Jueves, 03 de noviembre de 2011

Carta del obispo de Tenerife monseñor Bernardo Álvarez Afonso con motivo del Día de la Iglesia Diocesana 2011.

Somos Iglesia diocesana

La jornada del Día de la Iglesia Diocesana es una ocasión propicia para acrecentar en todos los católicos la conciencia y el sano orgullo de pertenecer a la Iglesia, Pueblo de
Dios extendido por toda la tierra, y que para cada uno esa pertenencia se concreta en una diócesis determinada que es encomendada al cuidado y la atención pastoral de un obispo.

Para nosotros es la diócesis Nivariense, Iglesia de Dios que peregrina en Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro, en la cual el obispo -con la cooperación de los sacerdotes- guía a los fieles católicos, procurando su santificación mediante la predicación de la Palabra de Dios, la celebración de la Eucaristía y los demás sacramentos, y exhortándoles a llevar una vida conforme al mensaje de Jesús, practicando las obras de misericordia, especialmente en favor de los más pobres y necesitados.

Por su parte, todos los fieles cristianos, por el hecho de estar bautizados y cada uno según su carisma, vocación, ministerio o función, constituyen la Iglesia, cuerpo de Cristo en la que habita el Espíritu Santo, que es quien la unifica, la dirige interiormente y enriquece a los fieles con sus dones. Todos constituimos la Iglesia y somos miembros activos en ella. Por eso, podemos afirmar con verdad que, por el vínculo de la caridad, en la variedad de carismas y ministerios, «todos somos Iglesia Diocesana- y de todos nosotros depende lo que la Iglesia es ante Dios y ante el mundo.

Las diócesis son porciones determinadas en las que se hace presente la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Ahora bien, para que los dones de la salvación que Dios ha puesto en su Iglesia alcancen a todos los fieles, dentro de la diócesis y en las zonas donde vive la gente, se constituyen las parroquias para que los cristianos podamos vivir y celebrar nuestra fe de una manera concreta, aunque sin perder la referencia de la propia diócesis y del obispo, así como la comunión con todas las diócesis del mundo, y de modo especial con la de Roma que, con su obispo el papa Benedicto XVI, nos preside a todos en la caridad.

El sentido de pertenencia a la Iglesia debe lIevarnos a implicarnos más en las tareas pastorales y en el sostenimiento económico de la misma: la Iglesia necesita nuestra colaboración personal. La mayoría de las acciones pastorales las llevan a cabo voluntarios, tanto cuando participan como miembros de los consejos de pastoral, de economía, etc., como en la formación de niños y jóvenes a través de las catequesis, en el trabajo a favor de los más desfavorecidos o en otras acciones que hacen posible el buen funcionamiento de las parroquias o diócesis. Todo
ello nos pide a todos nuestro compromiso y el hacernos conscientes de la necesidad de nuestra participación.

La Iglesia necesita, también, de nuestra colaboración económica.

Las aportaciones voluntarias de los católicos es la parte más importante del sostenimiento económico de la Iglesia. La mejor forma de colaborar es con una aportación periódica personal o familiar, abonada por domiciliación bancaria. La cuantía dependerá de la situación económica familiar y de la generosidad de sus miembros.