S?bado, 03 de diciembre de 2011

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en el programa radial Compartiendo el Evangelio (13 de noviembre de 2011 - 33º domingo durante el año). (AICA)

PARÁBOLA DE LOS TALENTOS        

Evangelio según San Mateo 25, 14-30 (ciclo A)

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “el Reino de los cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y uno solo a un tercero; a cada uno según su capacidad y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco; de la misma manera el que recibió dos, ganó otros dos; pero el que recibió uno solo hizo un poso y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.

El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco diciéndole “señor, me has confiado cinco talentos, aquí están los otros cinco que he ganado”. “Está bien servidor bueno y fiel -le dijo su señor- ya que respondiste fielmente en lo poco te encargaré mucho más; entra participar del gozo de tu señor”

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “señor, me has confiado dos talentos, aquí están los otros dos que he ganado.” “Está bien servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco te encargaré mucho más; entra participar del gozo de tu señor”

Llegó luego el que había recibido un solo talento y le dijo: “señor, se que eres un hombre exigente, cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido; por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento, aquí tienes lo tuyo”, pero el señor le respondió: “servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses; ¡quítenle el talento para dárselo al que tiene diez!, porque a quien tiene se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene; ¡echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil, allí habrá llantos y rechinar de dientes!” 

“Por cada don recibido, una respuesta responsable”

Algunas breves consideraciones sobre esta parábola de los talentos, que es extraordinaria por su simpleza, por su contenido, por su mensaje. En primer lugar, saber que todos nosotros somos administradores; en segundo lugar que hemos recibido un don, recibimos unos talentos, según y de acuerdo a nuestra propia capacidad y cada uno debe responder tal como es, con su historia, con su formación, con lo que supo acuñar y trabajar en su vida.

Como somos administradores, y la vida se nos ha dado, tenemos que rendir cuentas y multiplicar lo recibido, en frutos y en obras. Aquí está el esfuerzo, el trabajo, el sacrificio, la responsabilidad. En la vida no se logra nada si no hay responsabilidad, si no hay trabajo  y está faltando, en esta sociedad, la cultura del trabajo; la dignidad de cada persona que tiene que trabajar para poder desarrollar su propia personalidad y para que, por medio del trabajo, pueda obtener dignamente su pan.

¡Es muy importante recuperar la dignidad que da la cultura del trabajo, algo que hace tiempo se está debilitando y perdiendo! Y en ella lo que significa el esfuerzo y el sacrificio, dos realidades muy importantes.

Yo tengo que responder por mí, no puedo responder por el otro; pero cada uno sabe lo que ha recibido y cada uno sabe lo que tiene que responder. De ahí que en lo suyo tiene que dar lo mejor, lo máximo: en su vida, con su familia, con su realidad, con sus hijos, con su trabajo, con su esfuerzo, con los valores.

Todas estas cosas son las que construyen una especie de civilización nueva, de una novedad nueva. De la otra manera uno va hacia el deterioro, a la infidelidad, a la negación de su propio crecimiento y de su propio desarrollo.

Cada uno ha recibido y cada uno tiene que responder responsablemente. Escuchemos bien para responder bien

Que el Señor los bendiga, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Hablan los obispos
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