Mi?rcoles, 10 de agosto de 2011

ZENIT.org? Hoy, 21 de Julio de 2011, a los 96 a?os de edad, ha fallecido en Pinsk (Bielorrusia) el cardenal Kazimierz Świątek, un m?rtir viviente, que sobrevivi? a diez a?os de trabajos forzados en los gulag siberianos, y que supo acompa?ar durante d?cadas a una Iglesia perseguida detr?s del Tel?n de Acero.

No s?lo fue un s?mbolo de la resistencia durante la persecuci?n religiosa en la era comunista: el anciano cardenal fue tambi?n una figura clave en la reconstrucci?n y florecimiento del catolicismo bielorruso.

El 9 de julio de 1997, el anciano cardenal conced?a a la entonces reci?n nacida agencia ZENIT una larga entrevista en la que contaba, en primera persona, su vida. Volvemos a ofrecer, catorce a?os despu?s, este precioso testimonio de fe, a nuestros lectores.

El color rojo p?rpura que distingue a los cardenales representa la disponibilidad que asumen al recibir este reconocimiento para derramar su sangre en fidelidad a la Iglesia. Sin duda alguna, cuando en el consistorio del 26 de noviembre de 1994. Juan Pablo II cre? cardenal, ante la sorpresa general a Kazimierz Swiatek, quiso subrayar de manera particular su testimonio de fidelidad a Cristo y a la Iglesia hasta dar la vida.

Kazimierz Swiatek naci? el 21 de octubre de 1914 en Walga, hoy Estonia (entonces tierra perteneciente a Polonia). Pocos meses despu?s de ser ordenado sacerdote, el 17 de septiembre de 1939, el ej?rcito sovi?tico ocup? la parte oriental de Polonia donde se encontraba la parroquia del reci?n ordenado padre Swiatek.

?De este modo me convert? en ciudadano sovi?tico?. Y con una sonrisa ir?nica, a?ade: ?Esto no s?lo me ha tra?do privilegios en la vida?.

Es dif?cil hacer hablar a este cardenal sobre aquellos a?os de su vida. Tras insistir varias veces, accede: ?Fui arrestado por primera vez por el KGB y encerrado en el brazo de la muerte de la prisi?n de Brzesc. En dos meses fui interrogado 59 veces, siempre de noche. Me salv? gracias a la ofensiva de los alemanes, que conquistaron la ciudad el 21 de junio de 1941. Fue liberado por la gente del lugar. Al salir me mezcl? entre los soldados alemanes borrachos. Dado que hablaba alem?n, no me fue dif?cil pasar desapercibido. Regres? a pie a mi parroquia en Pr?zana. Al llegar me encontr? con la sorpresa de que la casa parroquial hab?a sido tomada por la Gestapo. Comenz? as? un complicado per?odo de servicio sacerdotal bajo la ocupaci?n nazi. Los conflictos fueron inevitables, pero al menos pude desempe?ar mi ministerio. Cuando en el verano de 1944 se acercaba la ofensiva de la Armada Roja, no quise escapar, y me quede en mi parroquia. Por desgracia, nada m?s entrar los rusos en la ciudad, me descubrieron y me arrestaron. Fui encerrado en la prisi?n de Minsk, donde pas? cinco meses. No me fusilaron, porque, como me dijeron, no val?a la pena derrochar un proyectil conmigo. Fui condenado a diez a?os de trabajos forzados?.

?De este modo llegu?, en septiembre de 1945 al campo de trabajo de Marwinsk, en Siberia oriental, All? estuve durante dos a?os: en invierno cortaba madera, en verano trabajaba en el campo. Como sobreviv? al cansancio, me mandaron m?s al norte, a las costas del mar ?rtico, a Workuta. Hac?a trabajos de construcci?n. Con frecuencia ten?a que cavar la tierra congelada con un pico. El trabajo era dur?simo, las condiciones clim?ticas tremendas, y la comida siempre escaseaba. En el campo de trabajo se ejecutaban condenas a muerte, aunque nunca hubieran sido sentenciadas por un tribunal. Recib?amos 300 gramos de pan cada ma?ana. Despu?s hab?a que caminar durante siete u ocho kil?metros por la nieve para llegar al puesto de trabajo. Primero caminaban los m?s d?biles, que con frecuencia, ca?an sobre la nieve para siempre; despu?s caminaba la ?fuerza de trabajo?.

??C?mo pudo vivir su sacerdocio en estas condiciones?

Swiatek: Al inicio, en el campo de concentraci?n, el aislamiento era total. No nos llegaba ninguna noticia del exterior. Tan s?lo pude saber que la guerra hab?a terminado. Pero nada m?s. Me enter? de todo lo que suced?a en el mundo y en Europa al salir del campo de concentraci?n. En los primeros a?os de trabajos forzados no pod?amos hablar. Tan s?lo pod?a celebrar la misa a escondidas. El r?gimen del campo de concentraci?n no permit?a el que los creyentes pudi?ramos reunirnos. Violar esta norma supon?a la muerte. S?lo en los ?ltimos tres o cuatros a?os tuve la posibilidad de celebrar la misa, pero siempre a escondidas. Algunos de los que estaban en el campo de concentraci?n ten?an la posibilidad de recibir visitas de sus familiares. En estos contactos, en ocasiones, recib?an alg?n paquete con algo de comida. Gracias a ellos recib? algo de uva seca para hacer el vino y una peque?a hostia. Como c?liz utilizaba una especie de vaso de cer?mica. En el campo hab?a cat?licos de origen polaco, lituano y de otros pa?ses. En la medida de lo posible trat? de ayudarles a vivir su fe. Llevaba la comuni?n escondida en una cajetilla de cerillas. Mis carceleros me asignaron un trato particularmente duro y durante los diez a?os de encierro no puede encontrarme con ning?n sacerdote. De modo que durante diez a?os incumpl? la normativa de la Iglesia de la confesi?n ?dice con otra sonrisa p?cara?. Sin embargo, s? que pod?a confesar a escondidas a los prisioneros. Cuando me dejaron en libertad, llegu? a Minsk. Entonces me confes? por primera vez despu?s de diez a?os.

