Mi?rcoles, 10 de agosto de 2011

Conferencia inaugural del Curso para educadores de niveles inicial y primario del Consudec pronunciada por monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de la Plata y presidente de la Comisi?n Episcopal de Educaci?n (San Juan, 20 de julio de 2011)

NUEVAS ?VIEJAS? COMPETENCIAS PARA UNA EDUCACI?N INTEGRAL??????

Al retomar la serie de cursos para educadores de los niveles inicial y primario, interrumpida durante varios a?os, el Consejo Superior de Educaci?n Cat?lica convoca a estudiar, con rigor cient?fico y con afecto de amor, a la luz de la fe cristiana, la formaci?n de los ni?os en el complejo panorama social, cultural y religioso de la actualidad. Es una invitaci?n a poner los ojos en la delicada realidad de la infancia.

Las determinaciones pedag?gicas ?y esto vale singularmente para las nuevas competencias, a las que se refiere el t?tulo del presente curso ?dependen de una postura intelectual ante la realidad, de opciones metaf?sicas. Como en las ciencias sociales, tambi?n para la pedagog?a y quiz? con mayor raz?n para ella, la cuesti?n fundamental es de ?ndole antropol?gica. La formaci?n del hombre depende de la idea del hombre. En la visi?n general del proceso educativo, en sus bases te?ricas y en la definici?n de cada una de sus etapas est? implicada una concepci?n de la persona humana como unidad de estructura y funciones, autoconciencia, capacidad de conocimiento y donaci?n de sentido, como unicidad insustituible, totalidad de significados y valores. Actualmente es oportuno se?alar, de acuerdo a la definici?n cl?sica, que la persona se inscribe ontol?gicamente en una naturaleza; es necesario subrayar que hay una naturaleza de la persona y de sus actos, de la que se desprenden criterios objetivos de conducta y por tanto una orientaci?n moral de la existencia (cf. Gaudium et spes, 51).?

La identidad infantil

El horizonte teor?tico de la pedagog?a comprende, adem?s, elementos psicol?gicos y caracterol?gicos. Las etapas o edades de la vida son modos de una ?nica identidad; cada una de ellas est? en funci?n de las otras y de la totalidad. Lo explic? con elocuencia Romano Guardini: el joven lleva dentro de s? una infancia vivida bien o mal; el adulto, el impulso del joven; el hombre maduro, la riqueza de las obras y de la experiencia del hombre adulto; el anciano, el patrimonio de la vida entera, la cual, a trav?s de un largo camino, ha asumido la propia forma. Las etapas se suceden en el continuo flujo vital y en ?l la infancia determina el desarrollo sucesivo. Hoy sabemos, gracias a los hallazgos de la psicolog?a profunda, que la vida infantil se inicia en el seno materno como existencia aut?ntica y que su desarrollo no es s?lo fisiol?gico sino personal, aunque por entonces inconsciente. All? comienza en realidad la educaci?n como solicitud, cercan?a afectiva, amor. Luego, desde el acto del nacimiento, todo se inscribe profundamente en la psiquis del ni?o, que debe habituarse a la existencia individual y mientras aprende a caminar, a comer solo, a hablar, por la mediaci?n de sus padres va conociendo el mundo exterior y relacion?ndose con ?l. No hace falta insistir en la importancia decisiva de los roles respectivos, diversos y complementarios, del padre y de la madre, en la configuraci?n de la personalidad del ni?o y en la afirmaci?n de su identidad sexual. Quiz? habr?a que aclarar: del padre var?n y de la madre mujer, para distinguir as? la realidad natural de la creaci?n de la caricatura promovida por la pseudocultura progresista, e introducida en la funesta ley que alter? la esencia del matrimonio y la familia. Tambi?n conocemos y lamentamos el influjo negativo de la pobreza extrema que afecta a tantas familias argentinas, con la consiguiente precariedad de la vivienda y el hacinamiento que empuja a los ni?os a enterarse prematuramente de la vida de los adultos, y otros males familiares y sociales que da?an la infancia imprimiendo en ella estigmas dif?ciles de superar.

