Jueves, 20 de octubre de 2011

Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata, en la 43ª Invasión de Pueblos (Mechongué, 1º de octubre de 2011, Memoria de Santa Teresa del Niño Jesús). (AICA)

«UNIDOS EN CRISTO FIRMES EN LA FE»           

1. TERESITA, MAESTRA DELA LIBERTAD CRISTIANA 

Queridos jóvenes:

Hoy celebrala Iglesiaa una gran santa, Teresa del Niño Jesús, comúnmente conocida como Santa Teresita. Ella ingresó al convento de Carmelitas de Lisieux, a los quince años, y en razón de su edad hubo que hacer una excepción con ella para que pudiera ser admitida. Murió muy joven, con apenas veinticuatro años.

Ustedes podrán preguntarme: Monseñor ¿qué tiene que ver con nosotros una monja encerrada en un convento? Les respondo que ella es una verdadera maestra. El Papa Juan Pablo II, la proclamó “doctora dela Iglesia”. Maestra de la infancia espiritual. Ella entendió como pocos la enseñanza de Jesús: “Si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mt 18,3). Maestra de la fuerza del amor. Conocemos su afirmación donde resume su vocación: “En el seno de mi madre la Iglesia, yo seré el amor”. Maestra que nos enseña el ardor misionero.La Iglesiala ha proclamado patrona de las misiones, pues ha mostrado que se puede colaborar con las misiones ofreciendo nuestra oración y nuestras obras de amor.

Pero hoy me voy a detener en un aspecto. Ella es maestra de la libertad. Quiero citarles un pasaje donde describía la experiencia de su primera comunión: “Sólo quedaba Jesús, era el Dueño, el Rey. Teresita le había pedido que le quitara su libertad, porque su libertad le daba miedo. Se sentía tan débil, tan frágil, que quería unirse para siempre a la fuerza divina...”.

Las palabras de los santos nos sorprenden. En una época como la nuestra, donde el valor de la libertad ha sido exaltado al máximo, la voz de Teresita nos atrae por su simplicidad sin pretensiones.

Nuestra cultura tiende a concebir la libertad como mera ausencia de presión externa, para poder obrar según los propios sentimientos, emociones e impulsos, pero sin referencia a una verdad objetiva. Es como si no importara preguntarse si esos impulsos, sentimientos o emociones, están bien ordenados o son desordenados. Se dice que hay que ser auténticos y se llega a confundir la autenticidad con el mero sentimiento o gusto subjetivo.

Estas palabras escritas por una joven carmelita enclaustrada, de fines del siglo XIX, que años después de su primera comunión guardaba los recuerdos imborrables del primer encuentro sacramental con Jesús, conservan más fuerza que nunca para entender la verdadera libertad del hombre, la que nos trajo Cristo.

Ella nos deja esta lección: se siente libre cuando entrega libremente su propia libertad a Jesús, su Dueño; quiere perderla para sentirse liberada. Sólo cuando Jesús se apodera de su voluntad y es dueño de su vida, se sabe entonces verdaderamente libre, en una experiencia que consiste en una entrega de amor espiritual puro.

¡Qué extraño puede parecernos esto! Al obedecer a Jesús parecería que perdemos la libertad. Sin embargo, es entonces que empezamos a ser libres de verdad. Cristo nos libera de nuestro egoísmo, de nuestra ceguera, nos vuelve capaces de amar y nos ilumina en medio de la oscuridad.

Santa Teresita traduce así muy bien las lecciones fundamentales del Evangelio: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará” (Mc 16,24-25). “Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres... Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres” (Jn 8, 31-32.36).

Ella ha entendido muy bien que cuando el hombre se subordina plenamente a Cristo, que esla Verdad, dejando que sólo Él cuente, sometiéndose, por amor, a sus enseñanzas, buscando la voluntad divina, es entonces cuando uno encuentra el camino verdadero. 

