S?bado, 19 de noviembre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo de la solemnidad de Jesucristio, Rey del Universo, - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR.

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 34º del T. Ordinario A 

Queridos amigos y amigas:

La Solemnidad de Cristo Rey Universo es una fiesta muy hermosa

¡Cuántas resonancias, cuantos “ecos” despierta en el corazón de todos nosotros, de todos los cristianos!

No es una fiesta muy antigua. Fue instituida el año 1925 en un contexto social, político y eclesial completamente distinto al nuestro. No podemos detenernos ahora en ello.

La Reforma conciliar la ha colocado en el domingo 34º, el último, del Año Litúrgico.

Hay que situarla, por tanto, en el contexto en que nos encontramos estas últimas semanas: Estamos recordando y celebrando la espera de la Venida gloriosa del Señor.

Resumiendo mucho, podíamos decir que el Año Litúrgico termina como terminará la Historia: con la grandeza y la gloria de Cristo Rey del Universo. En efecto, esta solemnidad viene a señalarnos con fuerza quela Historiahumana no terminará en una destrucción o en un fracaso sino en la manifestación plena y gloriosa de Cristo Rey del Universo, en el gozo de un encuentro eterno. “Y su Reino no tendrá fin”, rezamos en el Credo. Y a Santa Teresa le gustaba repetir: “Por siempre, siempre, siempre.

Al llegar a este domingo, podemos hacer un resumen de lo que nos enseñan estos tres últimos domingos.

El domingo 32º, la parábola de las vírgenes prudentes respondía a la pregunta: “¿Cuándo serála Venidade Jesucristo al mundo?”

Y el mismo Cristo nos respondía en el Evangelio: “Velad, porque no sabías el día ni la hora”.

El domingo pasado, las lecturas respondían a otra pregunta: “¿Y qué  hacemos mientras esperamos?”

La parábola de los talentos nos decía: “Nuestra tarea es negociar con los talentos que se nos han confiado con destreza, ilusión, esmero, generosidad…”

Y este domingo de Cristo Rey responde a dos preguntas: “¿Y cómo vendrá el Señor?” “¿Y para qué vendrá?”

Hace ya mucho tiempo, vino pobre y humilde a Belén. Entonces vendrá lleno de gloria para juzgar a vivos y muertos… según haya sido nuestra conducta, especialmente, con los más necesitados: los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los que no tienen ropa, los enfermos, los encarcelados…

Nunca reflexionaremos bastante sobre la enseñanza y advertencia que nos hace hoy el Señor: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.

Y a la inversa.

¡Cuántas reflexiones tendríamos que hacer aquí!

Según eso, a unos dirá: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo…” Y a los otros: “Apartaos de mi, malditos; Id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles…”

¡Impresionante! ¡Muy impresionante!

Por tanto, el hecho de que venga a juzgar no quiere decir que viene a condenar…

Juzgar para Dios no es sólo y, ante todo, castigar… Todo lo contrario… Fundamentalmente, viene a traer la recompensa, el salario, el premio a cada uno.

Pero si alguien no quiere seguir el camino señalado por el Evangelio, llegará a donde conduce el otro camino que ha ido eligiendo libremente en cada momento de su existencia.

Y si esto es así, es lógico que deseen que vuelva Jesucristo los que actúan conforme a su voluntad… Y que la ignoren, la menospre-cien, la teman…, los que andan por otros senderos…

Más todavía, son muchos los cristianos que tienen toda su esperanza en la recompensa divina de aquel Día. Escribía S. Pablo: “Os anima esto (su vida de fe y caridad) la  esperanza de lo que Dios os tiene reservado en el Cielo…” (Col 1, 3 - 6).

"En el atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el amor", decía S. Juan dela Cruz.

¿Quién no será capaz de contemplar y valorar todo el bien que tantos hombres y mujeres hacen cada día a su prójimo? ¡Es tanta la gente consagra tiempo, esfuerzos recursos,  incluso, toda su vida a hacer el bien, tantas veces, de un modo anónimo!   

Pero cuando abrimos esta página del Evangelio y la proyectamos sobre tanta hambre y tanta miseria,  sobre tanto sufrimiento y tanta muerte… Cuando contemplamos al mundo entero convertido en un “valle de lágrimas” nos sentimos desfallecer, nos quedamos sin palabras y nos estremece pensar en lo que será aquel Día para tantos y tantos agentes del mal.

Son muchos los que tratan de suavizar tanto el juicio de Dios, que, a veces, queda casi diluido…

Es verdad que ser cristiano entraña siempre una llamada a la esperanza, a veces, contra toda esperanza. Pero lo cierto es que el Rey del Universo no puede ser insensible, indiferente..., ante tanto bien y tanto mal como se realiza cada día en el mundo…

¡Tiene que haber un desenlace! Y el resultado, ¡¡depende de cada uno!!

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Espiritualidad
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