Domingo, 01 de enero de 2012

33 obispos católicos de los Estados Unidos de América, hispanos, han pedido "una reforma migratoria justa, humana y eficaz". Lo hicieron en una carta publicada con motivo de la festividad dela Virgende Guadalupe, el 12 de diciembre. La carta, dirigida a los inmigrantes, fue leída por su excelencia monseñor José Gómez, arzobispo de Los Angeles, al final de la Misa por " Las Mañanitas" (serenata) a la Virgen de Guadalupe, que se celebró en la Catedral de Los Angeles. (Fides) 

Una esperanza para los "sin documentos" 

"Muy estimados hermanas y hermanos inmigrantes, ¡Que la paz y la gracia de Nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes! Nosotros los obispos hispanos/latinos de Estados Unidos abajo firmantes les hacemos saber a quienes se encuentran en nuestro país sin papeles que no están solos ni olvidados. Reconocemos que todo ser humano, documentado o no, es imagen de Dios y por lo tanto tiene un valor y dignidad infinitos.

Les abrimos nuestros brazos y nuestro corazón y los recibimos como miembros de nuestra familia católica. Como pastores, les dirigimos estas palabras desde lo más profundo de nuestro corazón. De una manera muy especial queremos agradecerles los valores cristianos que nos demuestran con su vida el sacrificio por el bien de sus familias, la determinación y perseverancia, el gozo de vivir, su profunda fe y su fidelidad a pesar de la inseguridad y tantas dificultades. Ustedes contribuyen mucho al bienestar de nuestra nación en el ámbito económico, cultural y espiritual. 

Ambiente de incertidumbre 

La crisis económica ha impactado a toda la comunidad estadounidense. Lamentablemente, algunos aprovechan este ambiente de incertidumbre para despreciar al migrante y aun culparlo por esta crisis. Sembrar el odio no nos lleva a remediar la crisis. Encontraremos el remedio en la solidaridad entre todos los trabajadores y colaboradores —inmigrantes y ciudadanos— que conviven en los Estados Unidos.

En sus rostros sufrientes vemos el rostro verdadero de Jesucristo. Sabemos muy bien el gran sacrificio que hacen por el bien de sus familias. Muchos de ustedes hacen los trabajos más difíciles, con sueldos miserables y sin seguro de salud o prestaciones salariales o sociales. A pesar de sus contribuciones al bienestar de nuestro país, en lugar de ofrecerles gratitud, se les trata como criminales porque han violado la ley de inmigración actual.

Estamos también muy conscientes del dolor de las familias que han sufrido la deportación de alguno de sus miembros; de la frustración de los jóvenes que han crecido en este país y cuyos sueños son truncados por su estatus migratorio; de la ansiedad de aquellos que están en espera de la aprobación de su petición de residencia permanente; y de la angustia de quienes viven cada día bajo la amenaza de ser deportados. Todas estas situaciones claman a Dios por una solución digna y humana.Ignorados y abandonados.

Reconocemos que en ocasión las acciones tomadas con respecto a los inmigrantes les ha llevado a sentirse ignorados y abandonados, incluyendo cuando no se han escuchado voces que se levanten ante las falsedades que se promueven dentro de nuestra sociedad. Por medio dela Conferenciade Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) hemos abogado ante el Congreso estadounidense por un cambio a la ley de inmigración que respete la unidad de la familia, e incluya pasos ordenados y razonables para que personas sin documentos puedan obtener la ciudadanía. La nueva ley deberá incluir un programa de visas para trabajadores que respete los derechos humanos de los inmigrantes, les provea las necesidades básicas para vivir y facilite su ingreso a nuestro país para trabajar en un ambiente seguro y ordenado. Así mismo, continuamos abogando por la justicia económica global que facilite el empleo de nuestros hermanos y hermanas en su tierra de origen y les provea lo suficiente para vivir con dignidad.

El pueblo inmigrante es una fuerza revitalizadora para el país. La falta de una reforma migratoria justa, humana y eficaz debilita el bien común de toda la unión americana.
Nos duele y nos apena que muchos de nuestros hermanos y hermanas católicos no hayan apoyado nuestras peticiones por un cambio a la ley de inmigración que proteja sus derechos, mientras ustedes contribuyen con su trabajo a nuestro país. Les prometemos que seguiremos trabajando para obtener este cambio. Conocemos lo difícil que es el camino para llegar y para entrar a Estados Unidos. Por eso estamos comprometidos a hacer lo que podamos para lograr un cambio de ley que les permita entrar y vivir en este país legalmente, y no se vean ustedes obligados a emprender un camino peligroso para proveer a sus familias. Como pastores que se preocupan por el bienestar de todos ustedes, les debemos decir que consideren seriamente si es aconsejable emprender su camino hacia acá antes de que se logre un cambio justo y humano en las leyes de inmigración. 

"No son extranjeros" 

Sin embargo, no vamos a esperar hasta que cambie la ley para darles la bienvenida en nuestras iglesias a los que ya están aquí, ya que San Pablo nos dice, “Ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los que forman el pueblo de Dios; son familia de Dios” (Ef. 2:19). 

