Viernes, 14 de octubre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo veintinueve del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 29º del T. Ordinario A        

         Después de la Entrada de Jesús en Jerusalén se va acrecentando la conjura, la oposición…, hasta que lo llevan  a la cruz.

         En algunas ocasiones contemplamos en el Evangelio como unos y otros se acercan a Jesús con alguna pregunta capciosa para comprometerle y poder acusarle. Es lo que sucede estos días

         Este Domingo el Evangelio nos presenta ésta : “¿Qué opinas?  ¿Es lícito pagar el tributo al César o no?”.

         En tiempos de Jesús Palestina se encontraba bajo la dominación de Roma.

         Ya sabemos que, en general, todos eran contrarios a esta situación… Protestaban  y la combatían. Algunos, incluso, con cierta violencia, como los celotes.

         Otros toleraban la situación, pero con el deseo de verse liberados, especialmente, cuando viniera el Mesías. Algunos, por el contrario, se aliaban con el dominador y cobraban los impuestos. Eran los publicanos. Y, además,  se aprovechaban de su oficio. Recordemos a Zaqueo. (Lc 19,1-10). Por una cosa y otra eran considerados pecadores, gente de mala fama…

         Es fácil darnos cuenta de la importancia y dificultad de la pregunta que le hacen a Jesucristo: Si dice que sí hay que pagar el tributo quedaba mal con los judíos que, como decía,  anhelaban la libertad y la independencia de Roma… Si decía que no había que pagar, aparecía como contrario a las autoridades romanas… Y eso era hasta peligroso…

         El Señor se da cuenta de “su mala voluntad” y les dice: “¡Hipócritas! ¿Por qué me tentáis?” Pero, al mismo tiempo, les da una respuesta llena de sabiduría humana y divina: “Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

         Este hecho recuerda aquel momento en que uno del pueblo le pide que le diga a su hermano que reparta con él su herencia. Jesús le responde que Él no ha venido como juez para resolver ese tipo de conflictos. (Lc 12,13-14).

         Aquí me parece entender algo parecido. No ha venido el Señor a resolver, de un modo directo, cuestiones  de impuestos. El viene a tratar de los asuntos del Reino de los Cielos que viene a traer a la tierra y que implican dar a Dios y al César lo que les corresponde.

         Esta respuesta de Jesucristo ha cruzado la Historia  y ha entrado en el lenguaje común, cuando se trata de la relación entre la religión y la política que siempre despierta recelos y divergencias entre unos y otros.

         Cuántas enseñanzas surgen de estas palabras del Señor para la vida práctica. Veamos.

         “Pagadle al César lo que es del César”.

         Los apóstoles, siguiendo el ejemplo de Cristo, enseñaban  a los primeros cristianos que toda autoridad viene de Dios y, por tanto, hay que obedecer sus disposiciones y contribuir al bien común, siempre que no entren en contradicción con los valores del Reino. (Rom 13, 1-2) Que el gobernante es “un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal”. (Rom 13, 4). Que hay que dar “a cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos, a quien tributo, tributo, a quien respeto, respeto, a quien honor, honor” (Rom 13, 7). Y en algunas ocasiones piden a los cristianos que se haga oración por los que gobiernan (1Tim 2, 1-4).

         Por tanto, los discípulos de Jesucristo nunca podemos ser sospechosos de no dar a las autoridades la ayuda y consideración que merecen. Todo lo contrario

         Y cuántas cosas nos enseña la otra expresión: “Pagadle a Dios lo que es de Dios…”

         También tenemos deberes para con Dios…

         El deber más importante, fundamental, es reconocer a Jesucristo, como el Hijo de Dios, el Mesías que tenía que venir…  Y seguirle…

         Luego, al Dios, uno y trino, debemos la adoración, la acción de gracias, la alabanza, la súplica… Y el amor a Dios y al prójimo… es la plenitud de la Ley y los profetas.

          A esta relación de amor la solemos llamar “piedad”, que es la virtud que regula las relaciones de familia…, porque hemos sido constituidos, por el Bautismo, “miembros de la familia de Dios”         (Ef 2,19).

         Jesucristo, el Hijo, es el maravilloso ejemplo de relación con el César y con Dios Padre.

         Los cristianos tenemos que recordar siempre la advertencia del Señor: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura”. (Mt 6, 33). Es lógico que en el salmo responsorial de este Domingo proclamemos: “Aclamad la gloria y el poder del Señor”.        

         ¡Feliz Domingo! ¡Feliz Día del Señor!  

 


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Espiritualidad
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