Lunes, 05 de septiembre de 2011

Mensaje de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, en el Encuentro Catequístico Diocesano -ENCADI- (Treinta de Agosto, 27 de agosto de 2011). (AICA)

PARA ENTRAR EN EL REINO DE DIOS: LA CATEQUESIS DEINICIACIÓN, EL TESTIMONIO DE LA FAMILIA YDE LA COMUNIDAD       

Queridos hermanos sacerdotes, queridos catequistas,
hermanos y hermanas:

Repetido felizmente cada año para estas fechas, en torno de la conmemoración litúrgica del papa San Pío X, el motivo que nos congrega señala de manera destacada la importancia, mejor aún, la centralidad que tiene parala Iglesiala transmisión de la fe y uno de sus instrumentos privilegiados, que es la catequesis. Hoy nos encontramos en esta acogedora comunidad de Treinta de Agosto, como lo hemos hecho, con idéntico motivo, en muchos otros lugares de la diócesis. Esta misma itinerancia, al elevar la voz desde distintos lugares, para hacer el anuncio y proponer un compromiso mayor, desde la celebración, la escucha, la reflexión y el intercambio, da relieve a la invitación que dirigimos a todos, sacerdotes y  catequistas, pero también a los fieles cristianos, a los padres de familia, a los educadores, a los colaboradores de las parroquias, a los animadores de grupos y movimientos. Se trata de la evangelización; ella nos convoca a todos, desde el envío de los apóstoles por Jesús, bajo su autoridad, sobre el fundamento que son ellos, para llevar a los hermanos su mensaje, que nos encamina hacia el bien y la felicidad verdadera, aquí en la tierra, y nos orienta y prepara para alcanzar la vida eterna. 

La misión dela Iglesia

La Iglesiacontinúa la misión que el Padre le confió a su Hijo, y lo hace por el ministerio apostólico, que anunciala Palabraenviada para la salvación, pastorea y orienta el camino de los discípulos y los santifica con la gracia de los sacramentos.La Iglesiaactualiza para los hombres de cada época y de cada lugar, en la identidad del mensaje, el mismo anuncio; esta coincidencia muestra que la verdad es una, no puede modificarse, y que la comunión en el nombre de Jesús abraza tanto la unanimidad de los corazones como la participación en la misma mesa y en los mismos sacramentos, canales de la gracia, como también la continuidad de la doctrina. Esta se remonta fielmente hasta el Evangelio, fue difundida por los apóstoles, definida y confesada en los antiguos concilios, expresada en al liturgia, enseñada por los Padres y Doctores, vivida por los santos, aplicada en las normas de los pastores. Es allí donde fuimos formados, de allí hemos de tomar los contenidos para alcanzárselos a quienes vienen después de nosotros y a todos los buscadores de la verdad, que no conocen aún a Jesucristo.

La formulación simple del anuncio evangélico – que es la catequesis, en cierto modo - no significa que olvidemos sus principios, el comienzo en Jesucristo, su larga trasmisión, su elaboración profunda. Todo ello se encuentra incluido en la trasmisión de la doctrina, y cada uno de nosotros ha de conservarlo tal como lo ha recibido, en fidelidad y con agradecimiento, para alcanzar de este modo la vida eterna.

Por eso quiero afirmar, recalcándolo fuertemente, tres notas que tiene siempre el anuncio cristiano; ellas están en la base de nuestra fe y constituyen un elemento esencial de su anuncio, tanto en la misión dirigida a los hermanos que todavía no conocen el Evangelio como en la catequesis dirigida a quienes, desde la fe recibida en el Bautismo, se encaminan preparándose para una participación más intensa en la gracia por la recepción de los sacramentos. Estas notas son las siguientes:

a) El anuncio de Jesús se refiere al Reino, es decir a la vida eterna, cuyos signos y condiciones se hacen presentes desde ya en este tiempo;

b) Recibimos este anuncio enla Iglesiay lo vamos realizando en la comunión;

c) La celebración de la liturgia actualiza los misterios, y participando en ellos los fieles son santificados, para llegar a la plenitud de la comunión con Dios. 

