Lunes, 25 de julio de 2011

Homil?a de monse?or Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la misa de San Pedro y San Pablo (29 de junio de 2011). (AICA)

ORDENACIONES SACERDOTALES????????????

Queridos hermanos:

Celebramos la Misa de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, una de las fiestas m?s antiguas del a?o lit?rgico; y que el pueblo de Dios recuerda con fervor.

Tambi?n celebramos con gratitud a Dios los sesenta a?os de la ordenaci?n sacerdotal del Santo Padre Benedicto XVI, que fue ordenado providencialmente en este d?a y que hoy celebra su aniversario como Obispo de Roma y como sucesor de San Pedro. Nos unimos al Santo Padre en una feliz acci?n de gracias junto con los sacerdotes y los fieles, por su testimonio y entrega a lo largo de estos a?os.

En esta Misa celebramos las Ordenaciones sacerdotales de cuatro di?conos de nuestra Arquidi?cesis de Rosario, D. Silvio Daniel Almar?s de la Parroquia Nuestra Se?ora de F?tima, de Casilda; D. Cristian Esteban B?es de la Parroquia Nuestra Se?ora de Guadalupe, de Pueblo Esther; D. Javier Dar?o Carbone, de la Parroquia y Catedral de Rosario; D. Pablo Tarcisio Siegel, de la Parroquia Sagrado Coraz?n de Rosario, que han hecho durante varios a?os su camino de preparaci?n al sacerdocio en nuestro Seminario san Carlos Borromeo.?

Columnas de la Iglesia

San Pedro y san Pablo, a quienes celebramos son dos columnas de la Iglesia: Pedro, fue elegido por el Se?or para ser la roca, el primero en confesar la fe. Pablo, es el Ap?stol, a quien recordamos como el maestro, que la interpret? y la dio a conocer.

Como decimos en el Prefacio, Pedro fund? la primera comunidad de la Iglesia con el resto de Israel; Pablo con inmenso ardor la extendi? entre los paganos (cfr. Pref. Misa); y ambos dieron su vida y fueron coronados por el martirio.

En la p?gina del Evangelio que escuchamos se narra un episodio central para la misi?n que el Se?or le va a encomendar a Pedro, y contiene ense?anzas que son fundamentales para nuestra vida de fe. Particularmente el di?logo entre Jes?s y sus disc?pulos, en el que Sim?n Pedro le responde decididamente a Jes?s, reconoci?ndolo como el Mes?as, el Hijo de Dios vivo (Mt.16, 18).?

?Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia?

Fue entonces que Jes?s, a su vez, ponder? la fe de Pedro, y respondi? eligiendo para ?l un nombre y le confi? una misi?n: ?Y yo te digo que t? eres Pedro, y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia? (Mt 16,18).

Aquel hombre pescador, de car?cter fuerte y fogoso, que jur? dar la vida por Jes?s, pero que tambi?n lo neg? tres veces antes que cante el gallo, ahora es la roca, la piedra; y sobre esta piedra Jes?s quiere edificar su Iglesia viva, en la que Pedro tendr? la misi?n central, de presidirla en la fe y el amor.

Ustedes queridos di?conos, ser?n ordenados en este d?a sacerdotes. As? como el Se?or eligi? a Pedro para una misi?n en su Iglesia; as? tambi?n los elige a ustedes para ser sus sacerdotes.

Seguramente cada uno hoy recorrer? su historia, pensar? en su propia vida, se sentir?n como muy peque?os comparados con la grandeza de lo que van a recibir, porque conocen qui?nes son, sus propias limitaciones, y su vida.?

?Ya no los llamo siervos? sino amigos? (Jn 15,15)

Sin embargo, el Se?or por medio de su Iglesia, los elige y los llama. Desde hoy, -como recordaba el Papa Benedicto XVI, conmemorando su Ordenaci?n sacerdotal-, resuenan de un modo especial las palabras de Jes?s en el Evangelio de Juan: ?Ya no los llamo siervos? sino amigos? (Jn. 15,15).

