Martes, 23 de agosto de 2011

Homilía de monseñor Mario Cargnello, arzobispo de Salta en la celebración de la entronización del Señor yla Virgen del Milagro (Catedral basílica de Salta, 30 de julio de 2011). (AICA)

ENTRONIZACIÓN DEL SEÑOR Y LA VIRGEN DELMILAGRO              

Is. 55, 1-3  /  Sal. 144, 8-9.15-18  /  Rm 8, 35.37-39  /  Mt. 14, 13-21 

Queridos hermanos:

En el quinto recuerdo de la historia del Milagro que acabamos de escuchar, se nos ha dicho que desde 1692 renovamos cada año esta novena de penitencia, de oración y de conversión. Al mismo tiempo se nos decía que año a año se afianza el pacto de fidelidad mutua entre el Señor del Milagro y sus fieles y devotos. Va madurando esta relación magnifica que está escrita en el corazón de la identidad misma de nuestro pueblo.

Este año nos toca a nosotros, gracias a Dios, exponer la imagen del Santo Cristo para honrarlo y para experimentar aquello que el Evangelio nos dice en esta jornada: “Jesús después de desembarcar, vio a la muchedumbre, se compadeció de ella y sanó a los enfermos” [1]. Los más de cuarenta y cinco días que vamos a estar juntos experimentando la cercanía del Señor son días en los cuales podremos descubrir la compasión de Jesús y recibir la salud que Él nos ofrece. Cada año que pasa soy testigo de esto. El Milagro es una realidad que forma parte del código genético salteño –por decirlo de alguna manera- y se va extendiendo a todos los devotos y peregrinos del Señor y dela Santísima Virgen del Milagro. Comencemos este tiempo de gracia, de regalo, de abundancia, de multiplicación de los panes, como escuchábamos en el Evangelio.

La primera lectura tomada del Libro de Isaías, fue escrita en un momento donde el pueblo está sufriendo a la deportación. No estaba en su tierra sino en Babilonia y experimentaba la sed de la lejanía. El Profeta les dice: “Vengan a tomar agua, coman su ración de trigo y sin pagar tomen vino, tomen leche” [2].

Nosotros tenemos que “escuchar” sin pensar que es un texto que se queda en su realización de hace 2600 años aproximadamente. Esta lectura es un llamado que hoy se dirige al corazón de nuestro pueblo, de cada uno de nosotros: “Vengan y reciban del Señor el agua, el pan, el trigo, el vino y la leche”. Son días donde Dios quiere compartir con nosotros la abundancia de su amor. En nuestro tiempo en el que también nosotros experimentamos “tribulaciones, angustias, hambres, desnudeces, peligros, espadas o persecuciones” [3] como dice Pablo a los Romanos, Dios nos muestra que su amor es mayor que cualquier sufrimiento, que cualquier experiencia de desierto, de lejanía, de ausencia. Cada uno de nosotros puede decir: “Yo traigo a este 30 de julio este tipo de experiencias”. Cada uno de nosotros las vive desde este momento de la historia: problemas de familia, de trabajo, de pobreza. Serán quizás experiencias de la lejanía de Dios por nuestro pecado o por algún sufrimiento interior.

Dios nos invita a descubrir que vale la pena escuchar y responder a ese “vengan” que resonaba en la primera lectura. Se trata de una invitación para ponemos en marcha para ser un poco mejores, para ser más fieles. Es un “vengan” que se dirige a este momento de nuestra Salta, a este momento de nuestra Argentina y también a este momento del mundo en el que todo parece tambalear en el juego de los equilibrios económicos y políticos y el miedo puede enseñorearse de nuestro corazón e inducirnos a aferrarnos a pequeñas seguridades nos quita libertades.

Escuchamos el “vengan” que tiene el dulce sonido de la voz del Señor de la historia. Es el Dios fiel que a través del Señor del Milagro va marcando la historia de nuestro pueblo, la historia de todos nosotros, peregrinos y devotos suyos. Vuelve a decirnos el Señor con una intensidad especial: “vengan”. Él pone el dial de su corazón, en la frecuencia de la historia de cada uno de nosotros. Pongamos nosotros también el dial de nuestro interior en la frecuencia de su voz y permitamos que estos días sean espacios para afinar fidelidades. De este modo el Pacto será el fruto de un tiempo en el que crecerá el deseo de Dios y así el Pacto será el fruto de un tiempo en el que crecerá el deseo de Dios y así el Pacto se convertirá en un encuentro que nos dignifica, que nos libera, que nos mejora, que nos hace más fraternos, más hijos del Padre, más justos, más capaces de generosidad. 

II 

¿Qué nos promete el Señor? Agua, trigo, vino y leche.

El agua es el signo de la vida. ¡Qué importante es descubrir su verdadero valor! Hace pocos años el hombre casi ha tocado el misterio de la vida. La ciencia lo ha conducido a descubrir el código genético y le ha permitido avanzar en los secretos de la vida. En su avance el hombre muchas veces transgrede el límite del misterio de la vida. Estamos perdiendo el sentido del misterio de la vida.