La vida eterna

“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero,
 y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17, 3)

Jesús, el Hijo de Dios, predicó acerca del Reino esperado, en el cual Dios habrá de ser reconocido, adorado, amado y servido, y en el que los hombres, creados por Él, alcanzarán las metas de felicidad y de santidad que estaban prometidas. Como fue la desobediencia del pecado la que los apartó del Paraíso y les hizo perder su condición original, el camino de la restauración del hombre caído debía pasar por la obediencia, la reparación del mal cometido y la enmienda de la conducta, sanando aquellos desvíos y errores que les hicieron desconocer el bien y elegir una falsa libertad. Pero está la gracia, y la promesa del Reino. La conversión del corazón al bien y la apertura de la inteligencia a la verdad van unidos; así lo hace el anuncio dela Iglesia, que propone al mismo tiempo el conocimiento de Dios y forma la voluntad y eleva y sostiene con la virtud –don divino-, anticipando ya en este mundo, por la práctica de la vida cristiana, aquellas condiciones que encontraremos plenamente realizadas en la consumación de los tiempos.

La Iglesiadebe mostrar la integralidad de la verdad, deben hacerlo los catequistas, y expresar aquello que creemos para se manifieste en la conducta. Se une así la vida moral, el comportamiento justo, la obediencia a los mandamientos divinos, con la esperanza de la vida eterna. Uno tiene fácilmente la impresión que nuestra catequesis no atiende, no se refiere suficientemente, a la vida eterna. Entonces, no se enseña ni se propone un estilo de vida que lo anticipe, que comience desde ahora a mostrar aquellos bienes que esperamos, porque nos han sido prometidos. Tampoco sabemos mostrar suficientemente quela Revelaciónse dirige a nosotros, que hemos sido creados para esperarla y recibirla, y viene a colmar nuestras necesidades y satisfacer nuestros interrogantes. La palabra promesa, la palabra deseo ¿están en la boca de nuestros catequistas? ¿Somos capaces de emplearlas, de darles sentido, de proponerlas como actitud y, más aún., como condición del ser cristiano, que nuestros catecúmenos manifiestan querer ser? ¿O es que no son modernas, y preferimos esquivarlas? Si no somos capaces de enseñar que la vida eterna es la respuesta verdadera y eficaz, a la búsqueda del corazón humano, es porque nosotros mismos tenemos poca fe y nunca podremos presentar el mensaje del Salvador. El papa Benito XVI nos dice:

“La expresión ’vida eterna’ no significa la vida que viene después  de la muerte –como tal vez piensa de inmediato el lector moderno-, en contraposición a la vida actual, que es ciertamente vida pasajera y no una vida eterna. ‘Vida eterna’ significa la vida misma, la vida verdadera, que puede ser vivida también en este tiempo y que después ya no puede ser rebatida por la muerte física. Esto es lo que realmente interesa: abrazar ya desde ahora la vida, la vida verdadera, que ya nada ni nadie puede destruir” [1]

Por eso, el anuncio cristiano debe atender a la escatología, a lo que se encuentra en el término de nuestro camino, pero está ya presente en la vida y el tiempo dela Iglesia. Ennuestra catequesis esta dimensión es fundamental: no estamos proponiendo ritos para ser felices, pasos que en el desarrollo humano deben ser dados convencionalmente, escalones sociológicos que la sociedad aprecia, sino algo diferente. Se trata de la entrada en el ámbito de lo divino, y no solamente de lo espiritual. Es a partir de una convicción profunda de la novedad del Evangelio, que vamos a encontrar la intención del Creador para con la humanidad, desde su mismo origen, en su destino más auténtico, que esla Resurrección, la vida nueva; de allí podemos comenzar a anunciar a Jesucristo. Necesitamos catequistas que lo entiendan así, y que lo asuman. 

La comunión dela Iglesia, la misión y el servicio de la caridad

Cristo nos ha dejado su Iglesia, para que en ella recibamos la vida y, ejercitándonos en la santidad, podamos pasar de este tiempo a la eternidad. Es una realidad que no puede expresarse plenamente con palabras; es paradojal quela Palabra, que es el Hijo de Dios, el Verbo, así como habló en parábolas y se manifestó por medio de signos, no requiere la abundancia verbal, tantas veces vacía e insignificante.La Palabra, porque es verdadera, está llena de sentido, ocupa y abarca todo, se trasmite poderosamente en el silencio, en todo caso en la sobriedad, y se la recibe en la comunión. No es solo la sintonía de afectos y de intereses, que se da con frecuencia entre nosotros, y que necesita conversaciones abundantes; tenemos que descubrir que hay un encuentro más profundo, que llega al alma, y que todo cristiano debe haber sentido alguna vez, en la experiencia del gozo inefable o del dolor, en la participación verdaderamente tal en la liturgia o en la oración silenciosa.La Palabrase traduce así como respuesta esperada al deseo de algo más, de mucho más; se vuelve inefable, pero en la vida de los santos y espirituales y en la conversión de los elegidos es una experiencia innegable. Es desde la comunión en la fe y la caridad que comienza la misión dela Iglesia, el anuncio de la predicación, la enseñanza de la doctrina, la catequesis. Si no fuera así, nuestras palabras, que pretenden ser vehículo dela Palabra, serían apenas algo puramente nuestro, nada de Cristo.

