Viernes, 02 de diciembre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo segundo de Adviento, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR". 

ECOS DEL DIA DEL SEÑOR
Domingo 2º de Adviento B 

Queridos amigos y amigas:

Hay un villancico navideño que dice: “El Niño Dios ha nacido en Belén. Aleluya. Aleluya. Quiere nacer en nosotros también. Aleluya. Aleluya”.

Este es el objetivo de este Tiempo de Adviento y de la misma Navidad. El Vaticano II nos enseña que el Año litúrgico realiza en nosotros una obra maravillosa: Nosotros que no vivíamos cuando sucedían aquellas cosas, podemos  ponernos ahora, de algún modo, en contacto con ellos y llenarnos de la gracia de la salvación (Const. Liturgia,102). Es lo que se llama “el hoy de la Liturgia”.  Por eso, en el salmo responsorial de la Noche de Navidad, por ejemplo, cantamos: “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.

Este tema de la Liturgia de la Iglesia es un auténtico descubrimiento que hay que hacer…

A veces pensamos: “Si yo hubiera estado aquella noche en Belén…” “Y si hubiese sido uno de los pastorcitos…”

¡Pues eso, de algún modo, es posible! ¡Lo podemos conseguir ahora, dentro de unas semanas!

Esto es maravilloso y hemos de tomarlo muy en serio… Por eso nos dedicamos las cuatro semanas de Adviento a prepararnos para ese gran acontecimiento, diciendo: “El Señor va a venir…; “el Señor va a nacer”; “necesitamos que venga el Salvador…”; “Ven Señor, no tardes…”

¡Es el “hoy” de la Liturgia!

Y no podemos olvidar que durante las primeras semanas de Adviento nos preparamos para la Navidad recordando y celebrando la esperan-za en la Vuelta gloriosa del Señor de la que nos habla hoy S. Pedro en la segunda Lectura.

Y en este tiempo surgen de medio de la comunidad unos personajes que nos ayudan en la tarea: Uno de ellos es el profeta Isaías, “el profeta de la esperanza…”  El que anuncia la gran noticia de que el pueblo de Israel, desterrado en Babilonia, va a ser liberado. Y, por tanto, hace falta preparar los caminos que, podrían estar intrasitables, para que el Pueblo de Dios pudiera llegar a su patria. (1ª Lect.). Es lógico que nosotros, sintiendo una “radical necesidad” de un Libertador, repitamos en el salmo: “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”.

En medio de nuestra celebración cristiana del Domingo surge hoy la figura luminosa de Juan, el Bautista, otro personaje importante del Adviento… Viene como mensajero de la “gran liberación”…, que nos trae Jesucristo, el Mesías, el que tenía que venir.

Y, entonces como ahora, no se trata de preparar unos caminos materiales, sino los caminos, tantas veces difíciles, tal vez, incluso, intransitables  de nuestro interior, de nuestro corazón.

De este modo, se podrá alcanzar nuestro objetivo: el encuentro con el Señor, su nacimiento espiritual en nosotros, la renovación de nuestra vida, el don de “la alegría espiritual…”, en medio de una sociedad triste, desencantada, en crisis…

Las fiestas cristianas se celebran, fundamentalmente, en el interior de cada uno. Lo externo lo expresa y lo alimenta… O no sirve,  estropea, le quita brillo a nuestra Fiesta hasta anularla, en tantos y tantos casos…

Nos dice el Evangelio que “acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán”.

¡Cómo reaccionaba aquella gente a la voz del Bautista!

También es verdad que Juan, el Precursor, -el que corre delante- no sólo predicaba sólo con palabras, sino también, con su ejemplo de vida íntegra y austera con el cumplimiento estricto de su misión: “Preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”.

¡Qué importante es siempre el testimonio de vida, la voz del testigo!

Y eso de confesar los pecados es algo, como vemos, muy antiguo.  Para los cristianos es uno de los momentos –no el único- del Sacramento de la Reconciliación.

Este Sacramento es el punto culminante de este tiempo intenso de preparación. A lo largo del Adviento o unos días antes de la Navidad, los buenos cristianos se acercan a este Sacramento para hacer posible y real el Nacimiento de Cristo en nosotros.

“Mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con El, inmaculados e irreprochables” dice hoy S. Pedro hablando de la Segunda Venida de Jesucristo: subrayemos los tres términos: “¡En paz con Él, inmaculados e irreprochables!”

¡¡Impresionante!!.

¡Qué importante es descubrir o redescubrir este sentido, un tanto desconocido de la Navidad!

Y esto no es algo que podemos conseguir sólo con nuestro esfuerzo, con nuestra buena voluntad o con nuestra sensibilidad espiritual, sino que es, sobre todo, don de Dios, que tenemos de pedir en la oración en este Tiempo…

Por eso en la oración colecta de la Misa de este Domingo, rezamos: “…Cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta Él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida” ¡Y eso es la Navidad! 

¡Feliz Domingo! ¡Feliz Día del Señor!! 


Publicado por verdenaranja @ 21:23  | Espiritualidad
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