aquel Amor originario, el amor de Dios, que, en la Cruz y Resurrecci?n del Salvador, se nos revela m?s fuerte que el pecado y que la muerte. De este modo, la fe cristiana confirma y supera lo que intuye el coraz?n humano: que la vida es capaz de desbordar sus precarias condiciones temporales y espaciales, porque es, de alguna manera, eterna. Jesucristo resucitado pone ante nuestros ojos asombrados el futuro que Dios ofrece a la vida de cada ser humano: la glorificaci?n de nuestro cuerpo mortal.

9. La esperanza de la resurrecci?n y la Vida eterna nos ayuda no s?lo a encontrar el sentido oculto en el dolor y la muerte, sino tambi?n a comprender que nuestra vida no es comparable a ninguna de nuestras posesiones. La vida es nuestra, somos responsables de ella, pero propiamente no nos pertenece. Si hubiera que hablar de un ?propietario? de nuestra vida, ?se ser?a quien nos la ha dado: el Creador. Pero ?l tampoco es un due?o cualquiera. ?l es la Vida y el Amor. Es decir, que nuestro verdadero Se?or?‐?gracias a Dios!‐no es nuestro peque??o ?yo?, fr?gil y caduco, sino la Vida y el Amor eternos. No es razonable que queramos con?vertirnos en due?os de nuestras vidas. Lo sabe nuestra raz?n, que conoce la existencia de bie?nes indisponibles para nosotros, como, por ejemplo, la libertad, y, en la base de todos ellos, la vida misma. La fe ilumina y robustece este saber.

10. La vida humana tiene un sentido m?s all? de ella misma por el que vale la pena en?tregarla. El sufrimiento, la debilidad y la muerte no son capaces, de por s?, de privarla de sen?tido. Hay que saber integrar esos lados oscuros de la existencia en el sentido integral de la vi?da humana. El sufrimiento puede deshumanizar a quien no acierta a integrarlo, pero puede ser tambi?n fuente de verdadera liberaci?n y humanizaci?n. No porque el dolor ni la muerte sean buenos, sino porque el Amor de Dios es capaz de darles un sentido. No se trata de elegir el dolor o la muerte sin m?s. Eso es justamente lo que los deshumanizar?a. Lo que importa es vivir el dolor y la muerte misma como actos de amor, de entrega de la Vida a Aquel de quien la hemos recibido. Ah? radica el verdadero secreto de la dignificaci?n del sufrimiento y de la muerte.

La muerte no debe ser causada (no a la eutanasia), pero tampoco absurdamente re?trasada (no al encarnizamiento terap?utico)

11. Hemos de renovar la condena expl?cita de la eutanasia como contradicci?n grave con el sentido de la vida humana. Rechazamos la eutanasia en sentido verdadero y propio, es decir, ?una acci?n o una omisi?n que por su naturaleza y en la intenci?n causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor? (5). En cambio, no son eutanasia propiamente dicha y, por tan?to, ?no son moralmente rechazables acciones y omisiones que no causan la muerte por su propia naturaleza e intenci?n. Por ejemplo, la administraci?n adecuada de calmantes (aunque ello tenga como consecuencia el acortamiento de la vida) o la renuncia a terapias despropor?cionadas (al llamado encarnizamiento terap?utico), que retrasan forzadamente la muerte a costa del sufrimiento del moribundo y de sus familiares. La muerte no debe ser causada, pero tampoco absurdamente retrasada? (6).

Es posible redactar un ?testamento vital?

12. Respondiendo a los criterios enunciados, la Conferencia Episcopal ofreci? en su momento un modelo de manifestaci?n anticipada de voluntad, que presentamos de nuevo, como ap?ndice de esta declaraci?n, en redacci?n actualizada. Quienes desearan firmar un do?cumento de este tipo podr?n encontrar en este ?testamento vital? un modelo acorde con la doctrina cat?lica y con los derechos fundamentales de la persona, lo cual no siempre es as? en otros modelos.

