S?bado, 12 de noviembre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo treintitres del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DE SEÑOR".

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 33º  del T. Ordinario A 

Queridos amigos y amigas:

La parábola de los talentos despierta siempre nuestra atención e interés y nos llama al sentido de la responsabilidad personal ante los dones que hemos recibido de Dios.

La parábola está situada en el contexto de la Venida gloriosa del Señor que cada año, por estas fechas, recordamos y celebramos. Y este año la escuchamos en el marco de la Jornada de la Iglesia Diocesana.

El domingo pasado, el Evangelio, con la parábola de las vírgenes prudentes y de las vírgenes necias, respondía a la pregunta: “¿Y cuándo vendrá el Señor? Y la respuesta la daba el mismo Jesucristo: “Por lo tanto, velad porque no sabéis el día ni la hora.”

Es lo que nos advierte S. Pablo en la segunda Lectura de hoy.

La parábola de los talentos de este domingo, responde a otra pregunta: “Y mientras llega el Día del Señor, ¿qué tenemos que hacer?”

“Negociad mientras vuelvo” leemos en S. Lucas en un texto parecido.

El Evangelio nos explica que los empleados que habían recibido cinco y dos talentos, negociaron con ellos y consiguieron otro tanto.            

Por eso, cuando, después de mucho tiempo, vuelve su señor, recibieron la alabanza y la recompensa que merecían. Pero el que había recibido uno y no negoció con él, es el que recibe la reproba-ción y el castigo.

Es interesante recordar que un talento equivalía a 6000 denarios. Y un denario era lo que cobraba un obrero por un día de trabajo, de sol a sol. Los cinco talentos, equivalía, por tanto, a unos 50 años de trabajo. Incluso, al que le dieron un talento, recibió lo que correspondía a 6000 días de trabajo.

El día de su Ascensión, Jesús se marchó “visiblemente” al Cielo y dejó sus bienes, los tesoros de la salvación a los apóstoles y por ellos, a toda la Iglesia y por la Iglesia a todos nosotros. “El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para nosotros…”, escribe S. Pablo (Ef 1, 8).

Junto a esos bienes nos ha dado numerosos dones en el orden de la naturaleza y de la gracia…

De esos dones unos son para nosotros y otros son para los demás, para la comunidad, para la Iglesia. Son los llamados “carismas”.                   Este es un tema muy poco conocido en el pueblo cristiano. Sin embargo, el Papa Juan Pablo II, en la Jornada de la Juventud de Santiago, decía a los jóvenes que era necesario conocer los dones que el Señor les había concedido para los demás, para la Iglesia.

Por eso nos dice  San Pedro: “Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios…"(1Pe 4, 10).

Jesucristo volverá como nos ha dicho. Y ese Día grande y glorioso tendremos que darle cuenta  de la “administración” de los distintos bienes que nos dejó.

Este domingo se nos recuerda esta realidad y se nos urge realizar la tarea que nos ha sido confiada.

Por tanto, desdela Ascensiónhasta la segunda Venida de Cristo, es el tiempo del esfuerzo, del trabajo, de “negociar con los talentos”.  Es “el tiempo de la Iglesia”, que ha recibido del Señor aquella misión.

Y hemos de hacerlo con el interés, la ilusión, el sentido de la responsabilidad de “la mujer hacendosa” de la primera lectura.

Lo recordamos, especialmente, este domingo en que celebramos el Día de la Iglesia Diocesana.

En esta Jornada, la Iglesia nos parece como más cercana, más concreta, más familiar… con nombres y números…  Sobre todo, de tantos y tantos que “negocian” en bien de esta especie de familia grande  que formamos todos y en la que cada uno, de un modo tantas veces espontáneo, va aportando los dones  que ha recibido de Dios para ella, como decía antes.

Hay muchas imágenes que tratan de acercarnos al “Misterio de la Iglesia” diocesana y universal. Es hermosa, por ejemplo, la imagen de un edificio en construcción, en el que trabajamos todos. Aquí se comprende mejor que todos nos podemos hacerlo todo… “Cada uno según su capacidad”, es decir, según su vocación y su misión.

Gracias a las necesidades económicas, se celebra cada año este día hermoso que, como sabemos y sentimos todos, tiene que llegar mucho más allá de la preocupación por los recursos que necesitamos.   

 Para adentrarnos en el “Misterio”, es decir, en lo que, acerca de la Iglesia, ya se nos ha manifestado y lo que todavía permanece oculto hasta la Vuelta gloriosa de Jesucristo.

Ojalá que aquel día pueda decirnos: “Muy bien. Eres un emplea-do fiel y cumplidor... Pasa al Banquete de tu Señor". 

¡Feliz Día del Señor! ¡Feliz Día de la Iglesia Diocesana!


Publicado por verdenaranja @ 0:26  | Espiritualidad
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