Mi?rcoles, 19 de octubre de 2011

Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata, en la fiesta de San Miguel Arcángel - Día dela Policía (Catedral de Mar del Plata, 29 de septiembre de 2011). (AICA)

«SAN MIGUEL ARCÁNGEL, DEFIÉNDENOS EN LA BATALLA»            

Celebra hoy la Iglesiala fiesta de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En la Biblia se habla de ellos como de ángeles fieles a Dios que han tenido misiones especiales. El nombre Miguel deriva del hebreo “Mi-ka-el” y significa “¿quién como Dios?”.

Nos dice la Revelación divina que en el origen de la creación de los ángeles, la soberbia de uno de ellos intentó alcanzar su plenitud al margen de la subordinación a  Dios, arrastrando a otros en su rebeldía contra él. Por la misma Revelación sabemos que Miguel fue el defensor del honor de Dios: la creatura, por encumbrada que sea debe reconocer un único Dios. No se es grande al margen de Él, pues fuera de Él sólo se encuentra miseria y no grandeza.

El demonio no sólo ofende a Dios, sino que intenta corromper a los hombres. Sabemos bien que desea tentarlo construyendo grandes mentiras con verdades parciales.

En el libro del Apocalipsis, en el pasaje escuchado, se lo presenta a Miguel como el ángel que protege al pueblo de Dios en su lucha contra las fuerzas del mal y le obtiene una primera victoria contra el demonio y sus ángeles. Esta victoria anticipa la victoria final, pues en el cielo ya no habrá lugar contra los enemigos de Dios.

Desde el principio de la creación se da un antagonismo entre los ángeles buenos que permanecieron fieles y los malos que se han rebelado. Estos últimos sufrieron una derrota inicial al quedar privados de la visión de Dios. Y sufrirán una derrota definitiva al fin de la historia. Entre una y otra se sitúa la historia humana, donde sucesivamente hay avances y retrocesos de los poderes del mal.

Esta es la visión que nos abre nuestra fe. Por esto mismo, la fuerza policial ha establecido esta fecha como celebración de su propio día, el “día del policía”, donde San Miguel Arcángel aparece como su santo patrono, inspirador de la misión recibida de parte de la sociedad.

Al hacerlo así, la actuación de la fuerza policial queda iluminada en su verdadero significado: ser instrumento de la sociedad, y en primer lugar de Dios, en el combate contra las transgresiones que dañan gravemente el tejido social y el bien común del pueblo.

Reprimir el delito, preservar el orden público y la seguridad de los ciudadanos, lejos de ser acto de prepotencia de la fuerza y del poder, debe ser considerado como acto de responsabilidad y expresión de abnegación en aras del bien común. El accionar de la fuerzas de seguridad deberá, sin duda, atenerse a los límites señalados por las leyes y reglamentaciones emanadas de los legítimos poderes dela República. Perose trata de una misión noble e imprescindible que se inscribe dentro del proyecto cristiano de instaurar una civilización del amor.

Como enseña la doctrina social dela Iglesia: “Para tutelar el bien común, la autoridad pública legítima tiene el derecho y el deber de conminar penas proporcionadas a la gravedad de los delitos. El Estado tiene la doble tarea de reprimir los comportamientos lesivos de los derechos del hombre y de las reglas fundamentales de la convivencia civil, y remediar, mediante el sistema de las penas, el desorden causado por la acción delictiva. En el estado de Derecho, el poder de infligir penas queda justamente confiado ala Magistratura: «Las Constituciones de los Estados modernos, al definir las relaciones que deben existir entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, garantizan a este último la independencia necesaria en el ámbito de la ley» ” (Compendio 402).

Ofrecemos esta Eucaristía implorando del Señor la abundancia de sus bendiciones sobre todos los que en distintos grados integran esta institución policial, autoridades y efectivos de la fuerza, y cuantos están asociados en esta noble misión. La sociedad expresa su reconocimiento por esta labor arriesgada y difícil. Yla Iglesialos bendice, al mismo tiempo que pide a Dios las gracias para que cada uno de ustedes honre la institución con el cumplimiento fiel de sus respectivos deberes.

Tenemos un especial recuerdo por aquellos que entregaron sus vidas en cumplimiento del deber. No podemos olvidarlos. Que a ellos les llegue la misericordia de Dios y que sus familiares se sientan envueltos en su paz. 

Mons. Antonio Marino, obispo de Mar del Plata 


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Homil?as
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