Hasta hace algunos a?os el alumno llegaba a la escuela en gran medida modelado por la influencia de la familia. Con la obligatoriedad de anticipar cada vez m?s la escolarizaci?n ?una medida discutible, cuyos frutos se podr?n evaluar con el tiempo? la educaci?n institucional debe armonizar su aporte con el papel de los padres y brindarles la ayuda necesaria para constituir con ellos una cierta comunidad educativa. La dimensi?n maternal que es constitutiva de la funci?n del maestro seg?n una tradicional analog?a, cobra propiedad exacta cuando el ni?o inscrito en el nivel inicial es pr?cticamente un beb?. La competencia espec?fica, la diligencia cuidadosa y el talante delicadamente espiritual deben ser entonces mayores. Pero m?s all? de estos primeros tramos, a lo largo de todo el proceso educativo, la escuela ?muchas veces supliendo las carencias familiares? tiene que ayudar al ni?o para que llegue a ser lo que es en profundidad, para que logre dar lo mejor de s?. La tarea se carga de dificultades pero tambi?n se vuelve apasionante en el acompa?amiento durante la crisis del crecimiento, caracter?stica de la adolescencia, y en esta edad toda ella en devenir, campo de m?ltiples contrastes. En la actualidad, el comprobado acortamiento de la infancia y el influjo prematuro de factores culturales y sociales perturbadores ponen a prueba la perspicacia, el aplomo y la paciencia del educador. Viene muy a prop?sito la advertencia, bien realista, de Gustave Thibon: El educador debe evitar un doble escollo: tratar al ni?o como si fuera ya un hombre y tratarlo como si nunca debiera llegar a serlo. Los resultados son semejantes en los dos casos: el fruto que tarda demasiado en madurar no vale m?s que el fruto agostado, y el adulto forzado, al igual que el ni?o que se demora indefinidamente si?ndolo, no son jam?s verdaderos hombres. No hay que forzar la evoluci?n del ni?o, por cierto, pero hay que ayudarlo a desarrollarse. Y esta ayuda implica necesariamente un m?nimo de imposici?n, de obligaci?n (el original franc?s dice contrainte). La regla de oro es que la imposici?n corresponda, en cada fase de la evoluci?n, al despertar de una necesidad real pero demasiado d?bil y oscura a?n para traducirse espont?neamente en deseo. Este planteo, en el que resuena la sabidur?a cl?sica, adquiere una nueva vigencia ante las discusiones contempor?neas sobre el valor de la autoridad y la necesidad de poner l?mites como recurso insoslayable de una verdadera educaci?n.

Para conocer al alumno hace falta, como dir?a Giambattista Vico, un coraz?n que piense; se lo conoce, sobre todo, por connaturalidad y simpat?a. Sin comuni?n afectiva no es posible adaptarse a la naturaleza concreta de cada chico para descubrir y cultivar las particularidades positivas que constituyen su car?cter, para despertar lo mejor de su espontaneidad y acompa?arlo en el desarrollo de su vida interior. Cito otra vez a Thibon: No olvidemos jam?s que m?s all? de todas las palabras pronunciadas, de todas las recetas empleadas, se produce siempre entre nuestra alma y la del ni?o un ?modus vivendi? espont?neo que es nuestra grande, nuestra ?nica fuente de influencia. Una educaci?n personalizada se acerca con respeto a la originalidad de cada uno para guiarlo en el discernimiento del ideal que se encuentra en germen entre sus sue?os e ilusiones. Sin embargo, es preciso conservar una cierta distancia entre maestro y alumno; no pueden ser simplemente camaradas. Si la relaci?n pudiera definirse como amistad, se tratar?a ?seg?n Arist?teles? de una amistad desigual; es preciso evitar una paridad que suprime todo misterio, descoloca la autoridad educativa y acaba neutraliz?ndola.?