2. “FIRMES EN LA FE” 

El lema de este encuentro es: “Unidos en Cristo, firmes en la fe”. Se inspira en el lema de la última JMJ que se realizó en Madrid. El papa Benedicto XVI, al proponer el lema para los jóvenes, se inspiró a su vez en San Pablo: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7). Es preciso estar arraigados en Cristo, como un árbol bien plantado, con raíces profundas que lo alimentan y lo vuelven fecundo, y además le dan estabilidad contra el vendaval. Es importante que el edificio descanse sobre sólidos cimientos para que no se derrumbe.

Durante la visita del Papa a España, con ocasión dela Jornada Mundialdela Juventud, ocurrió un hecho extraordinario. En el aeropuerto de Cuatro Vientos, después de unos días de calor muy elevado e insoportable, se desencadenó una temible tormenta. Caía la lluvia y fuertes ráfagas de viento amenazaban con arruinar el encuentro tan esperado de los jóvenes con el Papa, a quien trataban de proteger contra el viento y el agua, con dos paraguas. El Papa no pudo leer su discurso ni dar respuesta a las preguntas que le hacían los jóvenes. Le aconsejaron suspender el acto, debido a la violencia del temporal. Pero el Papa no quiso y permaneció. Los jóvenes también permanecieron. Nadie se fue. Soportaron la tempestad y el Papa les habló más brevemente.

En realidad no hacía falta más. Con sólo permanecer y resistir a la fuerte tormenta, tanto el Papa como los jóvenes ya se habían entendido y comunicado. Y al mismo tiempo ya habían hablado para el mundo entero que los seguía por la televisión.

Brindaron de este modo un hermoso símbolo sobre la fe cristiana. En lugar de explicar con palabras el lema dela Jornada Mundial, lo estaban diciendo con los hechos: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”. 

3. JESÚS, VIDA DEL HOMBRE 

Nuestra fe nos da certezas sobre la vida verdadera. Por eso, nos abre a la esperanza y nos llena de alegría. Ahora ustedes se disponen a dar testimonio y a comunicar esa fe a los demás.

Celebrarla Eucaristíaes lo mejor que hacemos los cristianos. En ella nos encontramos con Dios de manera privilegiada. De ella tomamos fuerzas para nuestra misión, y hacia ella se orientan todas nuestras actividades. Los católicos creemos que en la celebración eucarística se hace real y misteriosamente presente el mismo sacrificio redentor de la cruz, y Cristo mismo se nos da como alimento. Él nos enseña cómo vivir bien, nos invita a asociarnos a su entrega, a imitarlo en su amor obediente al Padre y a recibirlo en la comunión de su cuerpo y de su sangre.

Jesús quiere ser nuestro amigo y confidente, quiere que tengamos vida en abundancia. ¿Cuál es el deseo más profundo todo ser humano sino vivir la vida en plenitud, alcanzar un bienestar duradero y conocer la felicidad? Y si a esto tiende el corazón de todo hombre, sabemos la especial fuerza y vigor que tiene esta tendencia en una vida joven.

Todos tendemos a la felicidad y no podemos dejar de desear una vida plena y feliz, porque así como las raíces de una planta se orientan hacia la humedad sin que nadie se lo enseñe, y así como su tallo tiende hacia la luz, así también el corazón de todo hombre tiende hacia la dicha.

Todos tendemos a la felicidad, pero no todos acertamos en sus caminos. Todos los seres del mundo físico y todos los vegetales y animales tienden hacia sus fines propios, guiados por su naturaleza, y lo hacen sin equivocarse. Sólo el hombre, dotado de una dignidad superior por su inteligencia y su libertad, es sin embargo capaz de grave extravío. Su inteligencia y su libertad, que son su título de gloria, pueden convertirse en su trampa mortal, al hacer mal uso de esas mismas facultades.

Como decía un sabio de la antigüedad, nosotros “aprendemos no sólo para la escuela sino para la vida”. Es muy importante adquirir conocimientos, pues ellos nos servirán el resto de los años por venir. Pero es mucho más importante aprender a vivir bien. Porque yo puedo adquirir muchos conocimientos, pero si no aprendo a vivir saco un aplazo en la vida. Con mis conocimientos adquiero muchos medios útiles, pero ¿de qué me servirán los mejores medios sino no tengo en claro cuáles son los fines que dan sentido y valor a mi vida?