Muchas veces convertimos a los seres humanos en mercadería. Vamos perdiendo el misterio de la persona y prostituimos nuestras relaciones. Nos insultamos, nos maltratamos, despreciamos el valor de la verdad como sustento de las relaciones humanas. Mentimos y cuando se miente se rompe la confianza, nos aferramos a tener, pero vamos perdiendo el ser de nuestras relaciones. Esto afecta desde las relaciones internacionales hasta las relaciones humanas más cercanas: sean éstas relaciones económicas, culturales, políticas o sociales. Hemos perdido el sentido del misterio de la vida humana, el misterio de la persona humana y su dignidad; se va perdiendo el sentido del cuerpo hasta convertirlo en un muñeco llenándolo siliconas.

La Palabrade Dios nos dice: “les voy a dar agua”, les voy a dar vida, calidad de vida. Relacionarnos con Dios es volver a relacionarnos con la verdad. A Dios no le puedo mentir. Sería estúpido intentar mentir a Dios que conoce mi verdad. Ante el rostro de Jesús yo le puedo decir la verdad y sé que no me va a juzgar, Él me va a perdonar y me va a dar luz para que yo me juzgue bien enla Verdad, porque Él es Verdad.

La Fiestadel Señor yla Virgendel Milagro constituye una ocasión especial para encontrarme con Él y en el rostro de Él con el otro. Se trata de una ocasión para encontrarme con mis hermanos y descubrir juntos la verdad sin miedo a que la verdad me hiera, porque la verdad cura las relaciones humanas. Escuchemos, pues, al Señor que nos dice: “vengan, tomen agua”.

El Señor nos ofrece, además del agua, el pan. El texto dice: “coman gratuitamente su ración de trigo”

El pan es el signo de la fortaleza, la comida de cada día. Es la fuerza para enfrentar el presente, junto con los demás, sin miedo a los pasados, sin miedo a los futuros. Jesús es el pan de cada día, es la comida que me permite vivir este día. La comida de hoy no es suficiente para mañana. Cada día debemos comer nuestra ración de pan.

Nosotros sabemos que el pan es Jesús, Él es el Pan dela Eucaristía, del cual nos va hablar en el Evangelio en la escena de la multiplicación de los panes.

En el corazón de la devoción del Señor yla Virgendel Milagro está la dimensión eucarística. El Señor nos ofrece, mediante el sacrificio y la presencia eucarística, poder vivir el presente con naturalidad, porquela Eucaristíaes el don de de Dios por excelencia. Esta es una gracia propia de la devoción del Señor yla Virgenque marca fuertemente a la gran mayoría de nuestro pueblo. No perdamos este vínculo entrañable con Jesús.

La Eucaristíanos da capacidad de libertad, porque nos da capacidad de reconocer lo gratuito de la vida, lo sobreabundante de Dios. Por ello nos fortalece para ser generoso sin miedos de que algo escasee porque Dios siempre nos gana en generosidad.

La Eucaristíaes la experiencia de la comunión de Dios con nosotros y con los hermanos. Comunión que da impulso para el riesgo, la audacia, el don de nosotros mismos; que nos ayuda a superar mezquindades, cálculos y miedos. Por eso en el Evangelio abunda el “no tengan miedo” y es el Jesús Resucitado quien nos invita a ello.

La experiencia del Milagro nos ayuda a vivir la vida con menos miedos, con más tranquilidades. Cuando empieza el Milagro, –a pesar del frío- ya empieza la primavera para los salteños.

El Señor nos quiere dar, además vino, nos quiere dar alegría. Enla Escriturael vino es el signo de la alegría.

La alegría nace del corazón, nace de adentro. La alegría se da en el encuentro con el otro. La fiesta es más fiesta compartiendo una taza de café con alguien a quien uno quiere y puede charlar siendo uno mismo, que por la sobreabundancia del numero de personas o de comida o de música. Dios quiere darnos alegría en estos días. Él quiere encontrarse con nosotros, para que nosotros, encontrándonos con Él, tengamos capacidad de encuentro con los demás, con nuestros hermanos. El Milagro que comenzamos a celebrar quiere ser un servicio a nuestra patria que nos necesita reencontrados a los argentinos. La fiesta del Señor yla Virgendel Milagro es un espacio hermoso de oxigeno, de vida, de fuerza, de pan y de alegría que hace a la calidad de las relaciones, a la verdad de los vínculos humanos.

La cuarta promesa del Señor en el texto de Isaías es la leche. Enla Sagrada Escriturase trata de un signo de la abundancia. ¡Cuánta abundancia de amor descubrimos nosotros en la historia de la cercanía del Señor y dela Virgendel Milagro con el pueblo de Salta! Permítanme reflexionar con ustedes sobre esta historia de amor que es la historia del Señor del Milagro.

III 

En la historia de la devoción del Señor y de la Virgen podemos descubrir tres momentos.