El maestro ante el misterio de la infancia

El maestro cristiano encuentra en el Evangelio, en el ejemplo de Jes?s, una fuente de inspiraci?n para el ejercicio de su misi?n educativa. Los tres textos sin?pticos de Mateo, Marcos y Lucas recogen episodios de la vida del Se?or y sentencias suyas que muestran una actitud nueva ante los ni?os. En la antig?edad no se los ten?a en cuenta; s?lo se consideraba su potencialidad de hacerse adultos mediante la ense?anza y la obediencia. No se reconoc?a el valor propio del ni?o, la peculiaridad de la conciencia infantil. Los mismos ap?stoles participaban de la mentalidad generalizada en su ?poca y no comprend?an que Jes?s viera con agrado y recibiera a quienes le acercaban sus hijos peque?os para ser bendecidos; ?l los corrigi?, y su r?plica vale como exhortaci?n para los cristianos de todos los tiempos: Dejen que los ni?os se acerquen a m? y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos (Mc. 10, 14). Habr? resultado m?s chocante, probablemente, que Jes?s propusiera la actitud de los ni?os peque?os, paid?a en el griego original, como modelo de un cierto retorno al estado de disponibilidad y apertura, de humildad y confianza, necesario para entrar al Reino. En ese contexto a?ade: el que recibe a uno de estos peque?os en mi nombre, me recibe a m? mismo (Mt. 18, 5). Este dicho encierra una profundidad admirable. El Se?or descubre en el estado de infancia la emersi?n de una dimensi?n originaria, arquet?pica, de lo humano: la orientaci?n hacia la verdad, el bien, la belleza, la santidad, algo que a pesar de su fragilidad todav?a no ha sido estropeado por la vida. Adem?s, quien se preocupa por un ni?o est? recibiendo al Ni?o por excelencia, al Hijo del Padre eterno que se hizo Hijo del hombre. Hay entonces algo grande y misterioso en la educaci?n de los ni?os; desde la perspectiva evang?lica se pone en juego en el acto pedag?gico la relaci?n del educador con Dios y la necesidad de hacerse ?l mismo como los ni?os para recibir el Reino y entrar en ?l. El aprecio y la custodia de esos bienes supra?ticos revelados en la concepci?n evang?lica de la infancia no impiden reconocer los defectos instintivos, las limitaciones del esp?ritu balbuciente, la inestabilidad de sentimientos, las borrosas fronteras entre el mundo real y el imaginario que asoman en esos a?os iniciales y que deben ser paulatinamente superados por el crecimiento y la educaci?n.

Los tres evangelios antes citados registran la sentencia de Jes?s sobre la gravedad del esc?ndalo y la dura condena que destina a quien escandaliza a uno de estos peque?os que creen en m? (Mt. 18, 6). Esc?ndalo equivale a trampa, lazo, piedra de tropiezo, y se refiere a una seducci?n que arrebata la fe en Cristo y aparta de Dios. La tradici?n exeg?tica ha interpretado incansablemente este pasaje que hasta inspir? tratados teol?gicos sobre el tema. En la cultura relativista y hedonista de nuestros d?as, potenciada por medios invasivos de propaganda y por las arbitrariedades del poder, la advertencia del Se?or adquiere una tremenda actualidad. ?Ad?nde podr?a llegar una sociedad, hacia qu? abismo se precipitar?a, si en ella la organizaci?n de la vida, las estructuras educativas y los centros de decisi?n ?sin prejuzgar acerca de las intenciones de los protagonistas? se configurase objetivamente como una superagencia del esc?ndalo, como una maquinaria para eliminar la fe del coraz?n de los ni?os?

Despu?s de ofrecer estos trazos inevitablemente generales sobre la educaci?n en los primeros a?os de escolaridad, quiero referirme a dos ?reas tem?ticas precisas para las cuales se han de gestar nuevas competencias si se pretende desarrollarlas como corresponde: son la formaci?n religiosa y la educaci?n sexual.

La misi?n espec?fica de la escuela cat?lica re?ne ?seg?n consta en un documento fundamental de la Santa Sede? dos vertientes de la evangelizaci?n: transmitir de modo sistem?tico y cr?tico la cultura a la luz de la fe y educar el dinamismo de las virtudes cristianas, promoviendo as? la doble s?ntesis entre cultura y fe y fe y vida (La Escuela Cat?lica, 49). En esta definici?n se vislumbra un esbozo de la distinci?n entre ense?anza religiosa escolar y catequesis. El lenguaje pastoral de las ?ltimas d?cadas ha oscilado frecuentemente al designar con diversos nombres esas dos dimensiones de la formaci?n religiosa. Asimismo, en ese per?odo se entablaron discusiones te?ricas y se aplicaron orientaciones pr?cticas opuestas en materia catequ?stica, tanto en la pastoral parroquial como en el ?mbito de la escuela. Se impon?a el prop?sito de otorgar a la formaci?n religiosa de los ni?os, y concretamente a la catequesis para completar la iniciaci?n cristiana, un talante vivencial. Esta decisi?n condujo de hecho, en muchos casos, a un menoscabo ?e incluso a un vaciamiento? de los contenidos doctrinales, al desprecio de la dimensi?n nocional, cognoscitiva, de la fe. De la memorizaci?n de una cartilla -nunca tuvo que reducirse a eso la catequesis? se pas? en muchos lugares al cultivo m?s o menos vago de algunas actitudes cristianas, del amor a Jes?s y al pr?jimo, sin referencias precisas a los misterios de la fe. La difusi?n de un m?todo riguroso de catequesis familiar llev? tambi?n, donde fue aplicado ?incluso en escuelas?, a una mediatizaci?n de los ni?os en cuanto destinatarios directos y privilegiados de la catequesis. Estas situaciones se fueron clarificando, durante el pontificado de Juan Pablo II, hasta establecer que la ense?anza religiosa escolar y la catequesis son realidades distintas y complementarias; hay entre ellas un nexo indisoluble y una clara distinci?n.