Ustedes han venido a estos días de encuentro y testimonio para sentir la presencia de alguien que los ama de verdad y que desea enseñarles el camino de la vida verdadera. Se llama Jesús. Es un maestro lleno de una gran bondad que tiene una gran simpatía por ustedes y quiere entrar en amistad con cada uno, con cada una de ustedes. Sabe mucho de vida.  Él ha dicho y sigue diciendo a todos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). “Yo he venido para que las ovejas tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed” (Jn 6,34).

Es alguien que, además, sabe perdonar y limpiarnos de nuestros pecados, que no vacila en salir en busca de la oveja perdida hasta encontrarla y cargarla sobre sus hombros (cf. Lc 15,4-7). 

4. EL CAMINO ESTRECHO DE JESÚS 

Queridos chicos y chicas, este maestro de vida no engaña a nadie. Habla claro y presenta un ideal exigente, invita a caminar por un camino estrecho, a entrar por una puerta angosta: “Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí: pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva ala Vida, y son pocos los que lo encuentran” (Mt 7,13-14).

El camino del cristiano, que Cristo fue el primero en recorrer, es estrecho y difícil al comienzo, pero perseverando en él, conduce de a poco hacia la anchura de una felicidad verdadera que se siente ya desde esta vida terrena, en la paz del corazón. En cambio, el camino del mundo, parece ancho y delicioso al comienzo, atrayente y divertido, pero de a poco los irá internando por senderos muy estrechos, hasta desembocar en callejones que lamentablemente no tienen salida.

Hay adultos que piensan en ustedes, pero no los quieren a ustedes, quieren su dinero. Son quienes les organizan fiestas y bailes, en los boliches donde muchos pasan con frecuencia los fines de semana. Ellos se enriquecen, además, con el dinero que ustedes les dan comprándoles alcohol. Hay adultos sin escrúpulos que regalan droga, porque saben que después empezarán a ser sus clientes y esclavos. Hay adultos que deberían ser guías de los jóvenes y son en cambio peores que ciegos. Hay adultos que degradan los espectáculos públicos y ganan cuantiosas fortunas subestimando a la audiencia e inundando la pantalla de los televisores con espectáculos de la más baja calidad.

Este es el camino que les propone con frecuencia una activa propaganda, principalmente a través de los medios de comunicación social. Estos son los falsos modelos que en forma ininterrumpida presentan como ideal muchas figuras a las que se llama “ídolos”.

¿Qué nos dice un verdadero sabio en el libro dela Palabrade Dios? Escuchemos: “Siendo aún joven, antes de torcerme, deseé la sabiduría con toda el alma, la busqué desde mi juventud y hasta la muerte la perseguiré; crecía como racimo que madura, y mi corazón gozaba con ella, mis pasos caminaban fielmente siguiendo sus huellas desde joven…su yugo me resultó glorioso, daré gracias al que me enseñó” (Eclo 51,13-15.17).

¿Qué les dice a ustedes, jóvenes, el apóstol San Juan en su primera carta? “Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, yla Palabrade Dios permanece en ustedes, y ustedes han vencido al Maligno” (1Jn 2,14).

¡Sean fuertes! ¡No se dejen engañar! Nunca fue fácil ser cristiano y hay que aprender a ir contra la corriente. Sepan escuchar la voz de los verdaderos sabios, de los auténticos maestros cuyas enseñanzas les he leído.

Jesús no es un aguafiestas. Los quiere alegres y busca su verdadero bien. Sepan vivir como verdaderos discípulos suyos. No se arrepentirán nunca. Él los espera cada domingo para una verdadera fiesta, donde él se ofrece como luz y como alimento con su Palabra y con su Cuerpo y su Sangre. Él sabe perdonar de verdad y está dispuesto a limpiarlos de toda mancha de sus conciencias, cuando se acercan al sacramento de la reconciliación y de la misericordia. Él los escucha siempre con amor cuando se dirigen a él con una oración sincera. Él les dice: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 11,28-30).

Con mi paternal bendición para todos. 

Mons. Antonio Marino, obispo de Mar del Plata 


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Homil?as
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