Jueves, 22 de septiembre de 2011

Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo emérito y administrador apostólico de Tucumán, enl a Misa de despedida de la arquidiócesis (9 de septiembre de 2011). (AICA)

MISA DE DESPEDIDA DE LA ARQUIDIÓCESIS DETUCUMÁN            

 Queridos hermanos y hermanas:

1. “Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo” (2 Tes. 1,2).

Con estas palabras del Apóstol  Pablo los saludo en vísperas de mi partida.

En este momento me embargan sentimientos encontrados que conmueven mi corazón.

Los años vividos en esta querida arquidiócesis fueron intensos, fuertes y hermosos.

Para mí fue un tiempo de gracia.

¡Cuántas cosas pasaron! ¡Cuántas experiencias compartidas! Encuentros de oración, de búsqueda, de reflexión, de trabajo, de fiesta, de celebración, también de preocupaciones, de conflictos. Las Visitas Pastorales, el Seminario Arquidiocesano, las Confirmaciones, las fiestas Patronales, las Asambleas  Pastorales,la Pastoral Orgánica.

Pero más allá de todo esto, desde el comienzo me propuse dos cosas: seguir edificando la comunidad diocesana, como comunidad fraterna y misionera, e impulsarla Nueva Evangelización.

Le he dedicado a la arquidiócesis doce años con fuerza e intensidad como nos recomienda San Pablo: “Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres... Ustedes sirven a Cristo, el Señor” (Col. 3,23-24).

La arquidiócesis de Tucumán ya es parte de mi vida y de mi historia. 

2. El episcopado es el sacramento del camino. Hace doce años comenzaba a recorrer mi camino pastoral en la arquidiócesis de Tucumán.

En la homilía que pronuncié en el momento de asumirla Arquidiócesisdije que “mi programa no es otro que el que propone Jesús en el Evangelio de San Juan cuando afirma que el Buen Pastor conoce a sus ovejas y sus ovejas lo conocen a él”. Y agregaba que quería aprovechar toda ocasión para conocer, para ver, para encontrarme, ante todo con los sacerdotes, los consagrados y consagradas, los agentes de pastoral, las parroquias, las comunidades, las instituciones, los movimientos, las áreas pastorales.

En este sentido las Visitas Pastorales han marcado mi vida.

Las Visitas Pastorales me permitieron  recorrer todo el territorio dela Arquidiócesisy conocer cada parroquia con sus características propias. Pude valorar la realidad socio-cultural de las distintas parroquias y el trabajo pastoral y misionero que allí hacen los sacerdotes, los diáconos, los consagrados, las consagradas y los fieles laicos. He visitado no sólo la sede parroquial sino, también, todas sus capillas y centros misionales. Esto me permitió reunirme con todos los agentes de pastoral: los que colaboran en la liturgia, en la catequesis, en Cáritas, en la pastoral de los enfermos; con los miembros de las instituciones y movimientos laicales, con los matrimonios, los jóvenes, los niños de catequesis, etc.

También visité los colegios católicos, tanto los parroquiales y como los congregacionales. En ellos me encontré con los alumnos, los docentes y, en algunos casos, con  los padres.

Asimismo visité otras instituciones: colegios del Estado, colegios privados no confesionales, todos los hospitales dela Arquidiócesis, centros de salud, hogares de niños, hogares de ancianos, clubes, centro de jubilados, algunas industrias y empresas, comisarías, las cárceles, las municipalidades, etc.

Sin duda que las Visitas Pastorales han dejado una huella imborrable en mi espíritu.

Recordar las consolaciones recibidas en las Visitas hace brotar de mi corazón sentimientos de agradecimiento hacia todas las comunidades visitadas. Gracias por la acogida y la hospitalidad que me brindaron en todas las comunidades. 

3. En este momento quiero expresar mi agradecimiento.

Quiero agradecer especialmente a Dios por los doce años que me regaló al servicio de esta Iglesia Particular. Años llenos de encuentros, de alegría, de trabajos, de esperanza.

