S?bado, 23 de julio de 2011

Homil?a de monse?or Mario Cargnello, arzobispo de Salta, en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Se?or (Salta, 26 de junio de 2011). (AICA)

CORPUS CHRISTI??????

Celebramos la solemnidad del Sant?simo Cuerpo y de la Sant?sima Sangre del Se?or. La liturgia de este d?a proclama en la primera lectura un texto del libro del Deuteronomio que nos remite a la dura y ?spera experiencia del desierto del Sina?, experiencia vivida en su origen mismo por el Pueblo de Dios. Lugar de hambre y de sed, de peligros y de inseguridades. Se trata de un espacio en el que el hombre no puede sobrevivir por sus solas fuerzas.?Acu?rdate del largo camino que el Se?or, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta a?os. All? ?l te afligi? y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu coraz?n y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos? (Deut. 8,2).

Se trata de la experiencia de la pobreza existencial que anida en la ra?z de la condici?n humana y que se expresa de muchas formas, sea en la pobreza material sea en la pobreza espiritual, en las esclavitudes de las que somos concientes y en aquellas que no advertimos o no aceptamos. Ense?a el querido Benito XVI que una de las pobrezas m?s hondas que el hombre puede experimentar es la soledad... Tambi?n las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar. Con frecuencia son provocadas por el rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerraz?n del hombre en s? mismo, o porque piensa que es autosuficiente o porque se ve como un hecho insignificante y pasajero, se ve como un extranjero en un universo que se ha formado por casualidad. El hombre se aliena cuando vive solo o se aleja de la realidad, cuando renuncia a pensar y creer en un fundamento [1].

Esta experiencia de soledad que enajena nos golpea fuertemente en nuestro presente. Se expresa en la autosuficiencia del prepotente que se a?sla en un castillo impenetrable excluyendo a muchos (a veces a multitudes); se manifiesta en tantos de nuestros j?venes o mayores que al no encontrar sentido en sus vidas se evaden en el mundo del alcohol, de las drogas o de tantas adicciones que los esclavizan hasta matarlos. Esta experiencia se expresa en las dolorosas rupturas de tantos matrimonios y familias que no encuentran capacidad de interrelaci?n y cargan un sufrimiento que grava sobre el matrimonio y sobre los hijos. Esta experiencia aparece en el rostro de tantos ni?os tristes y solos que son tironeados por la vida ya desde su infancia. Esta experiencia tiene tantas manifestaciones...

?La criatura humana ?ense?a Benito XVI- se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto m?s las vive de manera aut?ntica, tanto m?s madura tambi?n en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aisl?ndose sino poni?ndose en relaci?n con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental. Esto vale tambi?n para los pueblos". [2]. Necesitamos devolver transparencia, identidad y dignidad a nuestras relaciones, a las relaciones familiares ?es necesario que los padres sean padres, las madres sean madres y los hijos sean hijos- y a las relaciones sociales para poder sanar el mundo de la econom?a, de la pol?tica, de la cultura, del deporte. Necesitamos ver al otro como persona y no como cliente, o como art?culo utilitario u objeto de placer. Necesitamos renovar nuestro coraz?n para poder mirar y hablar con honestidad, sin segundas intenciones.

Como el Pueblo de Dios en el desierto tenemos que recordar que es Dios el fundamento de nuestra existencia y el sost?n de nuestras relaciones.? ?l nos conduce por los desiertos de la vida, ?l nos hace salir de Egipto hacia la verdadera libertad. ?l hace brotar el agua de la vida y alimenta con el man?. ?l nos muestra que ?la unidad de la familia humana no anula de por s? a las personas, los pueblos o las culturas, sino que los hace transparentes los unos con los otros, m?s unidos en su leg?tima diversidad? [3] .

Para recrear en la condici?n humana y sus relaciones en lo m?s profundo de su ser Dios nos dio a su Hijo, su Palabra que se hizo carne y nos dio a comer su carne. ?Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes?, dice el Se?or resucitado [4]. Y Pablo nos recuerda en la primera carta a los corintios: ?La copa de bendici?n que bendecimos ?no es acaso comuni?n con la Sangre de Cristo?. Y el pan que partimos ?no es comuni?n con el Cuerpo de Cristo?? [5]. En la Eucarist?a se recrea lo m?s hondo de nuestras relaciones, porque ella es ?el pan vivo bajado del cielo? (Jn 6,51), es ?la carne para la vida del mundo? (id). En la Eucarist?a, pan de los ?ngeles, Dios nos asocia a su propia realidad de comuni?n: ?para que sean uno como nosotros somos uno? (Jn 17,22).