Se trata de la amistad con Jes?s, que es ?l mismo quien la inicia, porque nos da a conocer todo lo que escuch? de su Padre (Jn 15,15), y a su vez nos une a ?l con caracter?sticas de intimidad y de entrega.

Esta amistad tiene lugar a trav?s de su amor, que se alcanza, como nos dicen los vers?culos que siguen, por el sacrificio, ?dando la vida por los amigos? (v.13); se enriquece por la obediencia, ?si hacen lo que les mando?, (V.14); y tambi?n se sella por el compromiso y la fidelidad ?para que vayan y den fruto? (v.16). De este modo, el mismo Jes?s completar? esta iniciativa suya de llamarlos sus amigos, abri?ndola tambi?n a sus hermanos: ?esto es lo que les mando, que se amen los unos a otros? (Jn. 15,17).

El sacerdocio no se comprende sin esta donaci?n y atracci?n del amor de Jes?s, que exige siempre correspondencia. Por ello ustedes recibir?n con la Ordenaci?n sacerdotal la misi?n de unirse a la mediaci?n sacerdotal de Jesucristo, intimidad con Dios y solidaridad con los pecadores, clave del nuevo sacerdocio de Cristo, ?para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y ser indulgente con los ignorantes y extraviados? (Heb.5, 1).?

Dios los elige, y los hace suyos para siempre

Dios quiere de ustedes un coraz?n sacerdotal. Por eso el sacerdocio que brota del amor de Cristo, no es un simple ?oficio?, o una funci?n que se vive solo en algunos momentos del d?a, o que tiene par?ntesis intermitentes en la semana, o en el a?o; sino que un sacramento que toma nuestra vida en su integridad: Dios los elige, se vale de ustedes, con sus limitaciones y talentos, y los hace suyos para siempre; para estar m?s dispuestos a amarlo y servirlo en su Iglesia, y m?s presentes entre los hombres y actuar a favor de ellos en aquello que le pertenece a Dios..

Esta es la audacia de Dios, que los elige, y atrae, y los considera capaces de actuar en su nombre, anunciar su Palabra, consagrar y ofrecer su propio cuerpo en la Eucarist?a, ser indulgentes y perdonar los pecados en su nombre, y reunir como un padre a la comunidad cristiana. Esta audacia de Dios, queridos hermanos, es realmente la mayor grandeza que se oculta en este don supremo del ?sacerdocio? que hoy van a recibir. (cfr. Benedicto XVI, 11.VI.2010).

Sin embargo, el hecho de que Jes?s nos ofreciera su Cuerpo y su Sangre por amor, y que perdonara nuestros pecados, tuvo su precio, y fue su entrega en la cruz, que deja percibir desde la fe la grandeza del amor de Dios. All? Jes?s afronta su ?hora?, con una profunda oraci?n, que consiste en la uni?n de su propia voluntad con la del Padre

Esto es lo que hizo Jes?s en la ?ltima Cena: ofreci? pan y vino, e instituy? para siempre su nuevo sacerdocio, condensando as? su acto de amor y su propia misi?n salvadora. En ese acto supremo est? todo el sentido del misterio de Cristo, como lo expresa la Carta a los Hebreos: "Habiendo ofrecido en los d?as de su vida mortal ruegos y s?plicas con clamor y l?grimas, fue escuchado?? (5,8-10).

Tambi?n ustedes est?n llamados a vivir unidos a Cristo sumo y eterno sacerdote este ofrecimiento sacerdotal de sus propias vidas, aceptando la cruz, que deben tomar como disc?pulos para poder seguirlo.

En este sentido tendr?n que asumir las pruebas, desde la ?ptica del amor redentor de Cristo. Pruebas y momentos dif?ciles de toda clase: porque el mundo no entiende ni acepta frecuentemente como cre?ble su misi?n, porque muchos desconocen a Cristo, o tambi?n se olvidaron de ?l.

No teman ?devolver bien por mal?; como disc?pulos tomen cada d?a la cruz para seguirlo, y recen siempre por quienes los ofenden, y expandan el bien, como Jes?s que pas? su vida haciendo el bien y derramando su gracia.?

