S?bado, 14 de enero de 2012

Servicio Teológico-Pastoral del lema "Con los Niños de América... hablamos de Jesús" de la Jornada de la Infancia Misionera 2012, publicado en la revista ILUMINARE - nº 384 ENERO 2012, recibida en la parroquia con los materiales para su celebración el 22 de Enero.

CON LOS NIÑOS DE AMÉRICA...
HABLAMOS DE JESÚS

Por Juan Martínez Sáez, fmvd
Colaborador de OMP

América es un continente que habla de Jesús. Desde el inicio de su evangelización, hace más de quinientos años, la fe en Cristo se ha extendido por todas sus tierras, llegando el anuncio del Evangelio prácticamente hasta los últimos rincones, y desde allí se ha propagado a otros lugares. Este hecho nos habla de lo importante que es el impulso misionero en este continente, en el que ha jugado un papel esencial María, principalmente bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe.

En cuanto a la evangelización, además, muchos misioneros y misioneras españoles han dejado y dejan su vida en América para seguir colaborando en la extensión y consolidación del Evangelio. Los lazos de hermandad entre los pueblos de España y de América son muy estrechos y esto hace que desde los inicios de la evangelización del continente hasta nuestros días el envío de misioneros desde España a América haya sido muy intenso. Hoy en día el proceso se da también en el sentido de la llegada de religiosas y sacerdotes americanos a nuestro país, los cuales, con la vitalidad de su fe, ayudan a nuestra Iglesia a renovarse.

Aunque el dinamismo de estas Iglesias en América se manifiesta en el envío de misioneros y misioneras por todo el mundo, menos conocida y más extendida es la labor que muchos niños dela Infancia Misionerarealizan para formarse en la fe y crecer en el espíritu misionero.La Infancia Misioneraen América tiene una gran aceptación y vitalidad, y la labor que realiza con los niños es verdaderamente admirable.

1. Difundir la luz del Evangelio

La historia de la evangelización en América visibiliza claramente una realidad fundamental de la fe cristiana: la luz del Evangelio se enciende en nosotros para que conozcamos a Dios y también para que le demos a conocer: “Nadie que ha encendido una lámpara la tapa con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entren vean la luz” (Lc 8,16). Las palabras de Jesús son muy claras; nos hablan de encender una lámpara, un hecho que no depende de la lámpara, sino del deseo del dueño de la casa de que haya luz. Aplicado a la vida de fe, manifiesta de forma evidente que la fe es un don que recibimos de forma inmerecida, no depende de nuestros méritos. Tampoco importa mucho la forma, el diseño o el tamaño de la lámpara; lo que cuenta es que dé luz.

El hecho de recibir la fe nos hace testigos y colaboradores de la obra de la evangelización dela Iglesia. Noes algo que en su origen dependa de nuestra voluntad; recibimos la fe, y ella misma es una luz que desde nuestra vida se irradia a los demás. Por eso, también los niños, con sus potencialidades y a su manera, tienen la capacidad y la responsabilidad de difundir el Evangelio. Es más, con su inocencia y su sencillez, son testigos privilegiados del Reino y quienes más manifiestan la gratuidad de la gracia de Dios.

2. Comunicar es una necesidad

Comunicar nuestras emociones, sentimientos, experiencias, etc., es una necesidad que responde a una doble motivación. Por un lado, la experiencia humana demuestra que, cuando algo nos llena de alegría, surge el deseo de compartirlo con los demás. Jesús mismo lo dice en el Evangelio: “De lo que rebosa el corazón habla la boca” (Lc 6,45). En los niños se muestra de manera evidente esta realidad; su ingenuidad y falta de prejuicios les hace espontáneos a la hora de comunicar su vida interior.

Por otro lado, de la misma manera la historia dela Iglesiamuestra cómo la fe tiende a difundirse desde la experiencia cristiana de las personas que han conocido a Jesús; es imposible guardarse para uno mismo la fe, si es auténtica: “Creí, por eso hablé” (2 Cor 4,13). Si el Evangelio ha sido capaz de alcanzar hasta los más remotos confines dela Tierra, no ha sido como resultado de una planificación o de una campaña de publicidad, sino gracias a su fuerza expansiva en los corazones de las personas.

Los niños representan una gran potencial para la obra de evangelización dela Iglesia. Ellos, desde su experiencia de oración, catequesis, etc., avivan la fe de su familia, de sus colegios, de las parroquias... La libertad de los pequeños al vivir y comunicar su fe nos debe interpelar a todos los cristianos para hacernos sentir la necesidad de recuperar la sencillez de los niños; de esta manerala Iglesiase hará más capaz de afrontar los retos de la evangelización en este inicio del milenio. 