En la Eucarist?a la Trinidad sant?sima va transformando nuestras relaciones. All? se descubre que la apertura al otro no es dispersi?n alienante sino compenetraci?n profunda. Esto se manifiesta en las experiencias humanas del amor y de la verdad. Esto transforma las relaciones del esposo y la esposa en el matrimonio-aqu? descubrimos una de las razones de la necesidad de la Misa dominical en familia-; devuelve verdad a la amistad; transparencia a la econom?a; sentido del bien com?n a la pol?tica; santidad y dignidad a toda persona humana. Desde la Eucarist?a Dios nos va dignificando como personas, anim?ndonos en la prueba, fortaleci?ndonos en la existencia. Sin ella, los cristianos no podemos, no somos. Desde ella, la vida es comienzo de vida plena, aurora de resurrecci?n. Esto es as? porque ?el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y Yo lo resucitar? en el ?ltimo d?a? (Jn 6, 58).

La Eucarist?a transforma nuestras vidas y las modela seg?n el estilo de Jes?s. ?La espiritualidad eucar?stica no es solamente participaci?n? en la Misa y devoci?n al Sant?simo Sacramento, abarca la vida entera...Hoy se necesita redescubrir que Jesucristo no es una simple convicci?n privada o una doctrina abstracta, sino una persona real cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos. Por eso la Eucarist?a , como fuente y culmen de la vida y de la misi?n de la Iglesia , se tiene que traducir en espiritualidad, en vida seg?n el Esp?ritu" [6].

Esta vida eucar?stica se expresa en un estilo eclesial y comunitario. Nuestra arquidi?cesis, nuestras parroquias, las comunidades eclesiales, las instituciones, los movimientos, las comunidades religiosas, todos tenemos el deber de ofrecer? una contribuci?n espec?fica para que los cristianos reconozcamos que pertenecemos al Se?or. ?El cristianismo, desde sus comienzos, supone siempre una compa??a, una red de relaciones vivificadas continuamente por la escucha de la Palabra, la Celebraci?n eucar?stica y animadas por el Esp?ritu Santo". [7]

Pero la fuerza del sacramento y su capacidad de transformar las relaciones trasciende el ?mbito de la Iglesia. Nos capacita para nuevos tipos de relaciones sociales. No puedo tener a Cristo s?lo para m?; ?nicamente puedo pertenecerle en uni?n con todos los que son suyos o lo ser?n. La Eucarist?a transforma en vida el esfuerzo de los cristianos por la justicia, la reconciliaci?n y el perd?n. El sacrificio de Cristo es misterio de liberaci?n que nos interpela y provoca continuamente. Celebrar la Eucarist?a nos compromete a ?denunciar las circunstancias que van contra la dignidad del hombre, por el cual Cristo ha derramado su sangre, afirmando as? el valor tan alto de cada persona?. [8]

El Se?or Jes?s, Pan de vida eterna, nos apremia a estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todav?a gran parte de la humanidad. Atentos a estas situaciones debemos hacernos cargo, desde el estilo eucar?stico, del grave problema que significa sanar y alimentar ?la capacidad moral global de la sociedad. Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepci?n, la gestaci?n y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigaci?n, la conciencia com?n acaba perdiendo el concepto de ecolog?a humana. Es una contradicci?n pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educaci?n y las leyes no las ayudan a respetarse a s? mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible en todos sus ?mbitos y afecta al desarrollo humano integral" [9].

Celebrando el Corpus Christi, de cara a nuestra comunidad, a nuestro pa?s, a este mundo que es nuestra casa, hemos de asumir la tarea de recrear los v?nculos en nuestra familia, en nuestra parroquia, en nuestro barrio, en la naci?n. La gran tarea es ayudarnos a formar nuestra conciencia como lugar de escucha de la verdad y del bien, lugar de la responsabilidad ante Dios y ante los hermanos. La conciencia bien formada, atenta al bien y a la verdad y no deformada porque se mide por la conveniencia utilitaria, la conciencia bien formada es la fuerza m?s s?lida contra cualquier dictadura. Como cristianos debemos darle a la Argentina del bicentenario esa contribuci?n: que nuestras familias, nuestras parroquias, nuestras escuelas sean espacios donde se aprende el sentido de la comunidad fundada en el don, no en el inter?s econ?mico o en la ideolog?a, sino en el amor, que es la principal fuerza impulsora del aut?ntico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad [10].

Que el Pan de los ?ngeles nos haga disc?pulos misioneros fuertes en esta magn?fica y desafiante tarea.??

Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta




[1] Cfr. BENITO XVI, Caritas in veritate, 53

[2] Id. 53.

[3] Ibidem.

[4] F?rmula de la consagraci?n eucar?stica.

[5] 1 Cor 10, 16 ?segunda lectura-.

[6] BENITO XVI, Sacramentum Caritatis, 77

[7] Ibidem, 76.

[8] Ibidem, 79.

[9] Cfr. C?ritas in veritate, 51.

[10] Cfr. BENITO XVI, Discurso a los representantes de la sociedad civil de Croacia, L?Osservatore Romano ?edici?n espa?ola-, 12 de junio 2011, p 4.

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Publicado por verdenaranja @ 23:34  | Homil?as
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