Viernes, 25 de noviembre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo primero de Adviento - B, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR

Domingo 1º de Adviento B 

Queridos amigos y amigas:

Este Domingo se hace necesario un esfuerzo de adaptación a la Vida Litúrgica de la Iglesia… Porque estos días, en medio del acontecer normal de nuestra vida, se produce un acontecimiento importante: Termina un Año Litúrgico y comienza uno nuevo, el que llamamos II o B. Dejamos al Evangelista S. Mateo que nos ha acompañado en nuestras celebraciones de este año, y acogemos con veneración y afecto, el Evangelio de S. Marcos. No tenemos tiempo de detenernos aquí…

Un nuevo recorrido por las distintas celebraciones de la Iglesia constituye un gran don que Dios nos hace. Y hemos acogerlo con ilusión y gratitud.

Y comenzamos por nuestra preparación para la Navidad. Porque la Navidad hay que prepararla intensamente. Toda fiesta que no se prepara, sale mal. Y la Navidad es la segunda fiesta en importancia después de la Pascua.

El Tiempo de preparación se llama “Adviento”.

La palabra latina “adventus” significa llegada, venida, advenimien-to… Y decimos Tiempo de Adviento…, de preparación para celebrar en la Navidad, la venida del Señor. En este Tiempo se nos van ofreciendo cada día, los medios oportunos para que lleguemos a la Navidad bien preparados, bien dispuestos. La Navidad es “fiesta de gozo y salvación” y hemos de celebrarla “con alegría desbordante”, dice la oración colecta del Domingo III.

Y comenzamos a prepararnos para la Navidad recordando que siempre, de algún modo, estamos en un continuo adviento, porque siempre estamos a la espera de la Vuelta gloriosa del Señor, como lo hemos recordado y celebrado las tres últimas semanas del Tiempo Ordinario. Y continuaremos haciéndolo las dos primeras semanas de Adviento, concretamente, hasta el día 17 de Diciembre, en que comienzan “las ferias mayores”, la preparación inmediata para la Navidad.

En el Evangelio de este Domingo, Jesucristo nos advierte que tenemos que vivir siempre a la espera, porque no sabemos cuándo vendrá… Y porque, entonces, hemos de tener acabada la tarea, que nos ha señalado.

Y Jesús se vale de una comparación sencilla: Un hombre se va de viaje y deja a cada uno de los criados su tarea y le encarga al portero que permanezca en vela. De igual modo, Jesucristo nos previene de que puede venir inesperadamente, y encontrarnos dormidos.

Y es que los acontecimientos importantes e, incluso, muchas cosas menos importantes, tienen fecha: día y hora. Sin embargo, el Acontecimiento más importante de todos no la tiene

De este modo, todas las generaciones cristianas  están esperándole…

La llegada imprevista del Señor puede ser mañana o puede ser dentro de un millón de años. No lo sabemos.

Y hay tanta gente despistada, que no sabe nada de esto ni le interesa… ¡Hay tanta gente dormida!

“¿Simón duermes?” Dijo el Señor a Simón Pedro, en el Huerto, cuando los discípulos en lugar de velar en oración, dormían…

Y lo mismo podría decir hoy y, de hecho, lo dice a tantos cristianos, que son, por naturaleza, “discípulos y misioneros” del Reino de Dios, como señala El Plan Pastoral de la Diócesis.

Al comenzar este Tiempo, podemos hacer nuestra la súplica de aquellos israelitas en el destierro (1ª Lect.): “Ojalá rasgases el Cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia…”

Y también lo que proclamamos en el Salmo Responsorial de este Domingo: “Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

Pero, para poder decir eso, ¡tenemos que estar bien centrados en la vida espiritual, en la vida cristiana!

De todos modos, S. Pablo nos advierte este Domingo (2ª Lect.) que no carecemos de ningún los que aguardamos “la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”. 

¡Feliz Domingo! Feliz Día del Señor! ¡Con mis mejores deseos!


Publicado por verdenaranja @ 23:11  | Espiritualidad
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