3. Anunciar a Cristo Salvador

En cualquier caso, la raíz más profunda del anuncio cristiano es la experiencia de salvación, del encuentro con Cristo que nos salva y nos redime. De esa experiencia nace la fe y la necesidad de comunicarla a los demás, para que ellos a su vez tengan el encuentro con Jesús. El Evangelio nos relata cómo Jesús curó a un ciego que al borde del camino pedía limosna y cómo, a pesar de la incomprensión de los discípulos, Jesús le concede lo que pide por su fe. El relato añade: “Recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios” (Lc 18,43). Y es que el empeño por el anuncio y la difusión de la fe es prueba de autenticidad de la misma. El encuentro con Cristo, el Salvador del mundo, transforma de tal manera la existencia que es imposible ocultar sus obras, callándolas. Jesús ha sido enviado para traer la salvación a todos los hombres, para anunciar el Evangelio a todos, para que vivamos como hijos de Dios. Por eso, la gracia que recibe cada uno es un don que beneficia a todos los demás; aquí reside la lógica del anuncio cristiano, la profunda solidaridad que existe entre todos los seres humanos, llamados a vivir en la gran familia de los hijos de Dios. 

4. Hablar de Cristo a los demás

Para ser testigos de Cristo, es necesario el testimonio, también con la palabra, de los cristianos, para que todos le conozcan, experimenten la salvación y lleguen a la fe. El testimonio de la vida es esencial para la credibilidad del anuncio, pero sin anuncio no se puede llegar a una fe explícita.La Iglesiatiene el deber de hablar de Cristo a los demás, porque “la fe viene del mensaje que se escucha y la escucha viene a través de la palabra de Cristo” (Rom 10,17).

El beato Juan Pablo II dirigió al continente americano una insistente llamada a la nueva evangelización, que repite el papa Benedicto XVI también. Y una parte fundamental de la nueva evangelización es que los cristianos recuperen el fervor, la confianza y la libertad de palabra (la parresía) que se manifiestan en la predicación de los apóstoles (cf. Hch 4,31; 9,27-28). 

5. El bautismo nos hace testigos y anunciadores

El anuncio y el testimonio de Cristo es un don que se recibe por la fe en el momento del bautismo; este hecho manifiesta claramente que no depende de nuestra decisión o de nuestra voluntad, porque no es una cuestión humana. En la celebración del sacramento del bautismo, dos ritos visibilizan esta realidad: la fe quela Iglesiatransmite a sus nuevos hijos y el proceso de maduración y crecimiento, como un proceso unitario que nos constituye en testigos de Cristo cada vez más comprometidos en la misión evangelizadora dela Iglesia.

“Recibid la luz de Cristo”. Del cirio pascual se enciende la vela que se entrega a los padres y padrinos. Ellos son los responsables de cuidar de la fe del niño para que crezca y se robustezca. Se visibilizan así las palabras de Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). En el bautismo se inicia un proceso que abarca toda la vida, que tiene que pasar por las vicisitudes del crecimiento y de la maduración. Esta     realidad se visibiliza en el rito siguiente: “Effetá (‘¡ábrete!’)” (Mc 7,34). La curación del muchacho sordomudo se aplica al crecimiento de la fe y de la vida espiritual: paulatinamente el niño aprenderá a escuchar por sí mismola Palabrade Dios, a formarse como cristiano en la catequesis y en la predicación y, a la vez, a profesar la fe, a orar con Dios y a testimoniar el Evangelio y proclamarlo. Así se cumple en cada cristiano lo que el Evangelio dice del mismo Jesús: “Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52). 

6. Oración de Ecclesia in America

La exhortación apostólica Ecclesia in America termina con una oración en la que se agradece a Dios la historia de la evangelización en el continente y se pide por el futuro de la fe en aquellos lugares (n.76). Nos unimos a estas peticiones, teniendo muy presentes a los niños de América, para que el Señor les ayude en su camino de fe y sean discípulos y misioneros de Jesús en todo el mundo. 

Señor Jesucristo, te agradecemos
que el Evangelio del Amor del Padre,
con el que Tú viniste a salvar al mundo,
haya sido proclamado ampliamente en América
como don del Espíritu Santo
que hace florecer nuestra alegría.

Te damos gracias por la ofrenda de tu vida,
que nos entregaste amándonos hasta el extremo,
y nos hace hijos de Dios
y hermanos entre nosotros.

Aumenta, Señor, nuestra fe y amor a ti,
que estás presente
en tantos sagrarios del continente.

Concédenos ser fieles testigos de tu Resurrección
ante las nuevas generaciones de América,
para que conociéndote te sigan
y encuentren en ti su paz y su alegría.

Solo así podrán sentirse hermanos
de todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.

[…] Enséñanos a amar a tu Madre, María,
como la amaste Tú.
Danos fuerza para anunciar con valentía tu Palabra
en la tarea de la nueva evangelización,
para corroborar la esperanza en el mundo.

¡Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América, ruega por nosotros! 


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Misiones
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