Mi?rcoles, 24 de agosto de 2011

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2011). (AICA) 

MISA PORLA FE, EL PAN Y EL TRABAJO

Queridos hermanos: qué alegría encontrarnos nuevamente en esta celebración de San Cayetano. Desde anoche, a las 0 horas, cuando abrimos las puertas del Santuario, una multitud de fieles, amigos de San Cayetano, querían entrar y encontrarse con su querido santo.

Cada 7 de Agosto, Fiesta de San Cayetano, nos acercamos a pedir y agradecer a Dios su intercesión, como patrono del pan y del trabajo. Por eso queremos ofrecer esta Misa con la participación de todos ustedes, por sus intenciones, pidiendo por la intercesión de San Cayetano, pidiendo con el lema de este año: Por la fe, por el pan y el trabajo. 

La fe, el pan y el trabajo

Sabemos que la fe es un don de Dios. Esta nos mueve a creer. Nos hace creer en la presencia de Dios en nuestra vida. Y solo quien cree, puede esperar su acción misericordiosa. Por eso nos dicela Primeralectura que acabamos de escuchar: “Tengan confianza en Él y no les faltará su recompensa” (Ecco. 2, 8).

Todos nosotros queremos aprender a creer; y San Cayetano, hombre de profunda confianza en Dios y en su providencia nos enseña con su vida a creer; nos enseña a creer y amar. Porque vivió dando todo; y con su caridad preparó un tesoro inagotable en el cielo. Es desde ese amor infinito en Dios, que nos regala el ejemplo de su vida. Y por eso le pedimos todos: San Cayetano, ayúdanos a tener fe.

San Cayetano es patrono del pan.La Palabrade Dios nos habla del “pan que reconforta nuestra vida” (s.103), el pan que brota del trigo y de la tierra cultivada. Es el pan material, simbolizado en cada una de esta espigas que llevarán a su hogar, pero también es el pan de vida, que esla Eucaristía.

También San Cayetano es patrono del trabajo, que dignifica nuestra vida y nos permite continuar la obra creadora de Dios. Por eso podemos decir que cada trabajador es la mano de Cristo que continúa creando y haciendo el bien (San Ambrosio, De ob. Val. Consolatio, 62: P.L 16,1438).

Con el trabajo, por más humilde que sea, el hombre participa de arte y la sabiduría de Dios, embellece la creación, suscita nuevas energías en la sociedad que alimentan el de cada uno y también el bien común.

Todos necesitamos, junto a la fe para vivir como cristianos, el pan que nos alimenta y el trabajo que nos dignifica. En el pan se contienen todas nuestras necesidades materiales; y en el trabajo se reflejan todas nuestras aspiraciones.

San Cayetano nos enseña con su vida que la fe le ofrece a nuestra vida una espiritualidad animadora y una confianza grande.

Por eso, podríamos decirle a quienes no creen en la acción de Dios, como dice el salmo, que hagan la prueba y lo van a comprobar (S.34); quela Providenciaentra en nuestra vida, y podemos experimentar la bondad del Señor, que es creador y Padre. Porque ”los que buscan al Señor no carecen de bienes”.

Por el camino del temor y de la desconfianza no vamos a encontrar toda la solución a las dificultades que tenemos.

En esta ocasión, también queremos confiar a San Cayetano, la inseguridad, frecuentemente el temor y la desconfianza mutua, que frecuentemente padecemos. Es un mal generalizado y globalizado también en otras partes.

A diario necesitamos contar con más seguridad en las calles, en los barrios; y en los hogares; ya que no se puede vivir encerrados, o desconfiando los unos de los otros; ya que somos hijos de un mismo Padre y por tanto somos hermanos.

San Cayetano, nos hace pensar con su vida que no vamos a encontrar toda la solución a las dificultades que tenemos, por el camino del temor y de la desconfianza mutua; y que además de la prevención y protección que necesitamos, hay una solución que tiene raíces más profundas.

Él mismo nos da el ejemplo. Frente a la pobreza y a la crisis de su época, San Cayetano hizo un llamado con su propia vida a responder a las necesidades de sus contemporáneos. Buscó con sacrificio la atención de los hambrientos y de los enfermos, cuando el pueblo sufría una gran sequía y la peste; fundó una imprenta para trabajar, y como él decía, para "ganar el pan con el sudor de la frente"; organizó una comisión de ayuda a los presos; fundó un refugio que recibía a mujeres en situación de prostitución y que querían cambiar sus vidas; tomó la iniciativa de tramitar el establecimiento de un Banco Popular que concedía crédito sin interés, debilitando el negocio de los prestamistas; y multiplicó los servicios religiosos y asistenciales.

La vida de los santos no es solamente su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano, nos enseña y ayuda a vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros (cfr. Dios es caridad, nº 42).

Hoy también, como entonces, el hombre necesita que se lo defienda contra las amenazas y el mal. Para ello, es necesario el amor que brota de las fuentes del Evangelio y que nos da la respuesta. Es el amor, que ha sido grabado por el Creador en la naturaleza misma del hombre, que nos impulsa a reactivar este imperativo, y proclamar que el hombre merece ser respetado en su dignidad desde su concepción hasta la muerte.

Necesitamos volver a respetarnos y hablarnos como hermanos, para que el hombre mismo pueda sobrevivir y crecer en la dignidad de ser hijos de Dios.

San Cayetano nos enseña que esto es posible, e inclusive que podemos encontrar el camino para superar la inseguridad, el flagelo de la droga, y la falta de sentido de la vida, con una amor que transforma nuestra existencia. 

La cultura del trabajo

Como seres humanos necesitamos ser contenidos, experimentar lo que significa formar parte de una comunidad familiar, saber que tenemos un Padre en el cielo, que es Dios, y un papá y una mamá, que de pequeños nos alimentan y nos traen cada día el pan ganado con su propio trabajo. Una familia que vive con justicia, que ama y respeta a su prójimo, y que enriquece con su amor al barrio y a la sociedad. Que esto no sea así, será una excepción, que exigirá la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación para poner a disposición los medios necesarios.

El pan que necesitamos en nuestra mesa, y tantas otras necesidades, debe provenir del trabajo digno, que reafirme en definitiva la dignidad y la grandeza de cada hombre y de cada mujer. El trabajo, por otra parte, que en forma prolongada no alcanza para llevar el pan a la mesa, nos hace inseguros, nos hace perder el ideal de vivir: hasta perder la estima por la vida, y también por la vida de los otros.

Esto exige una visión social; que implica planes que valoren y defiendan la cultura del trabajo, en su dimensión integral. 

Esta cultura debe ser un programa de vida; y abreva, como en sus fuentes principales en la vida de familia y en la educación escolar.

La escuela también debe ser una comunidad educativa, que prolongue la vida familiar y donde los padres nunca pierden su lugar en la educación y formación de los hijos. Necesitamos más tutores en nuestros colegios, y acompañar a los niños, adolescentes y jóvenes en situación de riesgo, brindándoles un sentido de la vida y capacitándolos en los horizontes de una vida mejor.

La cultura del trabajo necesita contar con estas dos fuentes, que exigen ideales y valores, y que se alcanzan con el empeño y la solidaridad. Para esto debemos emplear esfuerzo y creatividad en a evangelización.

Pidamos a San Cayetano por estas intenciones: que la fe, el pan y el trabajo no ayuden a ser más hermanos, y volver más cercanos a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestro barrio; sabiendo que Dios siempre nos espera, nos alimenta con el pan dela Palabray dela Eucaristía, y nos bendice cada día. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Homil?as
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