Han sido años muy intensos y gozosos, en los que tampoco faltó, como no puede ser de otra manera, la cruz.

Mi gratitud, en primer lugar a los sacerdotes. Los abrazo con particular afecto. Me despido del presbiterio con una profunda acción de gracias. Dios les recompense la entrega de ustedes, fiel y sacrificada.

Mi gratitud a los consagrados y consagradas. Saludo con cariño a las consagradas que trabajan entre nosotros y comparten nuestras fatigas, alegrías y esperanzas.

Mi reconocimiento a la comunidad del Seminario Arquidiocesano “Nuestra Señora dela Mercedy San José”. El Seminario debe ser el amor dela Iglesiaarquidiocesana.

A los seminaristas mi palabra de afecto y de confianza. Les digo: ustedes son la esperanza de nuestra Iglesia.

Mi reconocimiento al magnífico laicado que tenemos en nuestras parroquias, capillas, colegios, instituciones, movimientos. Gracias por la participación activa y comprometida en la pastoral parroquial, decanal y arquidiocesana.

De modo especial saludo y agradezco a los hermanos de las diversas tradiciones religiosas presentes en Tucumán: a la comunidad judía y a la musulmana, a los hermanos cristianos de las diversas comunidades evangélicas y a los hermanos dela Iglesia CatólicaOrtodoxa.

Agradezco y saludo, también, a los miembros y organizaciones de la sociedad que tuve la oportunidad de tratar y que siempre me recibieron cordialmente. A los que pertenecen al mundo de la educación, de la salud, de la cultura, de la seguridad; a los comunicadores sociales, a los políticos, a los trabajadores de todos los sectores, a los empresarios. Los animo a que siempre trabajen por el bien común y especialmente por los más débiles y necesitados. 

4. He tratado de ser Obispo de todos, con todos y para todos. Siempre quise ser padre, pastor, amigo y hermanos de todos. He buscado siempre el camino del diálogo y del consenso.

Soy consciente de mis errores y limitaciones, pero he confiado en el Señor que me encomendó esta porción dela Iglesia. Lespido perdón por los errores que pude haber cometido y por las cosas que no hice.

Muchos me han preguntado sobre el balance que hago de mi tarea en la arquidiócesis. Les contesto que eso lo dejo en manos de Dios y de ustedes.

Doy gracias a Dios por los doce años en esta Arquidiócesis y los que todavía me restan vivir entre ustedes, hasta que el Señor disponga.

Yo no me retiro de mi ministerio. El Obispo aunque no esté a cargo de una diócesis, mantiene su carácter de maestro, sacerdote y pastor. En virtud de ello seguiré sirviendo, de otra manera, ala Iglesiade Tucumán.

En nuestra vida personal y en la comunitaria y pastoral debemos partir siempre del primado de Dios, de Jesucristo, de la gracia.

Denle siempre, en sus vidas y en sus comunidades, el primer lugar a Dios.

El primado de Dios es seguir a Jesucristo, contemplarlo a Él, aprender de Él, imitarlo a Él.

El primado de Dios significa medirnos sobre Jesucristo, inspirarnos continuamente en su Palabra, en sus ejemplos, como lo presenta el Evangelio.

El primado de Dios quiere decir entrar en el corazón de Cristo, que llama a Dios “Padre”.

La Iglesiaes la comunidad de los que son verdaderamente hijos de Dios en Jesucristo, viviendo como Él ha vivido, amando como Él ha amado y muriendo como Él ha muerto confiándose en las manos del Padre.

Recen y acompañen a Mons. Alfredo.

Cuiden a todos, especialmente a los pobres y enfermos.

Me encomiendo a la oración de todos ustedes. Lo necesito. Yo les prometo la pobreza de mi oración y el afecto de mi amistad.

Con San Pablo les digo: “ustedes están en mi corazón, unidos en la vida y en la muerte” (2 Cor. 7,3). 

Mons. Luis H. Villalba, arzobispo emérito y administrador apostólico de Tucumán 


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Homil?as
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