Martes, 16 de agosto de 2011

ZENIT? publica el mensaje que Benedicto XVI ha dirigido al prep?sito general de los Cl?rigos Regulares Somascos, con motivo del a?o jubilar convocado por la Orden en el quinto centenario de la prodigiosa liberaci?n de la c?rcel del fundador, san Jer?nimo Emiliani (1486-1537).

La pobreza de amor, ra?z de todo problema humano

Al reverendo padre Franco Moscone, c.r.s.
Prep?sito general de la Orden de los Cl?rigos Regulares Somascos

He sabido con profunda complacencia que esta Orden se prepara para celebrar con un a?o jubilar una fecha feliz e importante para su historia y su carisma. El 27 de septiembre pr?ximo, de hecho, se celebrar? el quinto centenario de la prodigiosa liberaci?n de la c?rcel, por obra de Mar?a Sant?sima, del fundador, san Jer?nimo Emiliani, patr?n universal de los hu?rfanos y de la juventud abandonada: un evento prodigioso que, al mismo tiempo, cambi? el curso de una vida humana y dio inicio a una experiencia de vida consagrada sumamente significativa para la historia de la Iglesia.

La vida del laico Girolamo Miani, veneciano, fue como ?refundada? en la noche del 27 de septiembre de 1511, cuando despu?s de un sincero voto de cambiar de conducta, presentado a la Virgen Grande de Treviso, por intercesi?n de la Madre de Dios, quedo liberado de los grilletes de la prisi?n, que ?l mismo coloc? ante el altar de la Virgen.

?Dirupisti vincula mea? (Salmo 116, 16). El vers?culo del salmo expresa la aut?ntica revoluci?n interior que tuvo lugar despu?s de aquella liberaci?n, ligada a las atormentadas vicisitudes pol?ticas de la ?poca. Se convirti? en una renovaci?n integral de la personalidad de Jer?nimo: fue liberado por intervenci?n divina, de los lazos del ego?smo, del orgullo, de la b?squeda de la afirmaci?n personal, de modo que su existencia, en un primer momento orientada sobre todo a los bienes temporales, se centr? ?nicamente en Dios, amado y servido de manera particular en la juventud hu?rfana, enferma y abandonada.

Orientado por sus vicisitudes familiares, a causa de las cuales se hab?a convertido en tutor de todos sus sobrinos que quedaron hu?rfanos, san Jer?nimo madur? la idea de que la juventud, sobre todo la m?s necesitada, no puede ser abandonada, sino que para crecer de una manera sana requiere un requisito esencial: el amor. En ?l, el amor superaba el ingenio, y dado que era un amor que surg?a de la caridad misma de Dios, estaba lleno de paciencia y de comprensi?n: atento, tierno y dispuesto al sacrificio, como el de una madre.

La Iglesia del siglo XVI, dividida por el cisma protestante, en b?squeda de una seria reforma tambi?n en su interior, goz? de un reflorecimiento de santidad que se convirti? en la primera y m?s original respuesta a las instancias renovadoras. El testimonio de los santos muestra que s?lo hay que confiar en Dios: las pruebas, de hecho, tanto a nivel personal como institucional, sirven para aumentar la fe. Dios tiene sus planes, incluso cuando no logramos comprender sus disposiciones.

La atenci?n por la juventud y su educaci?n humana y cristiana, que caracteriza el carisma de los Somascos, sigue siendo un compromiso de la Iglesia, en todo tiempo y lugar. Es necesario que el crecimiento de las nuevas generaciones sea alimentado no s?lo por nociones culturales y t?cnicas, sino sobre todo por el amor, que vence al individualismo y al ego?smo y permite prestar atenci?n a las necesidades de todo hermano y hermana, incluso cuando no puede intercambiarlas, es m?s, precisamente entonces. El ejemplo luminoso de san Jer?nimo Emiliani, definido por el beato Juan Pablo II ?laico animador de laicos?, ayuda a preocuparse por toda pobreza de nuestra juventud, moral, f?sica, existencial, y ante todo, la pobreza de amor, ra?z de todo serio problema humano.

Seguir? gui?ndonos con su apoyo la Virgen Mar?a, modelo insuperable de fe y de caridad. Al igual que liber? de las cadenas que ten?an prisionero a san Jer?nimo, que con su materna bondad siga liberando a los hombres de los lazos del pecado y de la prisi?n de una vida privada del amor por Dios y por los hermanos, ofreciendo las llaves que nos abren el coraz?n de Dios y nuestro coraz?n a Dios.

Con estos sentimientos, le imparto a usted, reverendo padre, a todos los miembros de la Familia Somasca, y a cuantos se unir?n con fe a las celebraciones jubilares una especial bendici?n apost?lica.

Castel Gandolfo, 20 de julio de 2011

[Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina
? Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:22  | Habla el Papa
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