Jueves, 11 de agosto de 2011

ZENIT? publica el art?culo que ha escrito monse?or Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Crist?bal de Las Casas, con el t?tulo ?La costumbre o el Evangelio?.

La costumbre o el Evangelio

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El presidente municipal de una poblaci?n ind?gena me dijo que todos sus habitantes, como condici?n para vivir en el municipio, deber?an hablar el idioma nativo, vestir la ropa tradicional, participar en todos los ritos y celebraciones, practicar las costumbres de los mayores, asumir los cargos comunitarios obligatorios. Si alguien no lo aceptara, ser?a expulsado, pues all? no valen la Biblia ni la Constituci?n, sino las tradiciones, que son la norma ?ltima de vida. Si se deja de cumplir el m?s m?nimo detalle de los ritos, parecer?a que se pierde su eficacia m?s bien m?gica, que expresi?n de fe. Quieren ser totalmente distintos a todos, lo que, por cierto, les genera dividendos pol?ticos y muy buenos ingresos econ?micos, por el turismo, que busca algo no visto en otras partes, y por el consumo de velas, incienso, alcohol y otros implementos que exige la costumbre.

En poblaciones urbanas mestizas, la fuerza de la costumbre es semejante. Cuando pregunto la historia y el sentido de celebraciones, ritos, fiestas, horarios, normas y s?mbolos, la ?nica y repetida respuesta es: As? es la costumbre? ?Y ay de aqu?l que la quiera cambiar! No valen razones, ni de la ciencia ni de la fe.

JUZGAR

Jesucristo asume una admirable y dif?cil actitud: Por una parte, practica, respeta y valora las tradiciones judaicas; por otra, con toda libertad las critica y las cambia, cuando se han hecho esclavizantes y contrarias a la raz?n por las que fueron prescritas por el mismo Dios; sobre todo, cuando son pretexto para no amar al pr?jimo. Por esta actitud, fue no s?lo duramente criticado y rechazado, sino condenado. Su libertad es nuestra libertad.

El Papa Benedicto XVI cita esta frase de Tertuliano: ?Cristo no dijo: ?Yo soy la costumbre?, sino ?Yo soy la verdad??. Y tomando como base lo que expresa al respecto un comentarista, afirma: ?El concepto de costumbre puede significar las religiones paganas que, seg?n su naturaleza, no eran fe, sino que eran costumbre: se hace lo que se ha hecho siempre; se observan las formas cultuales tradicionales y as? se espera estar en la justa relaci?n con el ?mbito misterioso de lo divino. El aspecto revolucionario del cristianismo en la antig?edad fue precisamente la ruptura con la costumbre, por amor a la verdad? Si Cristo es la verdad, el hombre debe corresponder a ?l con su raz?n. De aqu? se comprende que la fe cristiana, por su misma naturaleza, debe suscitar la teolog?a; deb?a interrogarse sobre la racionalidad de la fe? El amor quiere conocer mejor a aquel a quien ama. El amor, el amor verdadero, no hace ciegos, sino videntes. De ?l forma parte precisamente la sed de conocimiento, de un verdadero conocimiento del otro. Por eso, los Padres de la Iglesia encontraron los precursores y predecesores del cristianismo no en el ?mbito de la religi?n consuetudinaria, sino en los hombres que buscaban a Dios, que buscaban la verdad, en los fil?sofos: en personas que estaban sedientas de la verdad y por tanto se encontraban en camino hacia Dios? (30-VI-2011).

ACTUAR

Seamos personas sedientas de verdad; preguntemos el porqu? de las costumbres; usemos la raz?n y el juicio, para discernir qu? hay de verdad y de bien en las tradiciones, y qu? es contrario a la raz?n y a la fe. No nos escudemos en que eso es lo que siempre se ha hecho. Deben tener una raz?n, una justificaci?n, una finalidad, un sentido; de lo contrario, pueden degenerar en esclavitud, ignorancia, atraso, manipulaci?n con fines ideol?gicos, pol?ticos, econ?micos o religiosos.

En el Evangelio, en la persona y en las ense?anzas de Jes?s, encontramos una luz que nos lleva a la verdad. Las costumbres y tradiciones que est?n conformes con Cristo, son verdaderas y buenas; las que sean contrarias, hay que desecharlas. Pero debemos actuar con prudencia y respeto, con suficiente informaci?n, para no condenar como negativo algo que quiz? no conocemos bien, pero tambi?n con audacia y constancia. Nuestra fe no son costumbres sin fundamento, sino relaci?n personal con Jesucristo, que nos transforma. Una costumbre que no lleva a un cambio de vida, a la justicia y al amor fraterno, carece de valor y hay que relativizarla o dejarla.


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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