Viernes, 30 de diciembre de 2011

Reflexión a las lecturas de la fiesta de Santa María, Madre de Dios, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Santa María Madre de Dios

 Queridos amigos y amigas:

Hoy todo se centra en el Año Nuevo… Sin embargo, además de eso, hoy son muchas las cosas que llaman nuestra atención en la celebración de este domingo… El Nacimiento del Señor es una fiesta muy grande y no cabe en un solo día. Por eso lo hemos venido celebrando todos los días de la semana hasta llegar a este día… Hoy es la Octava de la Navidad.
         Y “a los ocho días, tocaba circuncidar al Niño. Y le pusieron por nombre Jesús” que quiere decir: “Dios salva” o “Salvador”. Así lo había advertido el ángel.
Aunque la Santísima Virgen está presente en toda la Navidad, los cristianos, desde los primeros siglos, han dedicado el día octavo a honrar a la Santísima Virgen María con el título de Madre de Dios. Es la fiesta más importante de la Virgen.
Se instituyó esta fiesta allá por el siglo V al hacer la Dedicación de la Basílica de Santa María la Nueva, en el Foro Romano, un 1 de Enero. Ahora se llama Santa María, la Mayor. Es la primera Iglesia dedicada en Occidente, a la Madre de Dios  después del Concilio de Éfeso, año 431.
Enseguida alguien preguntará: “¿Madre de Dios? ¿Qué significa eso? ¿Cómo puede ser una criatura, por grande que sea, Madre de Dios?
El texto de la segunda lectura puede llamarse “el Evangelio de María”, según S. Pablo. Nos dice así: “Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción”.
No significa, por supuesto, que la Virgen es una “diosa”, que existía antes que Dios…,

Se trata de que el  Hijo de Dios ha nacido de una Mujer. Lo que se forma en su seno y da a luz es el Hijo de Dios hecho hombre…
Este es el sentido que le damos al término “Madre de Dios” en la doctrina y en la vida de la Iglesia.
Este es el título más grande e importante que podemos dar a la Virgen. Y en torno a su Maternidad divina se sitúan y se entienden todos los privilegios y gracias singulares que Dios le otorga y que están expresados en estas verdades de fe acerca de la Madre de Dios: La Concepción Inmaculada, la Virginidad perfecta y perpetua, la Asunción en cuerpo y alma al Cielo.  
Y S. Pablo nos ayuda a situar a la Virgen María en el proyecto y en la realización de la obra de la salvación de Dios Padre sobre toda la humanidad. Por añade: “… Para rescatar a los que estaban bajo la Ley…  para que recibiéramos el ser hijos por adopción…”
De este modo, se nos presenta la Maternidad divina de María como una realidad fundamental en la llegada de la salvación. Ella es como el “puente” por donde llegó a nosotros el Salvador.
A este misterio se han acercado también los poetas que han dicho, por ejemplo: "Sol del más dichoso día; vaso de Dios puro y fiel. ¡Por ti pasó Dios, María! ¡Cuán pura el Señor te haría para hacerte digna de Él!” (Gabriel y Galán).
Y la cooperación singular a la obra de la salvación, hace que sea también Madre de la Iglesia, Madre espiritual de todos y cada uno de los cristianos.
De este modo, Ella ocupa, al mismo tiempo, el lugar más alto y más próximo a nosotros: Más alto, como Madre de Dios; más próximo como Madre nuestra…
Eso ha hecho que en los momentos más importantes o más difíciles de la Historia, los cristianos hayan acudido a ella solicitando su intercesión materna.
Eso hace que los cristianos nos acojamos siempre a su intercesión… Y que tratemos de amarla, imitarla, conocerla más y más…
Así, el Concilio Vaticano II ha dedicado el capítulo VIII de la Constitución sobre la Iglesia a “la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia”.

Hoy comienza un Nuevo Año ¿Cuántos interrogantes? Año de crisis y, por tanto de esfuerzo y de trabajo… Como nunca… Año  también de  ilusiones y esperanzas. Y lo comenzamos poniendo nuestra confianza en la intercesión y la protección materna de la Madre de Dios…. Implorando, sobre todo, el don de la paz…
El primero de Enero, desde hace mucho tiempo, es para la Iglesia La Jornada de la Paz… Y ésta no es sólo ausencia de conflictos o de guerra… Los judíos entienden la paz como el conjunto de las bendiciones divinas. Y así también los cristianos.
Se ha dicho que la paz del corazón es el fundamento de toda otra paz, y es el don más grande que podemos recibir de Dios.
Esta fiesta de la Virgen, colocada en el primer día del año, constituye también una llamada a revisar nuestra relación con la Virgen, a acrecentar nuestra devoción hacia Ella… Y a pedirle, en el Rosario de cada día, que Ella, Madre de Dios, ruegue al Señor por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. 

   ¡Feliz Navidad! ¡Lo mejor para el Año 2012!  Feliz Día del Señor! 


Publicado por verdenaranja @ 23:29  | Espiritualidad
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