Viernes, 06 de enero de 2012

Reflexión a las lecturas de la Epifanía del Señor, ofrecida por el sacerdote don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA 

Queridos amigos y amigas:

¡Los regalos son hoy los protagonistas de la Jornada…!
 Los regalos son buenos en sí mismos; pero una preocupación excesiva o un poco descontrolada  por ellos, puede ensombrecer e incluso, anular la celebración de esta solemnidad  tan preciosa de la Epifanía del Señor…
Epifanía significa  “manifestación en lo alto”: Dios que manifiesta el Nacimiento de su Hijo a aquellos Magos de Oriente… y en ellos a todos los pueblos de la Tierra.
Pero en realidad, la solemnidad de la Epifanía encierra tres acontecimientos o manifestaciones de Jesucristo:

*** La manifestación a todos los pueblos no pertenecientes a Israel, representados en aquellos Magos de Oriente.
*** La manifestación a Israel con ocasión del Bautismo del Señor.
*** La manifestación especialmente,  a sus discípulos, en las Bodas de Caná.

Por eso, la antífona del Magnificat de las Vísperas de esta Solemnidad, dice: “Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: “Hoy la estrella condujo a los Magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”.
En la práctica, la Manifestación a los Magos de Oriente centra nuestra atención este día. El Domingo, el Bautismo del Señor; y el Evangelio Bodas de Caná lo encontramos solamente en el segundo domingo del Tiempo Ordinario, en el Ciclo C ó III.
Las lecturas de este día centran nuestra atención, como decía antes, en la Manifestación a los Magos de Oriente. Esta Solemnidad nos dice que Jesucristo ha venido para todos; el regalo, que es el protagonista del día, nos puede ayudar a comprender el sentido de esta fiesta. 
En la Natividad del Señor y en su Octava, celebramos que Dios Padre nos ha  hecho un gran regalo, el mejor regalo… Nos ha querido tanto, nos ha dado a su Hijo. Por eso, la Iglesia entera salta de gozo, la noche de Navidad, proclamando: "Un Niño nos ha nacido un hijo se nos ha dado…". Y también: “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.
La Epifanía  viene a subrayar con fuerza que ese “regalo”  es para todos. Es lo que decía el Apóstol S. Pablo en la 2ª Lectura: “Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el evangelio".
Los judíos tenían “La Ley y los Profetas”. Por eso, cuando pregunta Herodes, lleno de temor, dónde tenía que nacer el Mesías, enseguida, le dicen: "En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el Profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos, la última de las ciudades de Judea; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.

¿Y a los otros pueblos, no pertenecientes a Israel?

¡Aquí, la fiesta de la Epifanía!: Se lo manifiesta adaptándose a la mentalidad de algunos pueblos antiguos, que pensaban que el nacimiento de los personajes importantes, venía acompañado con la aparición de un signo en el cielo…
Por tanto, en  esta fiesta constatamos como Dios ha venido para todos, pero que no todos, ni mucho menos, le conocen y disfrutan de sus dones; que a todos no ha llegado el Regalo, los tesoros salvación de que nos habla S. Pablo. Y eso,  según el Mensaje de este día, no es justo: No podemos acaparar el Don de Dios para nosotros solos.
Sigamos utilizando el ejemplo de los regalos: Imaginémonos que un padre de familia decide dar varios regalos de Reyes a sus hijos, que son seis. Y, entre todos los regalos, señala uno, el más importante, y les dice: Este regalo es para todos…Tienen que compartirlo entre todos. Sin embargo, uno de los hijos, el mayor y más fuerte, se lo coge para él solo.
¿Qué diría el padre? “Eso no es así. No puede ser así… Ya les advertí que ese regalo es para todos”.
Algo así es lo que ha pasado con Jesucristo, el gran Don del Padre para todos los pueblos, para todos los tiempos, para cada ser humano: Muchos, muchos cristianos conocemos a Jesucristo, nos gozamos de sus beneficios, de sus dones inmensos… Y nos olvidamos de compartirlo con  los demás, de aquí y de allá…
Esta solemnidad preciosa, el Padre del Cielo nos recuerda, nos grita: “Eso no es así… No puede ser así: El “gran Regalo”, el Niño que ha nacido ha venido para todos…”
A eso suelo llamarlo “el egoísmo religioso”. Y lleva también una mezcla de injusticia.
Hoy es el día misionero por excelencia de la Navidad. Para recordar:

*** A todos los que no conocen a Jesucristo.
***A los que, habiéndole conocido, se han apartado o alejado de Él… Pensamos aquí, especialmente, en los viejos países de tradición cristiana.
*** A todos nosotros que sólo le conocemos un poco; y tenemos que avanzar en su conocimiento…

Recordamos y celebramos este día que pertenecemos a una Iglesia que es misionera, por su misma naturaleza, y a la que Concilio Vaticano II ha llamado “Luz de las Gentes”.
Ya sabemos que nuestro interés por compartir este Don, está siempre en estrecha relación con la preocupación que tengamos por valorarlo y aprovecharlo nosotros mismos…
Si nosotros no lo valoramos y aprovechamos, ¿quién se va a creer que vamos a interesarnos por compartirlo con los demás, hasta los confines de la Tierra…?
Este día es apropiado para dar gracias a Dios porque “la estrella” ha brillado también para cada uno de nosotros… Y para pedirle que también nosotros, con nuestra palabra y nuestro testimonio de vida, seamos “estrella” que conduce a todos a la salvación, hasta que lleguemos a contemplar cara a cara, la hermosura  infinita de su gloria.                           

¡Feliz Día de Epifanía!

¡Compartimos unos con otros la alegría por los regalos, especialmente, el más importante: el Niño que ha venido para todos!


Publicado por verdenaranja @ 18:38  | Espiritualidad
 | Enviar