Martes, 23 de agosto de 2011

Saludo de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en ocasión del Día del Santo Cura de Ars (3 de agosto de 2011). (AICA)

DÍA DEL CURA DE ARS         

Con ocasión del día del Cura de Ars, saludo fraternalmente a los queridos párrocos y sacerdotes dela Arquidiócesis, agradeciendo a Diosla Jornadadela Santificaciónsacerdotal que hemos vivido con este gran número de sacerdotes, que compartieron este día de accIón de gracias y de espiritualidad.

Precisamente el Cura de Ars nos da una muestra de esta espiritualidad sacerdotal, que tiene como su raíz más profunda el don de Dios y la misma Ordenación. Vivir la espiritualidad como sacerdotes significa la primacía de este don supremo, y la riqueza que nos comunica por la gracia la imposición de las manos.

Esta espiritualidad significa ante todo ser amigos de Jesucristo, viviendo como quien es llamado para seguir al Señor, animados por el Espíritu Santo. Esta riqueza, que debe trasladarse y verificarse en toda nuestra vida, se refleja también en nuestro sentir y en nuestro obrar de sacerdotes. Esto lo vivió el Cura de Ars, y lo vemos reflejado en la vida del Beato Juan Pablo II, del Cura Brochero, de tantos sacerdotes, - aún entre nosotros - , que siguen con fidelidad el camino del discípulo elegido que deja todo por el Señor.

De esta espiritualidad, que unifica todo nuestro ser sacerdotes, se alimenta el ministerio y la vida pastoral; brota, por así decir, en todas las dimensiones de nuestra vida ministerial, así como también en cada uno de nosotros como personas, con talentos y riquezas, con limitaciones y fragilidades.

Dentro de este ministerio, al que fuimos llamados, deseo realzar de un modo especial la misión de ser predicadores dela Palabrade Dios: ya que fuimos ordenados sacerdotes "para que por su predicación, y la gracia del Espíritu Santo,la Palabradel Evangelio dé fruto en el corazón de los hombres..." (Ri. Pref. Ord.). Asimismo, la predicación, que puede llegar a transformar el corazón y puede hacer tanto bien a quienes nos escuchan, a la vez nos hace bien a nostros mismos, y de ella abreva la espiritualidad de la que hablamos.

Como decíala Exhortación Apostólicapostsinodal "Pastores dabo vobis", "el sacerdote es, ante todo ministro dela Palabrade Dios; es el ungido y enviado para anunciar a todos el Evangelio del Reino, llamando a cada hombre a la obediencia de la fe y conduciendo a los creyentes a un conocimiento y comunión cada vez más profundos del misterio de Dios, revelado y comunicado a nostros en Cristo" (nº 26).

Sila Palabrade Dios anunciada debe llevar a los otros a ese asentimiento profundo de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad por la fe, también debe hacerlo en primer lugar a quienes la anunciamos; de tal manera que vivamos lo que enseñamos, "como testigos entusiastas y sinceros" (Ri. Ord.); llevándonos a una cercanía muy estrecha, a una familiaridad personal con Jesucristo.

Como nos dice el Papa Benedicto XVI al hablarnos de la relación dela Palabrade Dios y la vida de los ministros ordenados, "nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras actitudes deben ser cada vez más una transparencia, un anuncio, y un testimonio del Evangelio" (Verbum Domini, nº 80).

Le pido al Señor en este día, por la intercesión del Cura de Ars, que vivamos con gratitud el don de Dios. Así como nuestra vocación estuvo unida seguramente al testimonio de un sacerdote, que nos dió ejemplo de su entrega y de su amor a Cristo, e hizo más audible el llamado de Jesús, que nuestro testimonio sacerdotal sea una invitación permanente que despierte a las nuevas vocaciones sacerdotales.

Como María, pidamos vivir más la comunión y el amor, para que nuestra vida de sacerdotes refleje nuestra identidad con Jesucristo y nuestra vida de entrega pastoral a los hermanos. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Hablan los obispos
 | Enviar