Domingo, 23 de octubre de 2011

Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 27º domingo durante el año (2 de octubre de 2011). (AICA)

LA FE SE FORTALECE DÁNDOLA              

El texto del Evangelio de este domingo (Mt. 21, 33-46) presenta en forma de parábola la historia del Pueblo de Israel. La viña del Señor representa a su pueblo. Sus dirigentes no solo no dan los frutos que les correspondía al dueño de la viña, sino que matan a sus servidores y al mismo heredero. Este texto podemos leerlo aplicándolo a la vida de todo cristiano, sea laico, consagrado o sacerdote. El Reino de Dios es también una realidad que nos es dada a cada uno de nosotros. En efecto, la gracia de Dios que se nos otorga gratuitamente, la vocación cristiana, la fe, la revelación dela Palabrade Dios, la comunidad y los sacramentos, son algunos de los bienes que Dios nos ha confiado para que produzcamos frutos.

El próximo domingo 09 de octubre celebraremos enla Argentinala “Jornada de las Misiones” y como cada año el Papa Benedicto XVI nos envía un mensaje para nuestra reflexión. Durante estos domingos de octubre iremos tomando parte de este mensaje para rezar con dicho texto y desde su lectura discernir caminos que nos ayuden a mejorar la dimensión misionera dela Iglesia, que es su fundamental razón de ser.

El texto de este año, toma la cita bíblica: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21). En su introducción, nos dice: “Con ocasión del Jubileo del año 2000, el venerable Juan Pablo II, al comienzo de un nuevo milenio de la era cristiana, reafirmo con fuerza la necesidad de renovar el compromiso de llevar a todos el anuncio del Evangelio con el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos” (N.M.I 58). Es el servicio más valioso quela Iglesiapuede prestar a la humanidad y a toda persona que busca las razones profundas para vivir en plenitud su existencia. Por ello, esta misma invitación resuena cada año en la celebración dela Jornada Mundialde las Misiones. En efecto, el incesante anuncio del Evangelio unifica también ala Iglesia, su fervor, su espíritu apostólico; renueva sus métodos pastorales para que sean cada vez más apropiados a las nuevas situaciones-también las que requieren una nueva evangelización- y animados por el impulso misionero: “La misión renuevala Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. “¡La fe se fortalece dándola!. La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal” (Red, Mi 2).

El Papa señala un aspecto que es clave para animarnos en la dimensión misionera de nuestras comunidades, y a cada uno como testigo en el mundo, que es la importancia de ser discípulos y misioneros como el Santo Padre nos dijo en la primera sesión de Aparecida: “la misión y el discipulado son dos caras de una misma moneda”.

Quiero subrayar también la importancia que el Papa da a la dimensión litúrgica, especialmente ala Eucaristía, ya que como he señalado muchas veces, es la fuente más importante de la espiritualidad cristiana. Absolutamente distinto a un rito celebrado al margen de la vida; un rito litúrgico que no nos implica en la cotidianidad no es una celebración cristiana. El Papa señala: “Este objetivo se reaviva continuamente por la celebración de la liturgia, especialmente dela Eucaristía, que se concluye siempre recordando el mandato de Jesús resucitado a los Apóstoles: “Id…” (Mt 28, 19). La liturgia es siempre una llamada “desde el mundo” y un nuevo envío “al mundo” para dar testimonio de lo que se ha experimentado: el poder salvífico  dela Palabrade Dios, el poder salvífico del Misterio pascual de Cristo. Todos aquellos que se han encontrado con el Señor resucitado han sentido la necesidad de anunciarlo a otros, como hicieron los dos discípulos de Emaus. Después de reconocer al Señor al partir el pan, “y levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y refirieron lo que  había sucedido durante el camino (Lc. 24, 33-35). El Papa Juan Pablo II exhortaba a estar “vigilantes y preparados para reconocer su rostro y correr hacia nuestros hermanos, para llevarles el gran anuncio: “¡Hemos visto al Señor” (N.M.I.59).

Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo. 

 Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por verdenaranja @ 20:45  | Homil?as
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