Un primer momento se desarrolla entre la promesa del obispo Francisco de Victoria hasta 1692. Salta es consciente -así lo ha vivido- que en el origen de su fundación está Dios. Salta fue fundada un lunes de Pascua, por eso la presencia del Resucitado; esta es la única ciudad bendecida en el acto mismo de la fundación por un obispo, por el primer obispo del territorio argentino.La Providenciaasí lo dispuso y desde el acto fundacional quedó marcada esta ciudad y provincia por esa bendición.

El envío de la imagen desde España llegando al continente latinoamericano por el puerto del Callao en Perú es un dato verosímil. Aún hoy, cuando encallan las embarcaciones que van a ese puerto, para que se aliviane el barco, tiran alguna carga y los cajones van flotando hasta un lugar que hoy se llama “La Punta”. A poca distancia de ese lugar se venera una imagen del Señor llamada “Señor del Mar”. Se trata de una imagen cuyos rasgos son parecidos a los rasgos de nuestro Cristo del Milagro y la historia de su presencia en aquel lugar habla de haber llegado por el mar.

La historia de la llegada del Cristo del Milagro a nuestras tierras y de los cien años de olvido nos halar de un regalo de Diosa este pueblo. Un regalo es expresión de lo gratuito. El Señor del Milagro es una expresión de que Dios nos quiere mucho, aunque no sepamos corresponderle. Él ha querido sobreabundar en generosidad y ser parte de la historia de nuestra salvación. El rostro del Cristo del Milagro es como una Biblia del salteño, porque nos habla de un Dios que busca al hombre como un amigo, tal como presenta ala Revelaciónel Concilio Vaticano II.

Un segundo momento de la historia del Milagro se desarrolla entre 1692 y 1844. Los temblores, la imagen expuesta a la veneración de los fieles siguiendo la inspiración del Padre Carrión, la gente viene y ve la imagen dela Virgencaída de la hornacina –apenas lastimada-, que había perdido la corona. El pueblo de Dios hizo una lectura religiosa del fenómeno y descubrió la protección del Señor. Allí comenzó esta relación fuerte, entrañable del Señor con el pueblo y del pueblo con el Señor en el calor del hogar custodiado por su Madre. ¡Que no se acabe nunca, queridos hermanos, la relación de amor entre este pueblo y el Señor yla Virgendel Milagro! Sería traicionar la identidad de Salta.

Si la experiencia del primer momento de la historia es la experiencia de la gratuidad, la experiencia del segundo momento es de la gratitud. El pueblo se mostró agradecido; ensanchó su corazón con una gratitud profunda y sincera. Esta virtud se convirtió en un distintivo de su gente. Maduró la historia de este pueblo año tras año y los temblores de 1844 invitaron a los fieles a dar un tercer paso, el paso del compromiso, de la responsabilidad; compromiso y responsabilidad que se tradujeron en el pacto de fidelidad. Desde 1845 ese pacto se ha convertido en el momento culminante de las fiestas y en un nuevo comienzo en la vida de Salta. Es el tercer momento de la historia que vivimos hoy.

El Pacto nos compromete “Señor, nosotros somos suyos y tú eres nuestro”. Para celebrarlo nos prepararemos durante estos cuarenta y cinco días. Nos prepararemos con las escuelas, con las instituciones, con las parroquias, con los peregrinos. El Milagro, en su esencia, no es una fiesta cultural, aunque tenga una dimensión cultural, sino religiosa. ¡Que no se pierda la dimensión religiosa dela Fiestadel Señor yla Virgendel Milagro! 

IV 

El Milagro tiene tres notas: es penitencial, eucarístico y es mariano. Es penitencia porque nació así. La vida debe ser recreada si yo abusé de ella. Si Jesús es el Señor dela Vida, debo aprender que la vida si se abusa, se pierde; entonces el sacrificio tiene el valor de recuperar el sentido de la vida para descubrir que la vida se vive dando, no acumulando. Yo crezco desde adentro para afuera y no al revés. Crecemos cuando nos damos, si no nos empequeñecemos. Esto sucede con las personas, con los pueblos, con la historia. En la entraña del evangelio aprendemos que el arte de servir es el arte de de vivir.

La otra dimensión es la eucarística que alimenta en nosotros la capacidad de gratitud, de generosidad, de compartir. La tercera dimensión es la dimensión mariana. María es nuestra educadora a lo largo de estos cuarenta y cinco días y siempre. Ella esla Madreque nos protege y la primera discípula que nos enseña. Es la que escuchala Palabrade Dios y nos transmite en el calor de la maternidad. Así está en su imagen del Milagro desde 1692 junto a la historia de Salta. El vínculo de María conla Palabraresplandece en la mirada que dirige a su Hijo. Por eso, esta fiesta tiene todo el calor de familia que le da la madre; tiene todo el calor de un discipulado que le da esa madre que se hace hermana nuestra y condiscípula de su Hijo, tiene el calor de la vida que queremos servir con mucha fuerza, aprendiendo a ser generosos como Aquél que nos da todo y nos espera en la cruz.

Que este Milagro sea lindo para todos.

Ha comenzado el Milagro, vale la pena tomarlo en serio y con mucha alegría. 

Mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta


[1] Mt. 14.14

[2] Cfr. IS 55, 1

[3] Cfr. Rm 8, 37


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Homil?as
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