La legalizaci?n expresa o encubierta de la eutanasia, en realidad va en contra de los m?s d?biles

13. La legalizaci?n de la eutanasia es inaceptable no s?lo porque supondr?a la legiti?maci?n de un grave mal moral, sino tambi?n porque crear?a una intolerable presi?n social so?bre los ancianos, discapacitados o incapacitados y todos aquellos cuyas vidas pudieran ser consideradas como ?de baja calidad? y como cargas sociales; conducir?a?‐como muestra la ex?periencia?‐a verdaderos homicidios, m?s all? de la supuesta voluntariedad de los pacientes, e introducir?a en las familias y las instituciones sanitarias la desconfianza y el temor ante la de?preciaci?n y la mercantilizaci?n de la vida humana.

El objetivo de la legislaci?n sobre el final de la vida ha de ser garantizar el cuidado del moribundo, en lugar de recurrir a falsos criterios de ?calidad de vida? y de ?autonom?a? para, en realidad, desproteger su dignidad y su derecho a la vida.

14. La complejidad creciente de los medios t?cnicos hoy capaces de alargar la vida de los enfermos y de los mayores crea ciertamente situaciones y problemas nuevos que es nece?sario saber valorar bien en cada caso. Pero lo m?s importante, sin duda, es que el esfuerzo grande que nuestra sociedad hace en el cuidado de los enfermos, crezca todav?a m?s en el respeto a la dignidad de cada vida humana. La atenci?n sanitaria no puede reducirse a la sola t?cnica, ha de ser una atenci?n a la vez profesional y familiar.

15. En nuestra sociedad, que cada d?a tiene mayor proporci?n de personas ancianas, las instituciones geri?tricas y sanitarias?‐especialmente las unidades de dolor y de cuidados paliativos?‐han de estar [bien dotadas] y coordinadas con las familias y ?stas, por su parte, ya que son el ambiente propio y originario del cuidado de los mayores y de los enfermos, han de recibir el apoyo social y econ?mico necesario para prestar este impagable servicio al bien com?n. La familia es el lugar natural del origen y del ocaso de la vida. Si es valorada y recono?cida como tal, no ser? la falsa compasi?n, que mata, la que tenga la ?ltima palabra, sino el amor verdadero, que vela por la vida, aun a costa del propio sacrificio.

Denunciar la posible legalizaci?n encubierta de la eutanasia es un deber moral y de?mocr?tico

16. Cuando afirmamos que es intolerable la legalizaci?n abierta o encubierta de la eu?tanasia, no estamos poniendo en cuesti?n la organizaci?n democr?tica de la vida p?blica, ni estamos tratando de imponer una concepci?n moral privada al conjunto de la vida social. Sos?tenemos sencillamente que las leyes no son justas por el mero hecho de haber sido aprobadas por las correspondientes mayor?as, sino por su adecuaci?n a la dignidad de la persona huma?na.

17. No identificamos el orden legal con el moral. Somos, por tanto, conscientes de que, en ocasiones, las leyes, en aras del bien com?n, tendr?n que tolerar y regular situaciones y conductas desordenadas. Pero esto no podr? nunca ser as? cuando lo que est? en juego es un derecho fundamental, como es el derecho a la vida. Las leyes que toleran e incluso regulan las violaciones del derecho a la vida son gravemente injustas y no deben ser obedecidas. Es m?s, esas leyes ponen en cuesti?n la legitimidad de los poderes p?blicos que las elaboran y aprueban. Es necesario denunciarlas y procurar, con todos los medios democr?ticos disponi?bles, que sean abolidas, modificadas o bien, en su caso, no aprobadas.

El derecho a la objeci?n de conciencia

18. En un asunto tan importante ha de quedar claro, tambi?n legalmente, que las per?sonas que se pueden ver profesionalmente implicadas en situaciones que conllevan ataques ?legales? a la vida humana, tienen derecho a la objeci?n de conciencia y a no ser perjudicadas de ning?n modo por el ejercicio de este derecho. Ante el vac?o legal existente, se hace m?s necesaria hoy la regulaci?n de este derecho fundamental.

PARTE SEGUNDA Un Proyecto que podr?a suponer una legalizaci?n encubierta de pr?cticas eutan?si?cas y que no tutela bien el derecho fundamental de libertad religiosa

Intenci?n laudable: proteger la dignidad de la persona en el final de la vida sin despe?nalizar la eutanasia

19. El texto que valoramos persigue una finalidad ciertamente positiva: ?La presente Ley tiene por objeto asegurar la protecci?n de la dignidad de las personas en el proceso final de la vida? (art. 1), concretamente, de quienes se encuentran en situaci?n terminal o de ago?n?a (art. 2).