En el contexto de nuestro Encuentro de hoy todo esto puede parecer muy lejano, extraño. Les pido, sin embargo, que lo tomen muy en serio, porque esta realidad de la comunión, sencilla, interior, sincera, es la que nos permite ser mensajeros de Cristo. La catequesis, no lo dudemos, forma parte de la evangelización, es anuncio, y por eso debe brotar de una experiencia de comunión con el Señor Resucitado, para poder trasmitir su Palabra, que es Espíritu y Vida.

De semejante intimidad con Dios procede el testimonio. La  autenticidad del mismo no está  solamente en la conducta visible, sino que es importante que proceda de una vivencia genuina. Es adhesión firme y sincera a los principios del Evangelio, traducida en la propia conducta, ante propios y extraños, en compañía y en soledad. Las palabras, por exactas que sean, por el alcance que tengan, por la recepción que encuentren, no bastarán, si no están recomendadas por el testimonio. Aquí se encuentra la misión, quela Iglesiade nuestro continente nos encomienda en este momento, y que no es tarea de especialistas, de audaces escogidos, sino de todos, cada cual en su ámbito, y que por supuesto es un llamado que se aplica en primer lugar a los catequistas. Juntamente, el compromiso cristiano es pluriforme, por lo que el testimonio abarca muchas dimensiones: la vida personal, con un estilo propiamente cristiano, la oración y la participación sacramental, la irradiación en el ambiente, la generosidad en el empleo del tiempo, de las aptitudes y talentos, de sus recursos, indicando con esa coherencia donde están los motivos que alientan su presencia en el mundo, su participación enla Iglesia. Yla vida de la comunidad, que como una persona, cuya cabeza es Cristo, lo hace presente, repite sus palabras, enseña su doctrina, trasmite sus signos. Esta es la vocación del cristiano, vocación exigente, pero que cuenta con una retribución tan grande por la promesa del Señor, y que tiene ya ahora, como anticipo, la satisfacción de la comunión dela Iglesia. 

El catequista, entonces, como lo podemos ver y apreciar con inmensa gratitud, no es un simple trabajador, sino un asociado a la obra dela Iglesia, es voz y brazo del mismo Señor Jesús, porque primero acogió su llamada, asumió su enseñanza, y lo sigue con amor, sin apartarse jamás de Él. 

La participación en la liturgia[2]

Conocer no es solo saber: uno no se recibe de catequista, como no se recibe de cristiano. Conocer es amar, frecuentar, vivir de aquello que se ama, en constante crecimiento, para alcanzar lo que San Pablo llama la estatura, la medida de Cristo (cfr. Ef 4, 13). La fe se expresa en la celebración, que renueva la vida recibida, no permite que se agote o se adormezca. La participación en la liturgia no es una obligación, es una necesidad, y el catequista no debe considerarlo como una presencia obligada, pactada, sino que el testimonio – el verdadero, no el formal - de esa participación no es solamente el hecho de estar presente, sino la adhesión de corazón y el fruto espiritual, que no dejará de recibir.

La participación del catequista en la liturgia tiene que provocar la imitación, y llevar a los catequizandos a unirse a las celebraciones, según su capacidad y su nivel de progreso en la catequesis. Por eso es particularmente importante cuidar el estilo celebrativo, para que sea devoto y recogido, no una especie de fiesta infantil o de representación escolar – que pueden tener lugar en otras circunstancias -, estando atentos a la sensibilidad religiosa, especialmente de los niños, y a las circunstancias de la vida de sus familias, invitando a estas a participar.

Celebrar para confesar: que es algo particularmente importante para el catequista, pues su ministerio conduce a la aceptación de la fe por parte de aquellos que les fueron confiados, la fe dela Iglesia, la fe que celebramos y confesamos en los sacramentos, especialmente enla Eucaristía. Lacatequesis conduce, en forma particular, a los sacramentos, porque hay una catequesis de Comunión y una de Confirmación, pero de manera más amplia, introduce en la universalidad de la vida cristiana. La liturgia es la expresión de la fe y de la comunión, y apena que muchas veces advirtamos la ausencia de catequistas y catequizandos en las celebraciones, incluso en aquellas que son las más significativas. ¿Qué participación hay enla Pascua, enla Navidad, en las grandes solemnidades del año litúrgico? ¿Nada importan las ocasiones eclesiales – peregrinaciones, jubileos, patronales – que cada comunidad tiene que solemnizar, y en las cuales es penosamente sentida la ausencia de los niños y jóvenes de la catequesis, y sus familias?

