Martes, 13 de diciembre de 2011

Homilía de monseñor Domingo S. Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, para la Solemnidad de Cristo Rey (20 de noviembre de 2011). (AICA)

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO             

Mateo 25, 31-46 

El Rey del Universo. Concluye el año litúrgico 2011. Es tradicional que conla Solemnidad: “Jesucristo Rey del Universo” –ilustrada por el texto evangélico de Mateo 25– se corone una sucesión de parábolas de gran simbolismo escatológico. La relatada hoy nos relaciona con el destino final de la vida humana. Después del instante conclusivo de la existencia temporal de todas y cada una de las personas ¿qué ocurrirá? Con motivo de la fecha numéricamente sugerente, 11-11-11, el tema apocalíptico-escatológico ha ocupado algún espacio para la curiosidad de los afectos al tema.La Iglesiano se hace eco del mismo. El juicio personal y final no escapa a la predicación apostólica y, sin descender a la macabra imaginería de algunos medios, incluida la cinematografía, no rehúye su auténtico tratamiento evangélico. Para ello no oculta que el Rey y Juez Universal de los últimos tiempos está por concluir su encuentro redentor con la humanidad.

La incredulidad borra toda esperanza. Ya el Apóstol Pablo afirmaba, con su acostumbrado verismo: “La imagen de este mundo pasa”. El reinado de Cristo constituye un señorío que vence el pecado y la muerte, que conduce lo corruptible a la incorrupción. Necesitamos escuchar la predicación apostólica y considerarla como imprescindible referencia para que la fe rija nuestros pensamientos, regule nuestro comportamiento moral y deje despejada, con su gran realismo, la verdad de nuestro futuro. La incredulidad oscurece el porvenir e invalida toda esperanza. Es el mal que aqueja al mundo. Cristo no es un simple jefe religioso y, por lo mismo, no podrá ser encapsulado en una denominación religiosa entre otras. Es, como lo anunciala Solemnidad: “Rey del Universo”. La gracia dela Redenciónestá destinada a todos, sin excepción alguna,  aún a quienes lo niegan, rechazando su amor, y que inexorablemente serán juzgados por Él.

La misericordia, reacción divina contra el pecado. El juicio, celebrado en la parábola, deja de manifiesto que la identificación de Cristo con “el más pequeño de sus hermanos” será la inspiradora de la sentencia final. El más pequeño es todo pobre y necesitado, especialmente por causa del pecado, inconmensurable distancia que separa de Dios Padre y dela Verdad. Elpecado conmueve las entrañas paternales de Dios. La misericordia es la reacción divina contra la insensatez del pecado e inicia una historia asombrosa de recuperación del hijo perdido. Sólo en Dios el pecado, como error y delito, suscita esa misteriosa e inefable acción misericordiosa: “Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva”. De todos modos la contumacia - o la voluntaria decisión de no volver a Dios - atrae la condena sobre el culpable.

Juzgados por el amor. Inspirado por este texto San Juan dela Cruzafirmó que “en el atardecer de la vida seremos juzgados por el amor”. Para ello, será preciso adoptar la virtud de identificar “al más pequeño” con Jesús –Dios digno de ser amado con todo el ser– ya que dio la mayor prueba de amor que pueda darse. Queda definitivamente establecido que el daño causado a los demás –por comisión u omisión– ofende a Dios y pone en acción su juicio inmediato e insobornable. El juicio que Jesús describe manifiesta lo que será de verdad el juicio –no obstante alejado de toda revancha o venganza– como expresión indeformable de la verdad y del bien. Nadie podrá eludirlo, aunque haya sido muy poderoso entre sus conciudadanos; no valen las recomendaciones y el prestigio que hubiere alcanzado. Los “benditos del Padre” son quienes han servido a los más humildes, como a Jesús mismo. 

Mons. Domingo S. Castagna, arzobispo emérito de Corrientes 


Publicado por verdenaranja @ 0:06  | Homil?as
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