20. Con este fin, se propone ?garantizar el pleno derecho de (la) libre voluntad? (art.1) de las personas que se hallan en esa situaci?n, sin alterar para ello ?la tipificaci?n penal vigen?te de la eutanasia o suicidio asistido? (Exp. de motivos).

Enfoque unilateral: la supuesta autonom?a absoluta del paciente

21. Sin embargo, una concepci?n de la autonom?a de la persona, como pr?cticamente absoluta, y el peso que se le da a tal autonom?a en el desarrollo de la Ley acaban por desvir?tuar la intenci?n declarada y por sobrepasar el l?mite propuesto de no dar cabida a la eutana?sia.

22. En efecto, la ?inequ?voca afirmaci?n y salvaguarda de la autonom?a de la voluntad de los pacientes? (E.d.m.), a quienes se otorga el ?derecho a decidir libremente sobre las in?tervenciones y el tratamiento a seguir? (art. 4), conduce a que se les conceda la capacidad de ?rechazar las intervenciones y los tratamientos propuestos por los profesionales, aun en los casos en que esta decisi?n pudiera tener el efecto de acortar su vida o ponerla en peligro in?minente? (art. 6. 1).

23. Como este planteamiento constituye la espina dorsal de la argumentaci?n del An?teproyecto, quedan inevitablemente fuera de su atenci?n determinadas distinciones y limita?ciones que son fundamentales para la tutela efectiva de la dignidad de la persona y de su de?recho a la vida. Es m?s, el propio concepto de dignidad humana queda tambi?n negativamen?te afectado, puesto que parece sostenerse impl?citamente que una vida humana podr?a care?cer de dignidad tutelable en el momento en el que as? lo dispusiera aut?nomamente la parte interesada e incluso eventualmente un tercero (7).

Definici?n reductiva del concepto de eutanasia

24. Entre las cuestiones carentes de suficiente precisi?n se encuentra el concepto mismo de eutanasia o suicidio asistido, concebidos como ?la acci?n de causar o cooperar acti?vamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro? (E.d.m., seg?n el C?digo Penal), por petici?n de quien padece una enfermedad mortal o graves y permanentes padecimientos. Con esta definici?n reductiva, centrada s?lo en las acciones directas, se deja abierta la puerta a las omisiones voluntarias que pueden causar la muerte o que buscan de modo directo su aceleraci?n. As? lo confirman otras disposiciones concretas, encaminadas a legalizar tales omi?siones.

Conductas eutan?sicas a las que se dar?a cobertura legal

25. Entre las conductas eutan?sicas que se legalizar?an con esta Ley est?, en primer lugar, la posible sedaci?n inadecuada. El Anteproyecto establece que las personas que se hallen en el proceso final de su vida tienen derecho ?a recibir, cuando lo necesiten, sedaci?n paliativa, aunque ello implique un acortamiento de la vida? (art. 11. 2c). M?s adelante, en el art. 17. 2, se somete la sedaci?n a criterios de proporcionalidad. Sin embargo, ya el hecho de que la administraci?n de la sedaci?n resulte apropiada o no es algo que depende del juicio m?dico y no de la voluntad del paciente, lo cual no queda claro en este texto que consagra el tratamiento espec?fico de la sedaci?n como un ?derecho? de este ?ltimo. Adem?s, no queda tampoco claro el modo en que la proporcionalidad sea aplicada a la sedaci?n, condici?n nece?saria para que no se use de hecho como un medio para causar la muerte.

26. En segundo lugar, el abandono terap?utico o la omisi?n de los cuidados debidos tambi?n podr?an tener cobertura legal si este Proyecto se convirtiera en Ley. La obligaci?n moral de no interrumpir las curas normales debidas al enfermo no aparece afirmada en el tex?to. ?ste se contenta con establecer las ?actuaciones sanitarias que garanticen su debido cui?dado y bienestar? (art. 17, 2) como ambiguo l?mite del derecho de los pacientes a rechazar tratamientos y de la correlativa obligaci?n de los profesionales de la salud de reducir el es?fuerzo terap?utico. Entre los aspectos que han de incluirse en el ?debido cuidado? se hallan siempre la alimentaci?n y la hidrataci?n. Pero el texto tampoco contempla estos cuidados ne?cesarios, dejando as? abierta la puerta a conductas eutan?sicas por omisi?n de cuidados debi?dos. Cuando el Anteproyecto dispone que es necesario evitar ?la adopci?n o el mantenimiento de intervenciones y medidas de soporte vital carentes de utilidad cl?nica? (17. 2), permanece en una ambig?edad de consecuencias morales y jur?dicas graves al no definir en qu? consisten esas ?medidas de soporte vital?, que pueden ser apropiadas o no serlo.