El Directorio General para la Catequesis, publicado en 1997, define el car?cter propio de la ense?anza religiosa escolar. Es ?sta una forma original del ministerio de la Palabra, llamada a penetrar en el ?mbito de la cultura y a relacionarse con los dem?s saberes (n. 73). La primera finalidad se?alada aspira a que los alumnos, desde el inicio de su escolarizaci?n y progresivamente, reciban la verdad cat?lica como un fermento dinamizador depositado en el terreno de su formaci?n, a lo largo de esos a?os en que van interiorizando el universo cultural definido por los saberes y valores que ofrecen las dem?s disciplinas escolares. Para que pueda lograrse este prop?sito ?seg?n explica el Directorio? es necesario que la ense?anza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las dem?s materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las dem?s disciplinas presentan sus saberes. Esta descripci?n hace pensar en un estudio sistem?tico de la religi?n cat?lica que deber? programarse a lo largo de todo el curr?culo, primario y secundario, asumiendo las determinaciones pedag?gicas correspondientes a cada nivel y procurando una clara articulaci?n entre los mismos. Se podr?a identificar entonces a la ense?anza religiosa escolar como teolog?a; teolog?a para la escuela, pero teolog?a al fin, que intenta pensar la fe y dar raz?n de lo que se cree. Juan Pablo II afirmaba que los alumnos tienen el derecho de aprender, con verdad y certeza, la religi?n a la que pertenecen.

La transmisi?n escolar de la verdad religiosa ocupa entonces un lugar en el curr?culo, en di?logo interdisciplinar con las dem?s asignaturas, y con un dinamismo ?como se dice ahora? transversal. Esta es la segunda finalidad de la teolog?a escolar: la relaci?n con los otros saberes. Dice el Directorio antes citado que este di?logo ha de establecerse, ante todo, en aquel nivel en que cada disciplina configura la personalidad del alumno. Desde la ense?anza religiosa escolar debe intentarse una s?ntesis entre fe y cultura, de tal manera que los alumnos vayan percibiendo progresivamente y a medida que avanzan en los estudios, la armon?a y la belleza de la cosmovisi?n cristiana. As?, la presentaci?n del mensaje cristiano incidir? en el modo de concebir, desde el Evangelio, el origen del mundo y el sentido de la historia, el fundamento de los valores ?ticos, la funci?n de las religiones en la cultura, el destino del hombre, la relaci?n con la naturaleza? (ib. 73).?

Catequesis para la vida

La otra vertiente de la evangelizaci?n presente en la escuela cat?lica, como forma del ministerio de la Palabra distinta y complementaria de la ense?anza religiosa escolar, es la catequesis. Su finalidad es procurar la s?ntesis entre fe y vida. Si se conciben correctamente la naturaleza y las tareas de la catequesis resulta una redundancia postular que debe ser vivencial. Lo es necesariamente en cuanto formaci?n cristiana integral, abierta a todas las formas de la vida cristiana (Catechesi tradendae, 21). Debe conducir, desde los primeros a?os, cuando despunta en la conciencia la fe bautismal con las caracter?sticas propias de la l?gica infantil, a una adhesi?n personal a Cristo, para celebrar, vivir y contemplar su misterio; hay que educar a los ni?os y adolescentes en la oraci?n, la acci?n de gracias, la penitencia, la plegaria confiada, el sentido comunitario, la captaci?n recta del significado de los s?mbolos ?(DGC 85) para que puedan incorporarse a la acci?n lit?rgica, ?mbito en el cual se forma en profundidad la personalidad cristiana. En suma, la finalidad de la catequesis en la escuela es poner a los alumnos en ?ntima comuni?n? con Jesucristo, moverlos, asistirlos, acompa?arlos espiritualmente de modo que asuman con creciente libertad su vocaci?n de disc?pulos misioneros. Los momentos sacramentales del proceso son jalones que conducen a una vida eucar?stica.

