S?bado, 24 de septiembre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo veintiséis del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrefe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR

 Domingo 26º del T. Ordinario A

 

Queridos amigos y amigas:

Lo primero que tenemos que hacer este Domingo es situar el  Evangelio en su contexto. De un domingo a otro ha cambiado por completo. Este texto está situado después de la Entrada de Jesucristo en Jerusalén con todas sus circunstancias. El Señor, dirigiéndose a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo les cuenta la parábola que escuchamos hoy: la de los dos hijos que fueron mandados por su padre a la viña.

El tema, por tanto, sigue siendo el mismo: Tenemos que ir a trabajar en la Viña del Señor, tenemos que acoger de verdad el Reino de los Cielos que Jesucristo anuncia: El domingo pasado el Señor se valía de la relación propietario - jornaleros;  hoy, de la de padre – hijos. De este modo y durante estos tres domingos, tratará el Señor de explicarnos en el Evangelio la infidelidad y torpeza del pueblo de Israel a lo largo de la historia, especialmente, ahora, en su venida  como Mesías y la necesidad de formar otro pueblo, que responda de una manera distinta a la voz de Dios. A ello eran convocados también los publicanos y prostitutas que se convirtieron ante la predicación de Juan mientras ellos no hicieron caso.

Ahora ha venido el Mesías, el Esperado, y sucede de igual manera: Mientras aquellos pecadores le acogen, le escuchan y se convierten, ellos continúan empeñados en no reconocerle y, muy pronto, lo llevarán a la cruz. 

Hoy Jesucristo se parece a una persona moderna y práctica que les dice con toda franqueza: “A la hora de la verdad, ¿cuál de los dos hijos hizo, realmente, lo que quería el padre?” Ellos le contestaron el primero: El que le dijo que “no” iba a trabajar a la viña, pero después se arrepintió y fue. Éste era el caso de los publicanos y las prostitutas. Es evidente que primero dijeron que “no”, pero ahora se convierten y son incorporados al Reino. Ellos, por el contrario, eran los hombres del “sí”, los de la Ley y los profetas, los del culto en el Templo, los dirigentes religiosos de Israel, pero cuando vino Juan dijeron que “no” y ahora, ante la llegada del Señor, hacen lo mismo.

De este modo, Jesucristo sigue insistiendo en la posibilidad, la importancia y la validez de la misericordia y el perdón de Dios  para los que se convierten de corazón. Es también lo que nos enseña la primera lectura: “Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia, el mismo salva su vida”.

Y esto es lo que proclama sin cesar la Iglesia, cada día, de oriente a occidente, como Buena Noticia, como la mejor Noticia: ¡Con Jesucristo siempre es posible el cambio de vida, la conversión…! ¡Siempre es posible comenzar de nuevo!

Se ha dicho que los santos no lo son porque nunca cayeron, sino porque siempre se levantaron.

Siempre es bueno decir que “sí” a Dios…, pero Él no se deja engañar ni deslumbrar por buenas palabras  sino que se fija en la realidad de nuestra vida para ver si, a la hora de la verdad, le decimos “sí” o “no” con nuestras obras.

Ya Él nos advierte: “No todo el que dice Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el Cielo” (Mt 7,21).

Y nosotros, estos domingos, debemos reflexionar seriamente sobre estas cosas, no sea que, aún perteneciendo al nuevo pueblo de Dios, a la Iglesia, vayamos a ser rechazados y desheredados como aquellos que dijeron primero dijeron que “sí” y luego que “no” ante las llamadas del Señor.

Jesucristo es verdadero Hijo que siempre dijo que “sí” al Padre. Sólo Él ha podido decir: “Yo hago siempre lo que le agrada al Padre”. (Jn 8, 29) El es, por tanto, el modelo, el camino.., de todo aquel que decir a Dios que “sí” con las palabras y las obras. 

 

Les deseo todo bien. ¡Feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 13:29  | Espiritualidad
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