Los profesionales de la sanidad, reducidos a ejecutores de la voluntad de los pacientes, a quienes ni siquiera les es reconocido el derecho de objeci?n de conciencia

27. En su excesivo empe?o por tutelar la autonom?a de los pacientes, el Proyecto con?vierte a los m?dicos y dem?s profesionales de la sanidad pr?cticamente en meros ejecutores de las decisiones de aquellos: ?Los profesionales sanitarios est?n obligados a respetar la vo?luntad manifestada por el paciente sobre los cuidados y el tratamiento asistencial que desea recibir en el proceso final de su vida, en los t?rminos establecidos en esta Ley? (16. 1). Parece que estos profesionales tienen s?lo obligaciones y no derechos, de los que nunca se habla. Pe?ro los profesionales de la sanidad tambi?n tienen el derecho de que sean respetadas sus opi?niones y actuaciones cuando, de acuerdo con una buena pr?ctica m?dica, buscan el mejor tra?tamiento del paciente en orden a promover su salud y su cuidado. Tienen derecho a que no se les impongan criterios o actuaciones que resulten contrarios a la finalidad b?sica del acto m?dico, que es siempre el cuidado del enfermo. Un buen texto legal en esta materia habr?a de conciliar los derechos de los pacientes con los de los m?dicos. Cada uno tiene su propia res?ponsabilidad en la alianza terap?utica que se ha de establecer entre ambos si se quiere conse?guir la relaci?n adecuada entre el enfermo y el m?dico. No puede ser que ?ste quede exone?rado de toda responsabilidad moral y legal, como parece indicarse (art. 15. 3) y que aqu?l re?sulte habilitado para tomar pr?cticamente cualquier decisi?n. Resulta muy significativo a este ?ltimo respecto que la Disposici?n adicional primera de este Proyecto, al ordenar una nueva redacci?n del art?culo 11 de la Ley de autonom?a del paciente, de 2002, suprima el p?rrafo que establece que ?no ser?n aplicadas las instrucciones previas [del paciente] contrarias al orde?namiento jur?dico, a la lex artis, ni las que no se correspondan con el supuesto de hecho que el interesado haya previsto en el momento de manifestarlas?. Desaparece, por tanto, el criterio de la lex artis?‐o buena pr?ctica m?dica?‐como l?mite a la absoluta autonom?a del paciente terminal.

28. El Proyecto no alude en ning?n momento al derecho a la objeci?n de conciencia que deber?a reconocerse y garantizarse al personal sanitario en su mayor amplitud posible. Tambi?n habr?a de constar que el ideario cat?lico de un centro sanitario ser? debidamente respetado.

Mal tratado el derecho humano de libertad religiosa

29. En las enfermedades graves y m?s a?n en cuando se acerca la muerte, las perso?nas se encuentran por lo general especialmente necesitadas y deseosas de asistencia religiosa. Se trata de un hecho coherente con la naturaleza religiosa del ser humano que encuentra su reflejo en las correspondientes constataciones sociol?gicas.

30. Sin embargo, el presente Proyecto ni siquiera menciona el derecho fundamental de libertad religiosa, como es reconocido por la Constituci?n en su art?culo 16. 1. Esto es algo llamativo, porque la naturaleza propia de las situaciones que regula est?n cargadas?‐como acabamos de apuntar?‐de hondos significados religiosos y exigir?an ya de por s? ser tratadas en un marco legal que explicite y tutele positivamente ese derecho fundamental. Pero adem?s, la mencionada ausencia resulta todav?a menos explicable si se recuerda que el enfoque adopta?do por el texto es el del m?ximo desarrollo de los derechos fundamentales de la persona que se halla en las circunstancias citadas (8).

