S?bado, 20 de agosto de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo veintiuno del Tiempo Ordinario- A, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 21º del T. Ordinario A.

 

La noticia más importante de estos días es la presencia en Madrid del Papa, Benedicto XVI, para la Jornada Mundial de la Juventud.

Este acontecimiento eclesial ha traído a la Capital de España como una especie de “tsunami” de entusiasmo y de alegría desbordantes y contagiosos de miles y miles de jóvenes de todo el mundo. Su testimonio y su recuerdo será algo imborrable… La alegría, junto al  buen comportamiento, en efecto,  es un testimonio muy importante y valioso de los cristianos que acogen el Reino de Dios como Evangelio, es decir, como Buena Noticia. Y la gente ha descubierto en estos chicos y chicas algo especial, que les distingue de los demás. Ellos no ocultan su condición de cristianos y su interés por ver al Papa, por escucharle y aclamarle…

Y todo eso ¿Por qué? ¿Qué significa todo eso?

Es que esta multitud de jóvenes, como todos católicos, consideramos a los obispos,  sucesores de los Apóstoles y al Papa, sucesor de Pedro.

Y he aquí que las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo centran nuestra atención, precisamente, en el ministerio de Pedro y de sus sucesores. Antes era el Papa Juan Pablo II, que fue abriendo y trazando poco a poco el camino de estos encuentros internacionales… Ahora es el Papa Benedicto XVI, el que preside y anima estos encuentros que parecen ya consolidados… Cambian los nombres pero continúa el ministerio de Simón, el hijo de Jonás, a quien Jesucristo cambia su nombre y su vida llamándole Pedro.

Cuántas gracias tenemos que dar al Señor que nos ha concedido el gran regalo de celebrar en España la XXVI Jornada Mundial de la Juventud.

Los ecos de este gran  acontecimiento que llegan y resuenan en el mundo entero, encuentran en la Liturgia de este domingo su explicita-ción y su fundamento.

Y en cada comunidad cristiana, la celebración festiva de este domingo nos impulsa  a la escucha, la reflexión y la contemplación de la doctrina acerca del ministerio apostólico del Sucesor de Pedro. Y, al mismo tiempo, alaba y da gracias al Padre reconociendo que “sus decisiones son insondables e irrastreables sus caminos” (2ª Lect..), y ora incesantemente a Dios por él. (Hch 12, 5).

Las frases en rojo que encabezan las lecturas de cada día, indican lo que la Iglesia, Madre y Maestra, quiere subrayar. Así, este domingo, lo que se quiere destacar en la primera lectura es: “Colgaré de su hombro la llave del palacio de David”. En el texto del Evangelio,  “Tú eres Pedro. Te daré las llaves del Reino de los Cielos” y en la segunda lectura, “El es el origen, guía y meta del Universo”.

Todos sabemos la importancia que tienen los cimientos en una casa o cualquier edificio. Ya el Señor nos habla en una ocasión de aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca y del hombre necio a quien se le ocurre construir una casa sin cimentación, sobre arena… (Mt 7,24-29)

Y Jesús, que es el hombre infinitamente prudente, porque es el es el Hijo de Dios”, ¿cómo edificará  “la Casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad?” (1Tim 3,15) ¿Sobre roca o sobre arena?

S. Pablo nos enseña que estamos “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular…”  (Ef 2,20).

Y con el fin de que los sucesores de los apóstoles, los obispos, fueran una sola cosa y no estuvieran divididos, “puso a Pedro al frente de los demás Apóstoles  e instituyó en él para siempre el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión”. (Cfr. L. G. 18)

Por eso, en aquel contexto rocoso de Cesarea de Filipo, se produce una doble e impresionante revelación: la que hace el Padre, a través de Simón Pedro, acerca de Jesucristo a quien proclama “el  Mesías, el Hijo del Dios vivo” y la  que hace Jesús sobre su Iglesia que va a ser edificada sobre Pedro. Y también sobre sus sucesores porque la Iglesia tiene  vocación de continuidad…  Tiene que permanecer, firme y luminosa, hasta la Vuelta gloriosa del Señor…  Ni siquiera “el  poder del infierno”  la derrotará.

Y entre los signos que señalan esa misión se subraya hoy “el poder de las llaves”.

Ya sabemos lo que significan unas llaves. Nos convierten, por ejemplo, en  dueños o administradores de una casa…

Y el Señor Jesús le dice a Simón Pedro: “Te daré las llaves del Reino de los Cielos…”

En la primera lectura escuchamos su significado: “Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: Lo que él abra nadie lo cerrará. Lo que él cierre nadie lo abrirá”.

Cuántas cosas podíamos continuar diciendo…, pero no tenemos espacio para más…

En
medio de esta experiencia gozosa e impresionante de Iglesia que estamos viviendo estos días, y, conscientes de la fragilidad de todo lo humano, pedimos a Dios Padre una y otra vez: “Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”. (Sal. resp.).

 

Junto a estas reflexiones, les hago llegar mi saludo más cordial, con mis mejores deseos. ¡Feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 17:00  | Espiritualidad
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