La articulaci?n entre la ense?anza religiosa escolar y la catequesis puede verificarse seg?n diversas tipolog?as. Una es la situaci?n de los colegios parroquiales, en los que se puede procurar una integraci?n entre colegio y parroquia para facilitar la incorporaci?n de los ni?os en la comunidad eclesial. Este aspecto resulta a menudo problem?tico en el caso de los colegios congregacionales, sobre todo si en la catequesis se incluyen los sacramentos que completan la iniciaci?n cristiana; ?cu?l ser? la comunidad eclesial de pertenencia cuando concluyan el ciclo escolar?. Otra configuraci?n especial asume la ense?anza religiosa en las instituciones de gesti?n estatal en las que se brinda ese servicio ?ocurre en algunas provincias-; en este caso habr? que proveer al complemento catequ?stico y sacramental necesario en el ?mbito m?s pr?ximo. A?n podemos enumerar otro tipo de formaci?n religiosa, la que se ofrece en aquellos colegios privados que no pertenecen al subsistema educativo eclesial pero que incorporan esa dimensi?n a su propuesta; es una exigencia de honor que la ense?anza del catolicismo se desarrolle siempre con la m?xima seriedad.

La perspectiva se?alada por el Directorio General para la Catequesis hace ya m?s de una d?cada debe ser asumida sin retaceos como una oportunidad educativa providencial. Es preciso, para que la decisi?n se cumpla debidamente, gestar nuevas competencias, es decir, estudiar rigurosamente y disponer una renovaci?n de los planteos hasta ahora vigentes en la formaci?n religiosa, favorecer la adecuada preparaci?n en la ciencia teol?gica de los profesores de religi?n y la renovaci?n de su aptitud pedag?gica, como as? tambi?n sostener espiritualmente la tarea de los catequistas y proporcionarles los recursos necesarios para su perfeccionamiento doctrinal, metodol?gico y pastoral. Como es f?cil de ver, en esta ?rea est? en juego la identidad misma de la escuela cat?lica.??

Intromisi?n del Estado

En diversas circunstancias me he ocupado de la educaci?n sexual, que yo prefiero llamar, de acuerdo a la antropolog?a cristiana, educaci?n para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia. Como es sabido, este aspecto decisivo en la formaci?n de ni?os y adolescentes es propuesto como una disciplina transversal, presente en todos los niveles del plan de estudios y en las diversas ?reas tem?ticas. Su introducci?n en el sistema escolar se plante?, por lo menos en Europa, en las primeras d?cadas del siglo XX. El psiquiatra Rudolf Allers, profesor de la Universidad de Viena, contempor?neo de Freud que hizo valiosos aportes sobre la naturaleza y educaci?n del car?cter, consideraba que es necesario al ni?o el conocimiento de las materias sexuales, y que debe ofrec?rsele antes de que lo hagan de modo inconveniente quienes no est?n llamados a ello. Pero tambi?n puntualizaba: La instrucci?n sexual es cosa de los padres, no de la escuela, si los padres no alcanzan a tanto, o no poseen la confianza del ni?o, entonces ser? obligaci?n de otras personas. Pero ha de efectuarse en una explicaci?n individual, no en la clase. La ense?anza que se da en la clase puede, todo lo m?s, servir de preparaci?n al explicar con cierta prudencia los temas afines de la biolog?a. Ha de proceder tambi?n esa instrucci?n de modo gradual; el momento de su necesidad nos lo indican las oportunas preguntas del ni?o ?supuesta siempre la ineludible relaci?n de confianza- Tales preguntas se han de responder como todas las otras que el ni?o hace; menos que en parte alguna debe darse aqu? la consabida respuesta ??T? no puedes entender eso!?. ?Esta precauci?n y reserva puede parecernos hoy una ingenua antigualla ante el cambio radical de las costumbres y habida cuenta de que el Estado se ha atribuido el derecho y el deber de ocuparse de tan delicada funci?n, sin preguntarle a los padres de familia si est?n de acuerdo en delegarle la tarea. Sin embargo, aquella cautela no deber?a descartarse del todo, y f?cilmente. Tengo noticia de casos horrendos ocurridos en jardines de infantes, que causaron indignaci?n en las familias y grave angustia en los peque?os. Glosando a Allers? me atrevo a decir que en la transmisi?n escolar del conocimiento de las materias sexuales las familias argentinas est?n corriendo el riesgo de que lo hagan de modo inconveniente ?los que est?n llamados a ello!.