31. En cambio, el texto legal proyectado formula un nuevo derecho al que llama ?de?recho al acompa?amiento? (art. 12), dentro el cual incluye una denominada ?asistencia espiri?tual o religiosa? de la que se dice que los pacientes ?tendr?n derecho recibir(la)? si ellos se la ?procuran?, de acuerdo con sus convicciones y creencias, y ?siempre que ello resulte compati?ble con el conjunto de medidas sanitarias necesarias para ofrecer una atenci?n de calidad?.

32. El derecho de libertad religiosa, en cuanto derecho humano fundamental y prima?rio, no puede ser reducido por una Ley a la mera tolerancia de la pr?ctica religiosa, como aqu? se hace, sometida adem?s de modo absoluto a condicionamientos jur?dicos indeterminados y en manos de terceros (la compatibilidad con el ?conjunto de medidas sanitarias?). Una Ley justa y acorde con la Constituci?n en este punto deber?a prever el reconocimiento del derecho de libertad religiosa de modo expl?cito y positivo. Que los pacientes tengan derecho al ejerci?cio de sus convicciones religiosas supone que el Estado, por su parte, ha de garantizar y favo?recer el ejercicio de ese derecho fundamental, sin perjuicio de su justa laicidad.

33. A este respecto se deber?a hacer menci?n gen?rica de los Acuerdos internaciona?les o Convenios de colaboraci?n con las confesiones religiosas, en el derecho transitorio, es?pecificando que la asistencia religiosa se realizar? en el marco de tales instrumentos jur?dicos. En el caso particular de la Iglesia cat?lica, es aqu? pertinente el art?culo IV del Acuerdo sobre Asuntos Jur?dicos.

Otras carencias del Proyecto

34. No quedan suficientemente claras en este texto otras cuestiones de no poca rele?vancia, que nos limitamos a enumerar. El significado de ?deterioro extremo? (E. d. m.), no pa?rece que pueda calificar siempre una fase terminal. La informaci?n a la que se tiene derecho debe ser ?clara y comprensible?, se dice en el art. 5.1., pero habr?a que a?adir que deber?a ser continuamente actualizada y verificada respecto de su efectiva comprensi?n. A los menores emancipados o con 16 a?os cumplidos se les otorga la misma capacidad de decidir sobre sus tratamientos que a los mayores de edad, lo cual va en detrimento de la responsabilidad de los padres (cf. art. 7). El art?culo 16 protege poco al enfermo de posibles intereses injustos de familiares y profesionales a la hora de valorar su incapacidad de hecho. En el art?culo 20 se di?ce que los comit?s de ?tica asistencial ?podr?n acordar protocolos de actuaci?n para garanti?zar la aplicaci?n efectiva de lo previsto en esta Ley?, siendo as? que, por estatutos, dichos co?mit?s tienen car?cter s?lo consultivo.

Conclusiones

35. Sintetizamos como sigue nuestra valoraci?n de Proyecto de Ley objeto de esta De?claraci?n:

1. El Proyecto pretende dar expresi?n a un nuevo enfoque legal que supere un enfo?que asistencialista y d? paso a otro basado en el reconocimiento de los derechos de la persona en el contexto de las nuevas situaciones creadas por los avances de la medicina. Pero no lo consigue.

2. No logra garantizar, como desea, la dignidad y los derechos de las personas en el proceso del final de su vida temporal, sino que deja puertas abiertas a la legaliza?ci?n de conductas eutan?sicas, que lesionar?an gravemente los derechos de la per?sona a que su dignidad y su vida sean respetadas.

3. El err?neo tratamiento del derecho fundamental de libertad religiosa supone un retroceso respecto de la legislaci?n vigente.

4. Ni siquiera se alude al derecho a la objeci?n de conciencia, que deber?a reconocer?se y garantizarse al personal sanitario.

5. La indefinici?n y la ambig?edad de los planteamientos lastran el Proyecto en su conjunto, de modo que, de ser aprobado, conducir?a a una situaci?n en la que los derechos de la persona en el campo del que se trata estar?an peor tutelados que con la legislaci?n actual.

Con esta declaraci?n queremos contribuir a una convivencia m?s humana en nuestra sociedad, la cual s?lo puede darse cuando las leyes reconocen los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana y tutelan el ejercicio efectivo de los mismos.

