Viernes, 02 de septiembre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario - a, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR

Domingo 23 del T. Ordinario A 

         A primera vista puede sorprendernos un poco el mensaje de la Palabra de Dios de este domingo: "Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano…".

         Estamos en una época de mucho individualismo que hace que, incluso en la vida cristiana, se pretenda ir por libre, sin ninguna relación con los demás… Esto hace también que mucha  gente se sienta autónoma en su vida moral… Inaccesible a una pequeña corrección u observación. Y si ésta se produce, no es raro que se reaccione desde un espíritu orgulloso y herido. Y en la vida de cada día, qué difícil se hace hoy hacer una corrección… Eso se le permite sólo al jefe porque es el que paga y el que puede echarnos del trabajo.

         Sin embargo, la vida cristiana no es así.  Es vida de familia, de comunidad, de hermanos…, que se ayudan mutuamente a seguir a Jesucristo, a amar a los demás y a avanzar por el camino de  la perfección cristiana, de la santidad.

         Por eso quedan lejos del espíritu cristiano expresiones como éstas: “No te metas en mi vida”. “Y ¿quién eres tú para llamarme la atención? ¿Por qué no te metes en tus cosas?

         Este domingo comienzan en el Evangelio de S. Mateo las enseñanzas del Señor a los discípulos sobre la vida de la comunidad cristiana. Vamos a escucharlas durante algunos domingos.

         El amor es la señal que nos dejó el Señor de nuestra condición de cristianos (Jn 13,35). Y “amar es cumplir la ley entera”, nos dice hoy S. Pablo (2ª Lect.). Por tanto, hemos de preocuparnos de los hermanos que tienen necesidad por cualquier motivo: material o espiritual. Este domingo se nos invita a reflexionar sobre  una necesidad espiritual: la de la corrección fraterna. Un cristiano no puede permanecer insensible e inactivo ante la situación de un hermano que se haya equivocado de camino… O que, tal vez, pueda perderse para siempre.

         Y el amor tiene que impregnarlo todo en la vida del cristiano. Por eso, el Evangelio nos enseña practicar la corrección fraterna con amor de modo que “pueda ganarse al hermano”: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos”. “…Si no te hace caso…” Y comienza el Señor a presentarnos una especie de graduación: Llama a otro o a otros dos…, díselo a la comunidad…  “Considéralo como un pagano o un publicano”.

         A veces, preferimos echarle en cara a un hermano sus defectos en un momento de enfado, que hacer el ejercicio de corrección fraterna con delicadeza, humildad y amor…, como nos enseña el Evangelio de hoy.

         Y esa obligación puede ser grave, como nos enseña el Señor en la primera lectura: “Si yo digo al malvado: “Malvado, eres reo de muerte, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado, para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, el morirá por su culpa, pero  tú has salvado la vida”.

         Seguramente que recordamos alguna intervención del Papa, de un obispo, de un sacerdote… que nos ha sorprendido porque, sin pretenderlo, ha generado mucha polémica… Y tal vez decía alguien: “¡Ganas de crearse problemas…! ¿Por qué se tiene que meter en eso? Si la gente quiere seguir ese camino, que lo siga… Si quieren perderse, que se pierdan…”

         No. La cosa no es así. La obligación de hacer la corrección fraterna puede ser grave, especialmente, cuando nuestra forma parte  de nuestra misión: Pensemos, por ejemplo, en una madre, un educador, un sacerdote…

         Y cada uno de nosotros necesitamos también de la ayuda de los demás para permanecer y avanzar en la vida cristiana. Necesitamos también la corrección fraterna… Y hemos de preguntarnos con frecuencia: ¿Qué piensan de mí los familiares, los amigos, aquellas personas que más están en contacto conmigo?

         ¡Ese es un buen espejo para mirarnos con frecuencia!

         Y en cuanto responda a lo que Dios quiere, el objeto de la corrección puede expresar la voluntad de Dios sobre nosotros. Hace relación a su Palabra inspirada.

         Por eso en el salmo responsorial de este domingo repetimos: “Ojalá escuchéis hoy su voz:  No endurezcáis vuestro corazón”. 

Junto a estas reflexiones, un saludo cordial con mis mejores deseos. ¡Feliz Domingo! 


Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Espiritualidad
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