S?bado, 07 de enero de 2012

 Reflexión a las lecturas de la fiesta del Bautismo del Señor - B, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Fiesta  del Bautismo del Señor 

Queridos amigos y amigas:

¡El Bautismo evoca el agua! El agua es un elemento muy importante, esencial para la vida. Cuando falla el agua en casa, ¡vaya problema! Estamos tan acostumbra-dos a tenerla a mano… No tenemos tiempo ahora de tratar ampliamente el tema del agua, de su presencia y su función a lo largo de toda la Historia Santa… Nos limitaremos a la consideración del agua como elemento imprescindible para la limpieza y para la vida.  Y de agua tratan las tres lecturas y el salmo responsorial de la Liturgia de esta Fiesta.

En el Evangelio, Juan el Bautista se nos presenta como el que ha  “bautizado con agua”. Y anuncia y señala al que “bautizará con Espíritu Santo”.
“Por entonces, nos dice el Evangelio de hoy, llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán…”
Y cuando esto sucede, el agua de aquel río sagrado y de todo el Universo queda purificada y santificada… Apta para el Bautismo con Espíritu Santo…
“Apenas salió del agua, -continúa diciendo el Evangelio- vio rasgarse el Cielo y al Espíritu Santo bajar hacia El como una paloma. Se oyó una voz del Cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido”.
¡Que riqueza de contenido presenta este fragmento del Evangelio!

Veamos:

Se abre el Cielo ante Jesús que viene para abrir a todos las puertas del Cielo, para traer a la tierra el Reino de los Cielos… Y el Espíritu Santo no viene sobre Él como sobre los profetas que recibían una iluminación y una misión de lo Alto, sino que viene a Él y se queda con Él: lo unge abundantemente y lo consagra para que realice su misión salvadora, su función mesiánica, como habían anunciado los profetas… Y le acompaña siempre como contemplamos el los evangelios. Jesús será siempre “el que tiene el Espíritu Santo” y por su Muerte y Resurrección se convertirá en “el Dador del Espíritu”, “fuente de agua que salta hasta la vida eterna”. (Jn 7, 37-39).

La obra de la Redención es propia de las tres divinas Personas: Jesucristo anuncia y realiza la misión salvadora por voluntad del Padre y con la cooperación del Espíritu Santo. Por eso, desde el Cielo, se oye la voz del Padre que certifica que el Mesías, el Cristo, el Ungido, es el Hijo querido de Dios… ¡Asombrosa grandeza!

Y con esta Fiesta preciosa, concluye el Tiempo de Navidad. Por tanto, en estas fiestas entrañables, no celebramos sólo el Nacimiento de Jesucristo, sino también sus primeras manifestaciones, su vida en Nazaret…, hasta que va a comenzar su Vida Pública… Por eso, salimos hoy de la Navidad y comenzamos el Tiempo Ordinario, centrando nuestros ojos en Jesucristo que comienza su actividad mesiánica… Y vamos contemplando poco a poco sus primeras palabras, sus primeros discípulos, sus primeros milagros… hasta el 22 de Febrero, en que empieza la Cuaresma… Hermosa e importante tarea la que comienza este Domingo: la Revelación progresiva de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Mesías de nuestra esperanza… como contemplaremos, especialmente, más adelante: en el Tiempo de Pascua. De este modo, Jesucristo nos revela y nos ofrece el nuevo Bautismo que Él ha venido a traernos…

Los santos Padres resumían todo el Misterio de Navidad diciendo que “el Hijo de Dios se hizo hombre para hacer al hombre hijo de Dios”. Y esto se realiza en el sacramento del agua y del Espíritu Santo: El Bautismo cristiano. Y este sacramento va precedido por la búsqueda de Dios, por la sed del Dios vivo, y la conversión de que nos habla la primera lectura de hoy. Hace falta abrir los ojos y el corazón para acoger el triple testimonio: del agua, de la sangre y del Espíritu Santo… del que nos habla la segunda lectura. Sin embargo, estamos acostumbrados al bautismo de los niños donde no se realiza esta acogida personal… No es entonces posible. Los niños son bautizados con la condición expresa de que sus padres y padrinos se comprometen seriamente a educarlos como cristianos para que, poco a poco, vayan acogiendo y desarrollando la “Vida Nueva”, la vida según el Espíritu, que han recibido cuando aún no lo podían comprender. Con frecuencia esto no se logra… Y entonces, el sacramento de la fe se convierte en un  camino hacia la increencia muy difícil o imposible de transitar. Y eso, urge revisar nuestra práctica bautismal como ya se hace, aunque tantas veces, de una manera muy tímida… No es lícito bautizar a un niño cuando no se tienen suficientes garantías de que va a ser educado como cristiano, nos recuerda la disciplina de la Iglesia.         (C. 868, 2º).

De este modo, “el Bautismo de los párvulos” que la Iglesia adoptó desde tiempos muy remotos y que continúa manteniendo con vigor, seguirá haciendo posible que la liberación del pecado original y la vida de Dios, llegue cuanto antes a los recién nacidos. Hoy es un día muy apropiado para reflexionar sobre todas estas cosas y para renovar nuestro Bautismo de modo que se siga haciendo realidad en nosotros y en toda la Iglesia lo que proclamamos en el salmo: “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación”.

¡Enhorabuena a los que hoy renuevan su Bautismo!  

¡¡Feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Espiritualidad
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