El sacerdocio que van a vivir y el celibato por el Reino, es un "s?" definitivo al amor de Dios

Para el mundo que no cree, el mundo para el que Dios no cuenta, la vida sacerdotal y nuestra vida de celibato por el Reino es muchas veces incomprensible, porque muestra precisamente que Dios est? cerca y es vivido con esta opci?n profunda de vida. Porque el sacerdocio que van a vivir y el celibato por el Reino, es un "s?" definitivo al amor de Dios, es un dejarse tomar de la mano por Dios, es entregarse a ?l; y es por tanto un acto de fidelidad y de confianza (cfr. Benedicto XVI, ib).

Por ello, est?n seguros de que la Iglesia es el camino para sus vidas; porque es la Iglesia de Jes?s. Que nunca nuestra vida pueda contribuir a desfigurar algo su rostro. Ustedes son de Dios, y ?l es fiel, y estar? siempre con ustedes. En cambio la infidelidad viene de nuestro coraz?n y solo de nuestro coraz?n, que fue abandonando la amistad con Jes?s.

Ustedes, queridos di?conos hoy son llamados a ser sacerdotes; ?tomados de entre los hombres, al servicio de los hombres en aquello que se refiere a Dios? (Heb.5,1), mediadores en Cristo, amigos suyos con un car?cter sacerdotal y una disposici?n nueva de sus vidas, a trav?s de un llamado que se consolida con la imposici?n de las manos, y se vive amando incondicionalmente a Jesucristo, a su Palabra y a la Eucarist?a, que lo imita perdonando los pecados de sus hermanos, y llevando cada d?a la cruz ser sus disc?pulos, y siguiendo un camino de fidelidad a su Iglesia, por la que Pedro y Pablo dieron su vida.

Para ello, la relaci?n con Cristo, la oraci?n personal debe ser una prioridad para mi bien y el de mis hermanos, y es condici?n para nuestro trabajo por los dem?s. Justamente, aplicando las palabras de san Carlos Borromeo, que le da el nombre a nuestro Seminario, podr?a decirles: ?No descuiden su propia alma: si la propia alma est? descuidada, tampoco podr?n dan a los dem?s lo que realmente deber?an dar. Por tanto, tambi?n deben tener tiempo para ustedes mismos.

Recordemos una escena del cap?tulo 6? de San Marcos, en el que los disc?pulos quer?an hacerlo todo, y el Se?or les dice: ?Vengan tambi?n ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco" (cfr Mc 6,31). Tambi?n ?ste es trabajo ? dir?a ? pastoral: encontrar y tener la humildad, el valor de aprender a descansar cada d?a, y ofrecerle un tiempo a Dios (cfr. Benedicto XVI, 15.VI.2010). En este sentido, la oraci?n personal, sobre todo la liturgia de las Horas, es el alimento fundamental para nuestra vida sacerdotal, y para todas nuestras acciones.?

Fidelidad al Papa

Como dijimos al comenzar, en la Fiesta de San Pedro y San Pablo recordamos fervientemente al Papa Benedicto XVI, en su d?a y celebrando en esta ocasi?n sus 60 a?os de Ordenaci?n sacerdotal. Rezamos por ?l, que confirme en nosotros la verdadera fe que salva y reavive nuestra vida y nuestra vocaci?n cristiana.

Que el amor al Papa y la adhesi?n filial a su ense?anza permanente de Supremo Pastor de la Iglesia sea para todos un faro luminoso, que mantenga encendida en nuestro coraz?n la luz de la verdad, que ilumina con claridad la vida de sus hijos y de la humanidad.

La Virgen, Madre de la Iglesia, los proteja y los acompa?e a todos, especialmente a ustedes, queridos di?conos que fueron presentados para la Ordenaci?n sacerdotal, a sus pap?s y mam?s, a sus hermanos, a sus familias y amigos, as? como tambi?n a sus parroquias de origen y de apostolado conjuntamente con sus p?rrocos y sacerdotes. Que Ella siga sosteniendo como Madre al Seminario y a sus formadores. Que nuestra Madre del Rosario los acompa?e siempre.?

Mons. Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario?


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Hablan los obispos
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