NOTAS

(!) Comisi?n Episcopal para la Doctrina de la Fe, Sobre la eutanasia (15 de abril de 1986); Comit? Episco?pal para la Defensa de la Vida, La eutanasia. Cien cuestiones y respuestas (14 de febrero de 1993); Co?misi?n Permanente, Declaraci?n La eutanasia es inmoral y antisocial (18 de febrero de 1998). En: L. M. Vives Soto (Ed.), La vida humana, don precioso de Dios. Documentos de la Conferencia Episcopal Espa??ola sobre la vida 1974‐2006, Edice, Madrid 2006, 235‐340; tambi?n en:www.conferenciaepiscopal.es/(Secci?n Documentos)

(2) LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola, Instr. Past. La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (27 de abril de 2001), esp. Cap?tulo 3, ?El Evangelio de la vida humana?. En: Bolet?n Oficial de la Conferencia Episcopal Espa?ola 16 (2001) 12‐60; y en: L. M. Vives Soto (Ed.), o. c., 45‐63; tambi?n en:www.conferenciaepiscopal.es(Secci?n Documentos)

(3)Existen ya normas emanadas de cuerpos legislativos auton?micos sobre las que se han pronunciado en su momento los obispos de esos lugares. As?, sobre el ?Proyecto de Ley de Derechos y Garant?as de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerte?, de la Junta de Andaluc?a, los Obispos de Andaluc?a publicaron una Nota el 22 de febrero de 2010; y sobre la ?Ley de Derechos y Garant?as de la Dignidad de la Persona en el Proceso de Morir y de la Muerte?, del Parlamento de Arag?n, los obispos de Arag?n publicaron una Carta Pastoral el 24 de abril de 2011.

(4) En toda esta primera parte seguimos casi siempre literalmente el tercer cap?tulo de la Instrucci?n Pas?toral de la LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola, La familia, santuario de la vi?da y esperanza de la sociedad (27 de abril de 2001), n?meros 101 al 128.

(5) Juan Pablo II, Carta Enc. Evangelium vitae, 65.

(6) Comisi?n Permanente de la Conferencia Episcopal Espa?ola, Declaraci?n La eutanasia es inmoral y an?tisocial, 6.

(7)En la Exposici?n de motivos se dice expl?citamente que ?el proceso final de la vida, concebido como un final pr?ximo e irreversible, eventualmente doloroso? ser?a tambi?n ?lesivo de la dignidad de quien lo padece?; una afirmaci?n que no s?lo resulta antropol?gicamente inaceptable, sino tambi?n posible?mente contraria a la Constituci?n.

(8)La Exposici?n de motivos del Proyecto se refiere a la Constituci?n espa?ola, donde ?sta reconoce va?rios derechos fundamentales como la dignidad (art. 10), la vida y la integridad f?sica (art. 15) o la intimi?dad (art. 18. 1) e incluso la salud (art. 43), que, atendiendo a la sistem?tica constitucional, no es ya un derecho fundamental, sino un principio rector de la pol?tica social y econ?mica.

AP?NDICE

Testamento vital

A mi familia, a mi m?dico, a mi sacerdote, a mi notario:

Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los trata?mientos m?dicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta declaraci?n sea considera?da como expresi?n formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento.

Considero que la vida en este mundo es un don y una bendici?n de Dios, pero no es el valor supremo y absoluto. S? que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.

Por ello, yo, el que suscribe, pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situa?ci?n cr?tica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos despropor?cionados; que no se me aplique la eutanasia (ning?n acto u omisi?n que por su naturaleza y en su intenci?n me cause la muerte) y que se me administren los tratamientos adecuados pa?ra paliar los sufrimientos.

Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. De?seo poder prepararme para este acontecimiento en paz, con la compa??a de mis seres queri?dos y el consuelo de mi fe cristiana, tambi?n por medio de los sacramentos.

Suscribo esta declaraci?n despu?s de una madura reflexi?n. Y pido que los que teng?is que cuidarme respet?is mi voluntad. Designo para velar por el cumplimiento de esta voluntad, cuando yo mismo no pueda hacerlo, a............ Faculto a esta misma persona para que, en este supuesto, pueda tomar en mi nombre, las decisiones pertinentes. Para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaraci?n.

Nombre y apellidos: Firma: Lugar y fecha:


Publicado por verdenaranja @ 23:34  | Hablan los obispos
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