Amar para practicar: nos encontramos finalmente con esta gran ausencia, si no hay reconocimiento de la vida, no hay amor, y sin amor no hay práctica del mandamiento fundamental. El que ama desea estar junto a aquél a quien ama, y por eso se esfuerza por realizar aquellas acciones que agradan al amado. 

Gestos y consignas

Queridos amigos catequistas: ahora van a trabajar sobre algunos aspectos concretos de su hermosa tarea evangelizadora. Pero no crean que cuanto les he dicho no es concreto, porque es ciertamente muy real, muy importante, y tenemos que saber traducirlo en la actividad que ustedes desarrollan cada día en sus comunidades. Es por eso, que concluyo con algunas recomendaciones prácticas, fundadas en lo anteriormente dicho:

Unidad de los sacramentos de iniciación: El Bautismo se administra a los recién nacidos, aunque va afirmándose una costumbre poco feliz que posterga el sacramento hasta una fecha más tardía. Pero cuesta verlo en relación conla Confirmaciónyla Eucaristía. Sinembargo, es importante no perderlo de vista: los sacramentos de iniciación forman un todo, y aunque cierto espacio de tiempo los separe, se trata de un solo movimiento, podemos decir, que comienza con la filiación divina por el perdón del pecado original y conduce hasta la identificación con Cristo enla Eucaristía, por medio de la venida del Espíritu Santo. Los catequistas tienen que tomar debida cuenta de esto, comprender bien de que se trata y exponerlo, para que la catequesis no sea una sucesión de saltos, sino un itinerario, un camino, de crecimiento gradual y de encuentro e identificación con Cristo. Es  de desear que pronto pueda restaurarse el orden tradicional, teológico, de los sacramentos de iniciación, que harán más clara la sucesión de los sacramentos y su íntima conexión en al economía de la gracia. Hasta que ello sea posible, reconozcamos que ya hemos progresado mucho, con la secuencia que se realiza en muchas parroquias, que hacen seguir el comienzo de la catequesis de Confirmación apenas recibidala Primera Comunión.

Encuentro con las familias y compromiso: Una de las condiciones para una catequesis fructuosa es el acompañamiento de los padres y de la familia. Sobre esto no hay recetas, ni fórmulas mágicas, pero me atrevo a decir que los catequistas son los más indicados para llegar a los hogares, invitar a los padres, motivarlos, trasmitirles las razones y los argumentos, respetando su condición y sus convicciones. Hay muchos momentos y pasos previstos en el método de la catequesis familiar que pueden ser utilizados en la catequesis tradicional. También es bueno ofrecerles material celebrativo, oraciones, pequeños textos, imágenes, para  orar y celebrar en sus casas, trasmitiéndoles, sobre todo a los niños más pequeños, que aún no frecuentan la catequesis, una primera introducción a la fe y a la piedad cristianas.

Padrinos: Un tema particularmente áspero es el de los padrinos, y sobre esto quiero ser absolutamente claro. Las disposiciones dela Iglesiano permiten engaño alguno.

El Código de Derecho Canónico en su canon 872 dice lo siguiente: “En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo”. El canon 873 establece que debe haber solamente “un solo padrino o una sola madrina, o uno y una”; no es inconveniente recordarlo porque a veces se presentan como padrinos o madrinas dos personas del mismo sexo. Pero es el canon 874 el que especifica los requisitos de quienes son presentados para padrino, y sin los cuales no pueden ser recibidos:

-        el elegido tenga la capacidad para desempeñarse como tal;

-        haya cumplido 16 años, o esté debidamente exceptuado de esta condición;

-        sea católico, confirmado, haya recibido el sacramento dela Eucaristía(primera Comunión), “y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir”;

-        no esté afectado por una pena canónica;

-        no sea el padre o la madre del que se ha de bautizar.

Un no católico, pero bautizado, no puede ser padrino; solamente puede ser admitido en calidad de testigo del bautismo. El canon 893 indica estas mismas condiciones para el padrino dela Confirmación.

Los catequistas no pueden esperar hasta las cercanías de la fecha de la administración del sacramento, ya sea del Bautismo o dela Confirmación, para informar a las familias, o a los mismos candidatos, acerca de estas condiciones, sino que deben poder explicarlas con tiempo suficiente y con claridad de argumentos, que tienen su razón en la naturaleza misma de las cosas. Antes de admitir a quien no reúne estas características necesarias y exigidas, hay que procurar que elijan a personas que sí puedan serlo, o que no los haya, para que no se relativice y desautorice el sentido de una disposición que tiene una causa muy profunda y seria. El padrinazgo no tiene su fundamento en el uso social, sino que es al revés: el uso social, hoy desvirtuado, procede de la práctica sacramental, la cual tiene prioridad.

