Domingo, 07 de agosto de 2011

ZENIT???publica la carta que ha enviado monse?or Jes?s Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, con el t?tulo ?El fest?n del Papa Benedicto?.

Hablar del ?fest?n del Papa Benedicto? no es el t?tulo de una novela ni la sugerencia de un tema musical o cinematogr?fico. Hablamos de sus homil?as, de sus enc?clicas, de sus libros, de sus viajes apost?licos, de su sabio y bello modo de comunicar la hermosura de la fe y la ind?mita dignidad y libertad del cristianismo. Pero tambi?n podemos hablar de ese fest?n. ?De qu? se trata?

Ha sucedido en Roma en los d?as pasados, con motivo del ya recordado y encomendado en nuestras oraciones jubileo sacerdotal del Santo Padre. Han pasado sesenta a?os desde que el cardenal Faulhaber le impusiese las manos al nuevo sacerdote, mientras una peque?a alondra se elev? desde el altar mayor de la catedral y de pronto enton? un breve trino gozoso y juguet?n. Lo ha recordado el cardenal Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, en el saludo que le dirigi? al Papa Benedicto XVI durante un almuerzo celebrado en su honor.

Dec?a bromeando el cardenal Sodano, que los purpurados posiblemente no ser?an capaces de entonar un canto como aquella improvisada alondra hizo sesenta a?os atr?s. Y se preguntaba qu? podr?an ofrecerle en su lugar. Recordaba que pocos Papas han llegado a celebrar su sexag?simo aniversario sacerdotal, y c?mo el ?nico caso cercano era el del Papa Le?n XIII, cuando cumpl?a los 87 a?os de vida. En aquella ocasi?n los cardenales le quisieron regalar un reloj de p?ndulo con la inscripci?n latina ?horas tibi sonet nisi serenas? (que este reloj te marque solamente horas serenas).

Tambi?n le han deseado a Benedicto XVI horas serenas sus hermanos cardenales, como no puede ser de otra manera, pero han preferido obsequiarle con algo bien distinto: un importante donativo para los pobres de Roma: tanto los indigentes romanos, como los numerosos inmigrantes y refugiados que malviven en la Ciudad Eterna. Y con ese mismo esp?ritu, y por el mismo motivo del cumplea?os sacerdotal del Papa, han querido invitar a comer a 200 pobres de Roma en el d?a de la fiesta de San Pedro. Algunos de ellos, conmovidos, han escrito unas letritas al Santo Padre d?ndole las gracias: ?A Su Santidad el Papa, que es Padre: quiero agradecerle el almuerzo que nos ha ofrecido a m? y a mi familia, deseando su felicidad, serenidad y crecimiento cristiano. Con devoci?n y respeto. Claudio?.

Y el Papa, vivamente emocionado les dijo: ?Os agradezco el donativo porque as? nuestro estar juntos se ampl?a a los pobres de Roma. No estamos s?lo nosotros comiendo aqu?; est?n con nosotros los pobres que necesitan nuestra ayuda y nuestra asistencia, nuestro amor, que se realiza concretamente en la posibilidad de comer, de vivir bien; en la medida de nuestras posibilidades, queremos actuar en este sentido. Y para m? es una se?al importante que en esta hora solemne no estamos s?lo nosotros, sino que est?n con nosotros los pobres de Roma, que son amados particularmente por el Se?or?.

Realmente, qu? hermoso fest?n, qu? maravilloso modo de hacer fiesta sin que quede todo entre moquetas impolutas, manteles preciosos y viandas suculentas, sino que como ocurri? en el fest?n del Evangelio, pudieran ser invitados cuantos en los cruces de los caminos fueron encontrados, buenos y malos. S?lo es necesario traer el traje de fiesta, ese que nos hace reconocibles ante la misericordia de Dios por encima de nuestras sedas o nuestros harapos. El fest?n del Papa, el banquete de Dios tiene que ver con cada uno de nosotros y con los pobres que tenemos m?s a nuestra vera. En las bodas de la vida, ellos y nosotros estamos invitados por el mism?simo Dios.


Publicado por verdenaranja @ 20:25  | Hablan los obispos
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