?En los a?os oscuros del campo de concentraci?n, ?pensaba que alg?n d?a podr?a salir en libertad y volver a administrar el sacerdocio, como so?aba cuando entr? al seminario?

Swiatek: La gente siempre me hace esta pregunta. Para m? la respuesta es muy sencilla. Siempre he tenido una profunda fe en Dios. Y siempre he pensado toda mi vida depende de Dios. Si el se?or ten?a un plan para m? tras aquellos a?os, entonces me permitir?a seguir viviendo. Y as? ha sido. Dios ha pensado que yo ten?a que trabajar por la Iglesia de Bielorrusia.

Recuper? la libertad en 1954, despu?s de la muerte de Stalin. Lo primero que hice fue regresar a Minsk a la misma catedral en la que fui ordenado sacerdote. Comenc? a trabajar con el p?rroco de la catedral. Y as? continu? hasta 1991. En 1991 fui consagrado arzobispo de Minsk-Mohilev y nombrado administrador apost?lico de Pinsk. Se trata de dos grandes di?cesis que van desde la frontera con Polonia hasta la frontera con Rusia.

??Y c?mo es la vida de los cat?licos en Bielorrusia hoy?

Swiatek: Para comprender mejor c?mo es la vida espiritual de los cat?licos en Bielorrusia hay que saber c?mo era antes. Desde 1917, comenz? una lucha sin tregua contra la Iglesia y contra Dios. El 90% de las iglesias han sido destruidas. Y la misma proporci?n de sacerdotes ha desaparecido. Los ni?os no pod?an ir a la catequesis. Si alguien quer?a bautizar a un ni?o era perseguido. Lo peor de todo es que este r?gimen dur? durante d?cadas y d?cadas. De este modo, no s?lo se perd?a la fe, sino tambi?n todo el conocimiento de la fe cristiana. Se han formado generaciones analfabetas en religi?n. En consecuencia, el vac?o espiritual es enorme. Desde 1989 ha comenzado la libertad para la religi?n. Comenzaron a devolvernos las iglesias que no hab?an sido destruidas. Los sacerdotes comenzaron a administrar libremente las parroquias. Dejaron de perseguir a la gente por las pr?cticas religiosas. Y a los ni?os y j?venes se les permiti? ir a la catequesis.

Los sacerdotes hoy son muy pocos. Los ?nicos sacerdotes que quedaban en tiempos de la ?Perestroika? hab?an sido ordenados antes del 39. En todo el pa?s hay sesenta sacerdotes bielorrusos. En 1989 llegaron varios sacerdotes de Polonia y de otros pa?ses para ayudarnos. El total de los sacerdotes de todo el pa?s, incluyendo a los extranjeros es de 230. Sin embargo, en los ?ltimos a?os ya no hemos recibido m?s ayuda de otros sacerdotes. Se han hecho algunos esfuerzos en para invitar a sacerdotes a que vengan, pero no existen voluntarios.

??C?mo son las relaciones con el gobierno bielorruso?

Swiatek:Desde el punto de vista de la Constituci?n, la libertad est? garantizada, as? como la igualdad entre todas las confesiones. Siguiendo la constituci?n, el Gobierno ha tenido que restituir algunas iglesias. Tambi?n tenemos derecho construir otras nuevas. Podemos ense?ar la catequesis, pero s?lo en las parroquias, no en las escuelas.

Sin embargo, en la pr?ctica, el gobierno bielorruso privilegia a la iglesia ortodoxa. Pr?cticamente la considera como una especie de religi?n oficial. Algunos funcionarios han declarado que la confesi?n m?s adaptada para Bielorrusia es la ortodoxa, pues une al pueblo. Seg?n ellos, la Iglesia cat?lica divide la naci?n, es ajena al pueblo bielorruso.

Yo he reaccionado ante estas palabras, y me he quejado a las m?s altas autoridades pues la Constituci?n dice que todas las confesiones deben ser tratadas igualmente. Creo que mi intervenci?n ha dado sus frutos, pues en un encuentro con las m?ximas autoridades junto al metropolita ortodoxo, todos fuimos tratados como jefes de las confesiones iguales. Tras esta declaraci?n, es m?s f?cil hablar con las autoridades subalternas. Aunque, repito, es f?cil de constar que la Iglesia ortodoxa es privilegiada.

? La virgen de Fatima fue llevada en peregrinaci?n por todas las parroquias de Bielorrusia en el mes de mayo. ?Qu? significa para ustedes esta iniciativa?

Swiatek: Tuve la posibilidad de hablar en una ocasi?n con Sor Luc?a en Portugal. Fui all? junto a 46 sacerdotes de Bielorrusia. Era la primera vez que se pod?a hacer algo as?. Sor Luc?a me dijo: ?Os he esperado desde 19917. En aquel a?o tuve la aparici?n de que la fe regresar?a a vuestra tierra. La llegada del cardenal y los sacerdotes es una se?al de que aquella promesa ahora se ha realizado?.

En aquella ocasi?n, all? en F?tima, consagr? a Mar?a a nuestra Iglesia de Bielorrusia. Entre nuestra gente existe una profunda devoci?n por la virgen de Ostra Brama.

[?Innovative Media Inc. 1997]


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