Como miembros del Cuerpo de Cristo que esla Iglesia, les ofrecemos alimento espiritual. Siéntanse bienvenidos ala Santa Misa,la Eucaristíaque nos alimenta con la palabra y con el cuerpo y la sangre de Jesús. Les ofrecemos programas de catequesis para sus hijos, y los programas de formación que nuestros esfuerzos diocesanos nos permiten poner a su alcance. 

Los ciudadanos y residentes permanentes de este país no podemos olvidar que casi todos, nosotros o nuestros antepasados, hemos venido de otras tierras, y juntos con inmigrantes de varias naciones y culturas hemos formado una nueva nación. Ahora debemos abrirles el corazón y los brazos a los recién llegados, como nos lo pide Jesús cuando nos dice, “Tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber; pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa” (Mt 25:35). Estas palabras del Señor Jesús se pueden aplicar a los inmigrantes entre nosotros. Tuvieron hambre en su tierra de origen, tuvieron sed al pasar por el desierto, y se encuentran entre nosotros como forasteros (ver Daniel G. Groody, CSC, “Crossing the Line,” The Way, Vol. 43, No.2, abril 2004, p.58-69). Su presencia nos invita a ser más valientes en la denuncia de las injusticias que sufren. A imitación de Jesús y de los grandes profetas, debemos denunciar las fuerzas que los oprimen, y anunciar la buena nueva del Reino con nuestras obras de caridad. Oremos y luchemos para que estos hermanos y hermanas nuestras tengan las mismas oportunidades de las cuales nosotros nos hemos beneficiado.

Vemos en ustedes migrantes a Jesús peregrino.La Palabrade Dios migró del cielo a la tierra para hacerse hombre y salvar a la humanidad. Jesús emigró con María y José a Egipto, como refugiado. Migró de Galilea a Jerusalén para el sacrificio dela Cruz, y finalmente emigró de la muerte a la resurrección y ascendió al cielo. Hoy día, sigue caminando y acompañando a todos los migrantes que peregrinan por el mundo en búsqueda de alimento, trabajo, dignidad, seguridad y oportunidades para el bien de sus familias. 

Todos somos inmigrantes 

Ustedes nos revelan la realidad suprema de la vida: todos somos migrantes. Su migración es un fuerte y claro mensaje de que todos somos migrantes hacia la vida eterna. Jesús nos acompaña a todos los cristianos en nuestro peregrinar hacia la casa del Padre, el reino de Dios en el cielo (Ver Tertio Millennio Adveniente No. 50).

Les rogamos que no se desesperen. Mantengan su fe en Jesús migrante que sigue caminando con ustedes, y enla Santísima Virgende Guadalupe que constantemente nos repite las palabras dichas a san Juan Diego, “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” Ella nunca nos abandona, ni nos abandona san José quien nos protege como lo hizo conla Sagrada Familiadurante su emigración a Egipto. 

Como pastores queremos seguir abogando por todos los inmigrantes. Con san Pablo les repetimos: “No se dejen vencer por el mal; antes bien, venzan el mal con la fuerza del bien” (Rom. 12:21). 

Que Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo los acompañe y los bendiga siempre.

Sinceramente en Cristo Salvador 

Los firmantes 

Los Obispos Hispanos/Latinos de Estados Unidos:
José H. Gómez, Arzobispo de Los Angeles
Gustavo García-Siller, Arzobispo de San Antonio
Gerald R. Barnes, Obispo de San Bernardino
Alvaro Corrada del Rio, Asministrador Apostólico y Obispo de Mayaguez, Puerto Rico
Felipe de Jesús Estevez, Obispo de San Agustín
Richard J. García, Obispo de onterey
Armando X. Ochoa, Administrador Apostólico de El Paso y Obispo designado de Fresno
Plácido Rodríguez, Obispo de Lubbock
James A. Tamayo, Obispo de Laredo
Raymundo J. Peña, Obispo Emérito de Brownsville
Arthur Tafoya, Obispo Emérito de Pueblo
Daniel E. Flores, Obispo de Brownsville
Fernando Isern, Obispo de Pueblo
Ricardo Ramírez, Obispo de Las Cruces
Jaime Soto, Obispo de Sacramento
Joe S. Vásquez, Obispo de Austin
Carlos A. Sevilla, Obispo Emérito de Yakima
Oscar Cantú, Obispo Auxiliar de San Antonio
Arturo Cepeda, Obispo Auxiliar de Detroit
Manuel A. Cruz, Obispo Auxiliar de Newark
Rutilio del Riego, Obispo Auxiliar de San Bernardino
Eusebio Elizondo, Obispo Auxiliar de Seattle
Francisco González, Obispo Auxiliar de Washington, DC
Eduardo A. Nevares, Obispo Auxiliar de Phoenix
Alexander Salazar, Obispo Auxiliar de Los Angeles
David Arias, Obispo Auxiliar Emérito de Newark
Octavio Cisneros, Obispo Auxiliar de Brooklyn
Edgar M. da Cunha, Obispo Auxiliar de Newark
Cirilo B. Flores, Obispo Auxiliar de Orange
Josu Iriondo, Obispo Auxiliar de New York
Alberto Rojas, Obispo Auxiliar de Chicago
Luis Rafael Zarama, Obispo Auxiliar de Atlanta
Gabino Zavala, Obispo Auxiliar de Los Angeles 

Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Diciembre 12, 2011 


Publicado por verdenaranja @ 20:42  | Hablan los obispos
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