S?bado, 06 de agosto de 2011

ZENIT nos ofrece una carta del cardenal William J. Levada, prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe ? publicada el 6 de julio en L'Osservatore Romano ?, en la que con motivo del pr?ximo encuentro interreligioso de As?s (27 de octubre), reflexiona sobre c?mo entiende la Iglesia el di?logo con las dem?s religiones.

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El anuncio de que el pr?ximo 27 de octubre Benedicto XVI peregrinar? hacia As?s para una ?Jornada de reflexi?n, di?logo y oraci?n por la paz y la justicia en el mundo?, muestra que la experiencia religiosa en sus distintas formas es objeto de la atenci?n de la Iglesia en el tercer milenio. Frente a la actual difusi?n del ate?smo y del agnosticismo, es necesario ayudar al hombre a salvaguardar o a reencontrar la conciencia de su v?nculo elemental (re-ligio) con el origen del que proviene. Esta conciencia, que se hace naturalmente orante, es una condici?n de la paz y de la justicia en el mundo.

En su libro-entrevista de 1994, el beato Juan Pablo II recordaba el encuentro de As?s de 1986, afirmando que este, junto a las numerosas visitas a pa?ses de Extremo Oriente, lo hab?a convencido, m?s que nunca, de que ?el Esp?ritu Santo trabaja eficazmente incluso fuera del organismo visible de la Iglesia?. Sin embargo, consciente de la delicadeza del argumento, poco despu?s de aquel encuentro, el 7 de diciembre de 1990, ense?aba en su enc?clica Redemptoris missio, que el Esp?ritu ?se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acci?n son universales, sin l?mite alguno ni de espacio ni de tiempo?.Refiri?ndose al Concilio Vaticano II, recordaba que ?la acci?n del Esp?ritu en el coraz?n del hombre, mediante las 'semillas de la Palabra', incluso en las iniciativas religiosas, en los esfuerzos de la actividad humana encaminados a la verdad, al bien y a Dios? que prepara ?a madurar en Cristo? (n?28). En la misma enc?clica, despu?s, no s?lo reafirmaba la necesidad y la urgencia del anuncio de la Buena Noticia de Jes?s, sino la que comparaba con una ?mentalidad indiferentista, ampliamente difundida, por desgracia, incluso entre los cristianos, enraizada a menudo en concepciones teol?gicas no correctas y marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que 'una religi?n vale la otra'? (n?36).

En plena sinton?a con esta preocupaci?n est? tambi?n la reflexi?n teol?gica y pastoral de Joseph Ratzinger: ya en 1964 manifest? el intento de ?definir con mayor precisi?n la posici?n del cristianismo en la historia de las religiones y as? conferir de nuevo un sentido m?s concreto a las enunciaciones teol?gicas sobre la unicidad y lo absoluto del cristianismo? (J. Ratzinger,?Fe, Verdad, Tolerancia. El Cristianismo y las religiones del mundo, 17).

La Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, por ?l dirigida, retomar? este tema con la declaraci?n ?Dominus Iesus sobre la unicidad y la universalidad de Jesucristo y de la Iglesia. El documento, publicado el 6 de agosto de 2000, no pretend?a s?lo refutar la idea de una coexistencia interreligiosa en la que varias ?creencias? ser?an reconocidas como v?as complementarias a la fundamental que es Jesucristo (cfr. Juan 14, 6); pretend?a, m?s profundamente, establecer las bases doctrinales de una reflexi?n sobre la relaci?n entre el cristianismo y las religiones. Por su relaci?n ?nica con el Padre, la persona del Verbo encarnado es absolutamente ?nica; la obra salv?fica de Jesucristo que se prolonga en su Cuerpo, la Iglesia, y tambi?n esta es ?nica con respecto a la salvaci?n de todos los hombres. Para ejercitar esta obra, tanto en los cristianos como en los no cristianos, est? siempre y s?lo el Esp?ritu de Cristo que el Padre da a la Iglesia ?sacramento de salvaci?n?: por esto, no hay, en orden a la salvaci?n, v?as complementarias a la ?nica econom?a universal del Hijo hecho carne, aunque fuera de la Iglesia de Cristo se encuentran elementos de verdad y de bondad (Nostra aetate, 2;?Ad gentes, 9).

El encuentro de As?s tuvo una segunda edici?n el 24 de enero de 2002. En aquella ocasi?n el cardenal Ratzinger sinti? la necesidad de aclarar ulteriormente el significado, haci?ndose int?rprete de los que se interrogan seriamente a este prop?sito: ?Se puede hacer esto? ?No ser? que se le da a la mayor?a de la gente la ilusi?n de una comuni?n que en realidad no existe??No se favorece as? el relativismo, la opini?n de que en el fondo s?lo est?n las diferencias pen?ltimas que se interponen entre las religiones??No se debilita as? la seriedad de la fe y de este modo se aleja a Dios de nosotros??no se refuerza el sentimiento de haber sido abandonados?? (Fe, Verdad, Tolerancia, 111). El lector podr? hacerse sus propias puntualizaciones, que no han perdido actualidad. Aqu? queremos, sobre todo, preguntarnos: ?por qu?, si estaba tan atento a las posibles interpretaciones err?neas de su beato predecesor, Benedicto XVI ha considerado oportuno peregrinar a As?s en ocasi?n de un nuevo encuentro por la paz y la justicia en el mundo?.

