Domingo, 07 de agosto de 2011

ZENIT??publica el comentario que ha redactado monse?or Carlos Osoro, arzobispo de Valencia (Espa?a), a partir de los pasajes evang?licos que en estos domingos propone la liturgia (el Sembrador y la ciza?a).

Necesitamos iconos del Evangelio

Por monse?or Carlos Osoro, arzobispo de Valencia

Cu?ntas veces has escuchado que el Evangelio es Buena Noticia. Pero, quiz?, has o?do menos veces decir que la santidad es una buena noticia. Y, como puedes comprender, la buena y la mala noticia contrastan profundamente. La buena noticia nos lleva siempre a la esperanza, a la alegr?a, a vivir valientemente y con coraje en medio de las dificultades de este mundo. La mala noticia nos lleva a la desesperanza, a la tristeza, a la angustia y las dificultades que tenemos en la vida se agudizan a?n m?s. ?Por qu? te digo esto? Simple y llanamente para hablar de los santos.

La presencia de un santo en medio de nosotros nos trae presencia de la buena noticia, son buena noticia. El santo siempre es el hombre o la mujer de las bienaventuranzas, de la felicidad y la alegr?a sobre esta tierra, a pesar de las dificultades o de las persecuciones. Estos d?as atr?s, cuando meditaba la par?bola del sembrador, pensaba en los santos. Porque ellos son hombres y mujeres que son tierra buena. Y, ciertamente, pensaba en ti tambi?n. Porque es verdad que el sembrador tira la semilla sobre esta tierra y una parte cae en la orilla del camino, otra en terreno pedregoso, otra entre zarzas y otra en tierra buena. Sobre tu vida ha ca?do la semilla de la vida de Dios y ha fructificado, pues el Se?or te regal? su vida por el Bautismo. Eres, pues, tierra buena. ?Y dejas que crezca la semilla que el Se?or puso en tu vida? Mira que esta tierra en la que habitamos tiene hambre de Evangelio. Y por eso tiene necesidad de santos, de hombres y mujeres que den el ox?geno del Evangelio para vivir y hacer habitable este mundo. T? y yo podemos ser una p?gina viva del Evangelio de Jesucristo.

Recuerdo que, cuando le?a y meditaba la par?bola del sembrador, pensaba en lo f?cil que el Se?or se presenta en la historia personal de cada uno de nosotros. Me ha dado su misma vida por el Bautismo. Me ha hecho part?cipe de la vida eterna. Hace falta solamente mi respuesta positiva, desde esa tierra buena que el Se?or se ha procurado que sea nuestra vida, para que fructifique la semilla que con tanto mimo puso en ella. Me imagino a un santo, totalmente impregnado por la Palabra de Dios, una impregnaci?n que comunica con su vida, con sus gestos y acciones. ?Qu? hondura tiene la vida de un santo cuando convierte su existencia en manifestaci?n y proximidad de Nuestro Se?or Jesucristo! Un santo siempre es un icono del Evangelio.

Hoy utilizamos en infinidad de ocasiones la palabra icono. Esta palabra viene de la tradici?n oriental, sobre todo de la bizantina, que lo considera un elemento esencial de la liturgia y de la piedad. El icono es el Evangelio pintado, es la Palabra de Dios comunicada a trav?s de la representaci?n y del color. El icono nos sumerge en el mundo de la santidad de Dios. Es como una ventana sobre la Jerusal?n celeste que nos abre a la contemplaci?n y a la oraci?n. Si esto son los iconos, ?qu? ser? un santo? Me atrevo a decir que es un icono del Evangelio, es decir, un hombre o una mujer que reflejan la gloria del Se?or y van transform?ndose en su imagen con resplandor creciente, por la acci?n del Esp?ritu Santo (cf. 2 Cor 3, 18). Y es que el bautizado, que es tierra buena, est? llamado a la semejanza divina. Al fin y al cabo, esto es lo que quiere decir despojarse del hombre viejo y revestirse del hombre nuevo, ?que sin cesar se renueva para lograr el pleno conocimiento, a imagen de Aquel que lo ha creado? (Col 3, 10). ?Qu? maravillas hace el Se?or! Un bautizado recobra en Cristo la semejanza con Dios y la manifiesta all? donde vive y en todo lo que hace.

?Por qu? te invito a que seas santo? Para que seas un icono del Evangelio. Porque creo que hoy hay unas primac?as en nuestro quehacer pastoral que son fundamentales y que solamente pueden hacerse realidad a trav?s de los santos. Te voy a indicar algunas:

1. El testimonio en medio de las generaciones j?venes: est?n viviendo situaciones que no son nada f?ciles en este momento hist?rico y, precisamente por ello, se necesitan iconos del Evangelio. ?Cu?nto bien han realizado en el coraz?n de los j?venes en estos ?ltimos tiempos la Beata Madre Teresa de Calcuta y el Beato Juan Pablo II! Esta mujer y este hombre de Dios supieron captar lo que necesitaba el coraz?n de los j?venes ante el aburrimiento por la falta de ideales que colmasen sus vidas. Hoy precisamos hombres y mujeres as?, capaces de llegar al coraz?n de los j?venes cuando est?n viviendo circunstancias que les llevan a abismos de una soledad muy grande, de falta de entusiasmo, con la desesperanza, adem?s, por un futuro incierto y sin trabajo. En estos momentos, tenemos el deber de trabajar con y por la juventud, pero no de cualquier manera, sino siendo testigos fuertes del Evangelio para que marquen direcciones y sentido en sus vidas. Pidamos al Se?or que nos d? vocaciones de iconos del Evangelio con capacidad de liderazgo, convivencia y comunicaci?n con estas generaciones que tanto nos tienen que decir.

2. El testimonio de hombres y mujeres en las diversas fases de la vida: ni?os j?venes, adultos, ancianos, que vayan a las regiones m?s marginadas de la vida humana, que no son solamente las econ?micas aunque tengan una vigencia muy especial en estos momentos. Ir a todos los hombres y mujeres en todas las fases de la vida para hablarles al coraz?n sobre la verdad de su existencia, la que Jesucristo nos ha comunicado. Ir a aquellos que est?n sin protagonismo, sin medios de informaci?n y de comunicaci?n. Las marginaciones pueden venir por razones de edad, de condici?n ?tnica, de saberes, de falta de respeto a la vida desde el inicio de la misma hasta su final, de enfermedad, de vejez, de no reconocimiento de la dignidad de la persona, del matrimonio, de la familia. El Evangelio tiene que presentarse en este mundo como potencia de Dios, haciendo presente su misericordia por medio de manos fraternas y de coraz?n tambi?n misericordioso. Son necesarios iconos del Evangelio.

3. El testimonio de hombres y mujeres en el mundo de la inteligencia para hablar del hombre como realidad suprema y para hablar de Dios como Dios, con raz?n y sabidur?a: necesitamos iconos del Evangelio en el mundo de la inteligencia. Hay que mostrar con valor que creer no es la alternativa a pensar, sino que, justamente, la fe es la expresi?n suprema de una pasi?n por la verdad, de la b?squeda de la ra?z de todo lo que existe, de no contentarnos con la superficie de las cosas. Creer tambi?n, entre otras cosas, nos lleva siempre a pensar. Tenemos que creer en la potencia esclarecedora de la verdad que es Jesucristo. Y esto quienes mejor lo han manifestado han sido los santos.

?Te atreves a ser santo, es decir icono del Evangelio?


Publicado por verdenaranja @ 20:15  | Hablan los obispos
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