Retomar? enseguida las cr?ticas que se han formulado a las orientaciones oficiales que se pretende imponer en estas materias. En los ?ltimos a?os se ha ido perfilando una ideolog?a oficial, que en el ?mbito escolar resulta manifiesta no s?lo en la tem?tica sexual sino en casi todas las ?reas; basta repasar las listas bibliogr?ficas que suelen acompa?ar a los dise?os curriculares. Antes se?alo r?pidamente una cuesti?n previa, de principio. El deber y el derecho de los padres a la educaci?n de los hijos es original y primario, insustituible e inalienable; ellos y no el Estado son los primeros y principales educadores de sus hijos. Existe actualmente una tendencia del Estado a invadir el ?mbito de la libertad familiar; esto ocurre, al parecer, como un fen?meno universal. Hans Urs von Balthasar observa que Hegel, en su filosof?a del derecho, consideraba que la autoridad concreta ejercida por los padres respecto de sus hijos en el seno de la familia es una realidad provisional que deber? disolverse para dar paso, en sustituci?n, a la autoridad general y definitiva del Estado. En efecto, el gran pensador alem?n ?nicamente reconoc?a a la familia un esp?ritu naturalmente ?tico del amor como emoci?n, que solo en la unidad mayor del Estado se desarrolla y evoluciona hasta convertirse en esp?ritu consciente y existente por y para s?. Este pensamiento inspir? la absorci?n estatal que caracteriz? a los dos mayores totalitarismos del siglo XX, el comunista y el nacionalsocialista, pero influye tambi?n, en diversa medida, en los reg?menes democr?ticos. Me permito, como dato curioso, una apostilla dom?stica; lo hago sin animosidad, ya que es de p?blico conocimiento. En el Segundo Congreso Internacional de Filosof?a, realizado aqu? en San Juan hace exactamente cuatro a?os, la presidenta de la Naci?n, que era entonces candidata al cargo que ahora desempe?a, se defini? a s? misma como hegeliana.?

La ideolog?a de g?nero en la escuela

La Comisi?n Episcopal de Educaci?n Cat?lica, en 2008, plante? graves objeciones a los Lineamientos Curriculares para la Educaci?n Sexual Integral: el reduccionismo antropol?gico y una insistencia en el modelo biol?gico-higienista que traspasa los l?mites de lo verdadero y razonable; el escamoteo de la dimensi?n ?tica de la sexualidad; la degradaci?n de la identidad sexual a una mera construcci?n sociocultural; la promoci?n de m?todos moralmente objetables de prevenci?n, eludiendo toda referencia a valores y virtudes. Se indic? adem?s, como negativo e injusto el car?cter obligatorio de los lineamientos y la omisi?n de papel de la familia.

Por mi parte, he criticado reiteradamente los Cuadernos de Educaci?n Sexual integral (ESI), el Material de formaci?n de formadores en educaci?n sexual y prevenci?n del VIH/SIDA, el Predise?o Curricular de Construcci?n de Ciudadan?a de la Provincia de Buenos Aires (que incluye un cap?tulo sobre Construcci?n de la Sexualidad) y la revista, publicada este a?o, de Educaci?n Sexual Integral. Para charlar en familia, que est? llegando a todos los colegios del pa?s. El constructivismo y la perspectiva de g?nero se han convertido en doctrina oficial. Seg?n estos instrumentos conceptuales, los roles y responsabilidades de mujeres y varones ser?an determinados socialmente, ?construidos? o impuestos por la cultura y no proceder?an de las diferencias biol?gicas, psicol?gicas, afectivas y espirituales de uno y otro sexo. Se practica una escisi?n entre sexo y g?nero, de tal manera que el concepto de g?nero es empleado para cubrir la afirmaci?n de una sexualidad polimorfa; el deseo sexual podr?a dirigirse leg?timamente a cualquier objeto, ya no se reconoce la heterosexualidad como la inclinaci?n natural, sino que se le emparejan como equivalente la homosexualidad, el lesbianismo, la? bisexualidad, la transexualidad y el travestismo. La inclinaci?n natural es reemplazada por la preferencia u orientaci?n sexual, que se puede elegir y ejercer como un derecho.