Continuidad de la catequesis en la integración de los jóvenes: Existe una motivada aspiración para que los niños y jóvenes de la catequesis perseveren en la vida sacramental, y participen en las actividades de la parroquia. Esto es un objetivo que, durante el tiempo de la catequesis, los mismos catequistas, contando con el apoyo de los sacerdotes y otros auxiliares y colaboradores, deben procurar, invitándolos y acompañándolos en actividades recreativas, apostólicas, caritativas y sobre todo litúrgicas y de oración, para que una vez concluida la catequesis sigan unidos al movimiento dela Iglesia, y también para evitar la tan frecuente cuanto deplorable confusión que existe entre la catequesis y la escuela, como si aquella consistiera solamente en la adquisición de conocimientos, y ello durante el período de clases.

Formación permanente de las catequistas: Cuanto hemos dicho implica, de parte de nuestros abnegados y generosos catequistas, la disposición de seguir aprendiendo y ejercitándose, creciendo en la virtud propia de su misión, no solo con los recursos que le ofrece la parroquia y la diócesis, sino también con su esfuerzo e interés personal, aprovechando las ocasiones y sugiriendo nuevas oportunidades.

Compromiso de los Párrocos: Y finalmente, hay que decirlo, la responsabilidad mayor es de los Párrocos, que tienen que tomarse muy en serio esta tarea importantísima, ofreciendo a sus catequistas todo el apoyo y las oportunidades para su trabajo evangelizador, evitando que se sientan solos, y que deban enfrentar situaciones difíciles con escasos recursos materiales y espirituales. El Párroco, catequista de su parroquia, tiene aquí una misión indelegable. 

Sabrán disculparme ustedes por haberlos entretenido durante tanto tiempo, pero creo que es una actividad demasiado importante para que no aprovechemos la ocasión que hoy se nos presenta. Quiero reiterarles la profunda estima y el agradecimiento que siento por ustedes, con los sacerdotes y diáconos de la diócesis, y con todas las familias y los mismos hermanos y hermanas a los que ustedes se dedican en su ministerio. Porque es un  servicio tan unido a la tarea evangelizadora dela Iglesiano es inútil haber recalcado las condiciones de preparación espiritual y de comunión con Cristo y con la comunidad de fe y de santidad a la que nos ha llamado. Y tampoco es innecesario, a pesar de las incomprensiones que puedan surgir, recordar los principios y repasar sus aplicaciones en nuestras comunidades, tan necesitadas de un anuncio genuino, leal, claro, del verdadero Evangelio, sin mezclas ni rebajas.

Pedimos a Dios Nuestro Señor, Padre de las misericordias, que nos conceda, bajo la guía del Espíritu Santo, trasmitir el Evangelio de su Hijo, y para ello confiamos en la intercesión dela Santísima VirgenMaría, Madre de Dios, catequista en el silencio y la obediencia, y en la protección de San Pío X, nuestro Patrono. 

Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
Nueve de Julio, 27 de agosto de 2011


[1] Benito XVI: Jesús de Nazareth. Segunda parte. Madrid –Buenos Aires, Ed. Encuentro  - Ed. Planeta, 2011. p. 102

[2] Mensaje firmado por el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad, a los participantes enla LXII Semana Litúrgica Nacional Italiana, Trieste, 22 - 26 de agosto de 2011:

“Con este propósito, es necesario profundizar cada vez mejor en la relación entre catequesis y liturgia, rechazando, sin embargo, toda instrumentalización indebida de la liturgia con fines “catequísticos”. Al respecto, la tradición patrística viva dela Iglesianos enseña que la propia celebración litúrgica, sin perder su especificidad, posee siempre una importante dimensión catequética (cfr Sacrosanctum Concilium, 33). De hecho, en cuanto que “primera y la más necesaria fuente de la cual los fieles puedan adquirir un espíritu verdaderamente cristiano" (ibidem, 14), la liturgia puede ser llamada catequesis permanente dela Iglesia, fuente inagotable de catequesis, preciosa catequesis en acto (cfr Conferencia Episcopal Italiana, Il rinnovamento della catechesi, 7 de febrero de 1970, 113). Ésta, en cuanto experiencia integrada de catequesis, celebración, vida, expresa además el acompañamiento maternal dela Iglesia, contribuyendo así a desarrollar el crecimiento de la vida cristiana del creyente y a la maduración de su conciencia.”

 


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Hablan los obispos
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