Domingo, 14 de agosto de 2011

(ZENIT.org La sociedad narcisista en la que vivimos valora la eficacia y da culto a lo joven, bello y hermoso. La vejez es un contravalor y no se estima la ?sabidur?a del coraz?n? que representan los a?os. Debido a esta cultura y a otros factores sociales, en ocasiones,? los ancianos son para algunos hijos una carga que se pasan de unos a otros y muchos terminan desamparados. Sin embargo, en esta misma sociedad, los abuelos son m?s protagonistas de lo que parece, pues? no pocos de ellos son actualmente una ayuda imprescindible para aquellas parejas de matrimonios j?venes que, abocadas al trabajo fuera del hogar tanto el marido como la mujer, ven en sus padres el mejor seguro de la educaci?n de sus hijos.

Ah? est?n las estampas de cada d?a, de aquel abuelo o abuela que recoge a su nieto a la salida del colegio. Que ayuda en tareas dom?sticas de la nueva familia de sus hijos, y que en tantas ocasiones ?siguiendo la m?xima evang?lica de ?no sepa tu mano izquierda lo que da tu derecha?, contin?an sacrific?ndose en favor de sus hijos. Pero sobre todo ahora, cuando muchas familias j?venes? sufren? de cerca la lacra del paro, all? est?n los abuelos compartiendo lo que tienen para ayudar a hijos y nietos.

Esta generaci?n de personas mayores se forj? en los a?os duros donde todav?a no hab?a aparecido la llamada sociedad del bienestar. No tuvieron las comodidades que gozan hoy sus nietos, ni las posibilidades culturales y educativas que tienen sus hijos pues muy pronto conocieron? la dureza del trabajo para traer dinero a casa. Son hombres y mujeres hechos a s? mismos, autodidactas, sacrificados, capaces de un aguante sobrehumano y de las m?s heroicas renuncias. Precisamente son ellos quienes est?n desempe?ando una labor supletoria en la transmisi?n de la fe y de los valores que han configurado la instituci?n natural de la familia. Por esto y por otras muchas razones, los abuelos siguen siendo un gran tesoro de humanidad en todas las tradiciones culturales.

En ?frica se dice que, cuando muere un anciano ?ha desaparecido una biblioteca?. Los mayores all? son los custodios de la memoria colectiva. En cambio, en Occidente, nadie quiere parecer viejo y se ha perdido el respeto a la ?vejez venerable?.? Pero para un cristiano no est? pasado de moda el cuarto mandamiento de la ley de Dios: ?honrar al padre y a la madre?, por mucho giro antropol?gico y cultural que pretendan dar a la familia los poderosos de turno en funci?n de sus intereses pol?ticos e ideol?gicos. El reconocimiento universal de este mandamiento conlleva el amor de los hijos a los padres, manifiesta la vinculaci?n entre las generaciones y hace que los mayores se sientan seguros y que no sean considerados un objeto in?til y embarazoso. Por eso, honrar a los padres supone tambi?n honrarles cuando lleguen a ser? abuelos,? acogi?ndolos, asisti?ndolos y valorando todas sus cualidades.

Es necesario crear una nueva mentalidad respecto de nuestros mayores. En primer lugar, hace falta considerar al anciano en su dignidad de persona. Luego hay que procurarle una inserci?n efectiva en el entramado social. No son un peso para la sociedad, si no una fuente de sabidur?a y armon?a que puede contribuir al bien com?n. Finalmente, no s?lo se trata de organizar actividades de ocio para la tercera edad, si no de procurarles una asistencia rica en humanidad e impregnada de valores aut?nticos.

La tradici?n cristiana hace coincidir la fiesta lit?rgica de San Joaqu?n y Santa Ana, padres de la Virgen Mar?a, con la celebraci?n del ?d?a de los abuelos?. Recordemos en esta efem?ride el mensaje que Benedicto XVI dirigi? a todos los abuelos del mundo desde Valencia (Espa?a) en el? V Encuentro Mundial de las Familias 2006: ?Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Ellos pueden ser ?y son tantas veces? los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los peque?os la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojal? que, bajo ning?n concepto, sean excluidos del c?rculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercan?a de la muerte?.

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Monse?or Juan del R?o Mart?n es el arzobispo castrense de Espa?a


Publicado por verdenaranja @ 21:27  | Hablan los obispos
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