Martes, 09 de agosto de 2011

Reflexi?n semanal de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa ?Claves para un mundo mejor? (16 de julio de 2011). (AICA)

EL CRISTIANO ANTE LAS ELECCIONES ?????????????

En este a?o electoral algunos se preguntan c?mo se orienta un cristiano ante el hecho de las elecciones. Un cristiano o cualquier persona de buena voluntad.

Se me ocurre que podemos encontrar inspiraci?n en un pasaje de la Enc?clica ?Centesimus Annus?, de Juan Pablo II.

Dice as?: ?la Iglesia aprecia el sistema de la democracia en la medida en que asegura la participaci?n de los ciudadanos en las opciones pol?ticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pac?fica. Por esto mismo no puede favorecer la formaci?n de grupos dirigentes restringidos que por intereses particulares o por motivos ideol?gicos usurpan el poder del estado?. ?Una aut?ntica democracia es posible solamente en un estado de derecho y sobre la base de una recta concepci?n de la persona humana?.

Mucha gente vota de acuerdo a una tradici?n ideol?gica o partidaria que ha heredado de su familia, aunque creo que cada vez son menos los ciudadanos que deciden de esta manera en su opci?n electoral. Otros se dejan abrumar quiz?s por la propaganda, que finalmente los convence: el que puede hacer m?s propaganda y una propaganda que invada todos los medios posibles de comunicaci?n tiene alguna ventaja, porque siempre hay gente que se deja convencer.

Me parece que la mayor?a de la gente calcula si est? un poco mejor o un poco peor; finalmente, la cuesti?n se reduce a la situaci?n econ?mica personal y familiar. No se especula demasiado, porque no se pueden estudiar las estad?sticas para establecer si el pa?s ha progresado efectivamente, si adem?s de crecimiento econ?mico se ha avanzado tambi?n en el orden de un desarrollo integral. Actualmente se discute si hay m?s o menos pobres; desgraciadamente la pobreza se ha convertido en una realidad cr?nica en la Argentina que parece dif?cil de superar. Evidentemente influyen todas estas razones.

Tambi?n hay algunos temas que, en un momento determinado, son o pueden llegar a ser decisivos. Por ejemplo, desde hace varios a?os, la inseguridad, o para decirlo mejor: la insoportable proliferaci?n del delito. Se ha dicho que la inseguridad es una sensaci?n; muy bien, si la gente siente fuertemente que el Estado no es capaz de custodiar vida y bienes de la poblaci?n, ?trata de producir un cambio vali?ndose del voto.

Asimismo, una persona informada o que observa con inter?s la realidad educativa nacional, advierte que el sistema educativo es un descalabro desde hace a?os y que las sucesivas reformas lo han empeorado; es l?gico que aspire a revertir esa situaci?n y examine qu? fuerza pol?tica propone un proyecto razonable y no m?s ideolog?a.

Todas esas causales pueden ser tenidas en cuenta. Sin embargo, en el texto que he citado, el Papa nos ofrece una visi?n m?s profunda. Dice que ?una aut?ntica democracia es posible solamente en un estado de derecho y sobre la base de una verdadera concepci?n de la persona humana?.

Podemos ver en estas palabras una invitaci?n a no fijarnos s?lo y primeramente en el bolsillo, en la sensaci?n de inseguridad o en otros temas que son sin duda importantes, sino tambi?n en cosas que son, quiz?s, menos clara o inmediatamente perceptibles pero que, a la larga, resultan decisivas en la configuraci?n del car?cter nacional.

Se refiere en primer lugar al estado de derecho. Es un llamado de atenci?n sobre la importancia del bien com?n pol?tico, ahora bien, forman parte de este bien com?n pol?tico las instituciones de la Rep?blica. El estado de derecho supone la divisi?n de poderes. Si en un contexto determinado el Poder Ejecutivo avasalla al Poder Judicial, el cual no puede gozar de una aut?ntica independencia, o si el Congreso se convierte simplemente en un eco de las decisiones del Ejecutivo, no se puede decir que estamos en un verdadero estado de derecho. Lo mismo se puede afirmar si cualquiera de los poderes del estado manosea la Constituci?n o si falta la necesaria seguridad jur?dica. El bien com?n pol?tico es algo importante que debe ser tutelado, y su conservaci?n y mejoramiento deber?a ser una aspiraci?n que influya en la elecci?n de los ciudadanos.

Luego el Papa habla de una recta concepci?n de la persona humana como base de una verdadera democracia. Este dato tiene que ver con la problem?tica cultural que se va imponiendo. La frase que he le?do de la ?Centesimus Annus? procede del cap?tulo de la enc?clica en que el Papa habla de la relaci?n del estado con la cultura.

Muchas veces, desde esta columna, yo he alertado sobre un proceso de transformaci?n casi inadvertida de los paradigmas culturales, del modo de pensar y de sentir de la gente, que es provocado por la acci?n transversal de varias fuerzas pol?ticas pero que se ha hecho sistem?tico en los ?ltimos a?os y que va cristalizando en leyes contrarias al orden natural.

Lo que ha ocurrido el a?o pasado con la sanci?n de la ley del mal llamado matrimonio igualitario es un ejemplo que debe alertar. Ahora amenaza tambi?n, como un peligro inminente la legalizaci?n del aborto y los ide?logos encaramados en posiciones de poder aspiran a mucho m?s. Esta transformaci?n inadvertida ?funciona de tal modo que la mayor parte de la sociedad se entera luego de que ha ocurrido tal o cual cosa que no responde a sus convicciones m?s profundas. Esto es algo que debe preocupar en el momento de emitir el voto.

Cualquiera de ustedes me podr?a arg?ir: ?c?mo nos enteramos de lo que piensan los candidatos? En las listas para diputados, por ejemplo, tanto para el Congreso nacional como para las legislaturas provinciales uno tiene que votar a gente que no conoce. ?Y qu? piensa esa gente? Los partidos pol?ticos antes se preocupaban mucho por exponer sus plataformas, pero me parece que hoy d?a ya no ocurre as?. Es ?ste un problema muy serio, una grave deformaci?n de la democracia; la ausencia de un debate claro favorece que los ciudadanos sean solicitados como clientes a ciegas de un mercado electoral.

Mi intenci?n al evocar la ense?anza de Juan Pablo II ha sido sugerir que no hemos de guiarnos s?lo por aquellas ?sensaciones? m?s inmediatas y perceptibles, sino que debemos fijarnos tambi?n en las ?sensaciones? espirituales fundantes de las cuales depende el futuro de la sociedad argentina.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Hablan los obispos
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