Una primera indicaci?n la encontramos en el recuerdo del cardenal Ratzinger con respecto al encuentro de 2002. a ra?z de la manifestaci?n, ?l evocaba la figura del hombre vestido de blanco, ya anciano, sentado junto a los dem?s en el tren hacia As?s: ?Hombres y mujeres, que en la vida cotidiana, a menudo se enfrentan los unos a los otros con hostilidad y parecen divididos por barreras infranqueables, saludaban al Papa, que, con la fuerza de su personalidad, la profundidad de su fe, la pasi?n que destilaba por la paz y la reconciliaci?n, logr? lo imposible gracias al carisma de su oficio: convocar, unidos en una peregrinaci?n por la paz, a representantes de la cristiandad dividida y representantes de diversas religiones? (30 Giorni, 1/2002). La religi?n est? muy lejos de distraer de la edificaci?n de la ciudad terrena, sino que empuja al compromiso por ella. Para nosotros los cristianos, esto significa, sobre todo, interceder a Dios, dejando que los dem?s, a pesar de su diversidad -creyentes y no creyentes, tambi?n invitados al pr?ximo encuentro en As?s- se unan a nosotros en la b?squeda de la paz y de la justicia en el mundo. Y, a?ad?a el entonces cardenal, ?si nosotros como cristianos emprendemos el camino hacia la paz al ejemplo de San Francisco, no debemos temer el perder nuestra identidad: es entonces cuando la encontramos? (ibidem). No se trata, en resumen, de esconder la fe para encontrar la ventaja de una unidad superficial, sino de confesar -como entonces hizo Juan Pablo II y el Patriarca ecum?nico- que nuestra paz es Cristo, y que por esto el camino de la paz es el camino de la Iglesia. El rostro del ?Dios de la paz? (Rm 15,33), dice el entonces Joseph Ratzinger, ?se ha hecho visible a nosotros cristianos por la fe en Cristo? (ibidem). Y esta paz es una plenitud no s?lo ofrecida y transmitida (cfr. Juan 20,19), sino desde siempre acogida por la ?Ecclesia sancta et immaculata? (Ef 5,27), como don y como deber con respecto del mundo, que ?es teatro de la historia del g?nero humano? (Gaudium et spes, 2). Nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: ??obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Esp?ritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo? (Ad gentes, 5). Ya que ?todos los hombres est?n llamados a la unidad con Cristo?(Lumen gentium, 3), la Iglesia debe ser fermento de esta unidad para la humanidad entera: no s?lo con el anuncio de la Palabra de Dios, sino con el testimonio vivido de la ?ntima uni?n de los cristianos con Dios. Y esta es la aut?ntica v?a de la paz.

El eslogan elegido para la pr?xima Jornada de As?s -Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz- nos ofrece una segunda indicaci?n: para que se pueda esperar realmente, construir, unidos, la paz, es necesario poner los criterios en la verdad. ?El ethos sin el logos no existe? (J. Ratzinger, Os he llamado amigos. La compa??a en el camino de la fe, 71). Instruido por las dolorosas experiencias de las ideolog?as totalitarias, el Papa aborrece toda forma se subordinaci?n de la raz?n a la praxis. Pero hay m?s. El v?nculo original entre el ethos y el logos, y entre religi?n y raz?n, tiene su ra?z fundamental en Cristo, el Logos divino: Exactamente por esto el cristianismo es capaz de restituir al mundo este v?nculo, participando como signo veraz y eficaz de Jesucristo, en su ?nica misi?n de salvaci?n (cfr. Lumen gentium, 9). Y por tanto, hay que rechazar decididamente ?este relativismo que afecta en mayor o menor grado ala doctrina de la fe y a la profesi?n de fe? (Os he llamado amigos, 71). Pero esto, lejos de constituir un desprecio de las diversas expresiones religiosas o de la dimensi?n ?tica, es una apreciaci?n: ?Debemos intentar encontrar una nueva paciencia -sin indiferencia- los unos con los otros y por los otros; una nueva capacidad de dejar de ser lo que es el otro y la otra persona; una nueva disponibilidad para diferenciar los planos de la unidad y, por tanto, llevar a cabo los elementos de unidad que en este momento son posibles? (ibidem). No es posible la paz sin la verdad y viceversa: la actitud hacia la paz constituye un aut?ntico ?criterio de verdad? (J.Ratzinger, Europa. Sus fundamentos hoy y ma?ana, 79).?


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Hablan los obispos
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