Esto es lo que habr?a que ense?ar en las escuelas, y desde la m?s tierna edad. En los Cuadernos de Educaci?n Sexual Integral, presentados en mayo de 2010, se propone en el nivel inicial ?de los cuarenta y cinco d?as a los cinco a?os- un juego pedag?gico, por dem?s elocuente como muestra de la intenci?n educativa, que consiste en ordenar los juguetes.? Est? formulado en estos t?rminos: En caso de que un ni?o o ni?a quiera clasificar los juguetes siguiendo la l?gica de la divisi?n por g?nero (juguetes para var?n, juguetes para mujer), el docente debe intervenir solicit?ndole una justificaci?n para conocer qu? ideas sustentan esa decisi?n? ??Por qu? te parece que esos juguetes son para varones? ?Puede usarlos una nena??, y deber? registrar finalmente las respuestas en un afiche que se dejar? expuesto para volver sobre ?l en otra oportunidad. Los autores explican a continuaci?n su prop?sito: La intenci?n de estas actividades es cuestionar los papeles estereotipados tradicionalmente asignados a varones y mujeres a trav?s de los juegos y juguetes. De acuerdo a estos hallazgos pedag?gicos ya no se podr? m?s educar a? los ni?os como varones y a las ni?as como mujeres, habr? que prepararlos para que elijan un d?a su orientaci?n sexual.

En algunos documentos oficiales se plantea la educaci?n sexual seg?n un enfoque de derechos ?as? se lo llama. Se proclama para ni?os y adolescentes el derecho al sexo como un derecho humano, y concretamente: a decidir tener o no tener relaciones sexuales, libres de todo tipo de coerci?n y violencia y a no sufrir consecuencias no deseadas en esas relaciones. En la mencionada revista Para charlar en familia no se ofrece ninguna pauta moral: ninguna referencia expl?cita a la finalidad misma de la sexualidad, que debe estar vinculada como valor aut?nticamente humano con el amor, el matrimonio y la familia; no se habla de pudor, de virtudes, de continencia, de castidad. Se habla s? de los m?todos anticonceptivos, y en especial del preservativo, que es considerado el ?nico eficaz para prevenir el embarazo y las enfermedades de transmisi?n sexual; se emplean varias p?ginas para recomendar su uso, con precisas instrucciones. Contradiciendo datos cient?ficos fehacientes se oculta que ese medio no es absolutamente eficaz, sobre todo para impedir el contagio del virus que provoca el sida. Se sostiene, adem?s, err?neamente, que la pastilla de anticoncepci?n hormonal de emergencia no afecta al embri?n si la fecundaci?n ya se ha producido, cuando es bien sabido que las sustancias qu?micas contenidas en esa p?ldora impiden la anidaci?n, provocando de este modo un aborto ultratemprano. No parece ?sta una educaci?n sexual integral, sino m?s bien ?lo dir? con lenguaje pol?ticamente incorrecto- la reivindicaci?n del derecho a fornicar lo m?s temprano posible, y sin olvidar el cond?n.

Una consideraci?n cr?tica como la que he esbozado tiene una destinaci?n eminentemente positiva: sirve para desbrozar la ruta y aventar el peligro de descaminarnos por sendas perdidas. Nuestra tarea educativa es, y debe y quiere ser cada vez mejor un servicio a la sociedad argentina, un servicio de verdad y de caridad basado en la idea cristiana del hombre que nos fue revelada en Jesucristo. Como escribi? Benedicto XVI, el cristianismo es aquella memoria de la mirada de amor del Se?or sobre el hombre, en la cual son custodiadas su plena verdad y la garant?a ?ltima de su dignidad.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Hablan los obispos
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